lunes, 17 de abril de 2006

Indiferencia

La tarde del martes era como otra cualquiera. Otra cualquiera de aquellas en las que salgo temprano del trabajo, por supuesto, y tomo un carro público para ir donde mi abuela con los dedos cruzados esperando que haya algo de comida para mí.

El proceso es casi automático, puesto que siempre termino embobado asomado por la ventana del vehículo viendo las caras y las fachadas de construcciones que pasan como películas veloces frente a mi. Reconozco la esquina en que debo quedarme, le pido la parada al chofer, y de un salto me bajo del tiesto que se hace llamar automóvil para cruzar la calle, y caminar la casi cuadra que separa mi parada de la puerta de mi abuela.

Por lo general nunca miro hacia el frente, pues siento una especial fascinación con el concreto disparejo del suelo y los pies de las personas que pasan junto a mi. Como no se molestan en saludar, no me molesto en verlos. Sin embargo, hay una pesadez de tensión en el ambiente que sin saber por qué, me hace levantar la cabeza.

Y entonces lo veo. Como alma que ve al diablo que para colmo lo persigue, el tipo con una especie de bolsa en la mano cruza por mi lado a toda velocidad, viendo de reojo hacia la dirección desde la que viene, y a mi que me echo a un lado para dejarlo pasar. Fracciones de segundo después, una mujer sale de una floristería vecina con las manos en la cabeza y gritando: "¡Un ladrón! ¡Un ladrón!" De inmediato los hombres que hacían sus jugadas en las bancas de al lado son impulsados como por resortes de sus asientos, patean sus botellas de cerveza en la prisa y se dan a la tarea de perseguir al individuo que instantes antes, acababa de pasar por mi lado.

La adrenalina se me sube a la cabeza. Pienso en imágenes heroicas en las que persigo al individuo, lo alcanzo y de un golpe lo derribo contra un automóvil. Después, lo inmovilizaba en el suelo y con un palo o algún objeto que milagrosamente encontraba en mi lado reducía a la persona esta a la obediencia, aforismo político y diplomático usado por la policía para decir que se vuelve mierda a alguien a puros golpes. Aprieto los puños. Respiro hondo. Los músculos del cuerpo se me contraen. Voy a despegar.

Sin embargo a lo único que atino es a encogerme de hombros y seguir mi camino. ¿Puede un solo hombre hacer la diferencia? ¿No van ya demasiadas personas corriendo tras el ladrón? Una de ellas de seguro correrá más rápido que él, o que yo mismo. Yo no soy Harry el Sucio ni esto es Sin City. A menos de diez pasos me esperan cosas mejores que hacer. Esta no es mi pelea.

6 comentarios:

Hipolito dijo...

creta men, si te metia en ese lio lo unico que ibas a sacar era una puñalá bien dá.

Anónimo dijo...

Feliz Cumpleanios men que siga creciendo y que ojala sigamos haciendo buena musica siempre!!
El mejor companiero musical y mejor escritor que he conocido.


le desea su pana Carlos y familia :)

Ella dijo...

Todos somos heroes imaginarios de nuestros propios miedos, yo tambien hubiese seguido de largo, la vida es solo una...

Anónimo dijo...

pipo

Ambar dijo...

Yo ando en una contienda interminable de causas perdidas, me gustaria salvar el mundo una causa a la vez, me gustaria encontrar optimistas que piensen lo mismo que juntos hagamos el bien sin fines de lucro que tan dificil de encontrar es (esta en extincion). Desde pequeña he sufrido de meterme en muchos lios y aguantar muchas trompadas por defender al otro, es algo que esta muy arraigado en mi personalidad. Yo soy de las que Lucho.

Fall dijo...

jajajjaja..mira tenia k hacer mi risa publica! jejeje. eto no e sin city... jejejejeje