sábado, 31 de diciembre de 2011

Fin de año

Crédito de imagen: Fuente Externa.

No hace mucho oscureció. Lo sé porque estaba parado en la ventana viendo cómo sucedía. Conforme el cielo se iba haciendo más negro, se iban lo que supongo eran los últimos destellos de luz de este año. Mañana, para cuando amanezca, será 2012 ya y la cuenta regresiva comenzará de nuevo. El sol que salga puede a lo mejor ser el mismo que vimos salir hoy, pero el espíritu con que el mundo entero lo recibe será en su mayoría uno renovado. Para algunos llenos de planes y esperanza, para otros la misma porquería, pero para nadie le será indiferente. No necesariamente hay que esperar el relevo de año para hacer nuevas cosas y tratar de ser mejores personas, pero a algunos les cae el dicho de que se barre mejor con escoba nueva. Lo curioso es que lo nuevo es solamente el año, nosotros y las herramientas con que contamos a nuestra disposición para hacernos o destruirnos siguen siendo exactamente las mismas. Aunque, también es cierto que no es lo mismo tratar de hacer algo a las 11 de la noche que a las 8 de la mañana. No porque lo diga algún dicho sino porque por lo sé por experiencia. No tampoco que una hora sea mejor que la otra, pero las energías son sencillamente diferentes. Si algo me deja este 2011 que ahora está oscuro, es que a fin de cuentas, no importa tanto la hora de una acción sino el que por fin se realice. Siempre habrán mil vainas en el medio entorpeciéndoles la vida a uno, pero nunca hay que dejar de avanzar, aunque a veces haya que caerle a patadas para sacarlas del medio.

Pero basta de filosofía. En pocas horas comienzan unos nuevos 365 días para filosofar más aún (o mejor dicho 366, este año es bisiesto). Ya llegará su momento. Ahora es tiempo de compartir con parte de la gente que estuvo con uno para hacer este año increíble. Al resto, aunque no los vea físicamente ahora, también están conmigo. Felices fiestas. Nos seguimos leyendo.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Pranam en Facebook

Mucho nos había tomado y hay que reconocer que hubo hasta dejadez de nuestra parte con eso, pero desde este último par de días, Pranam tiene perfil en Facebook. Es obvio que con el transcurso del tiempo, el sitio irá creciendo y cosas nuevas se irán agregando, de no decir página web propia también, pero por el momento éste es el site oficial para irse empapando del peculiar mundo rockanrollero de Pranam. Hay fotos, informaciones, contactos, par de videos y una muestra de dos canciones de la vez que se tocó en el "Woodstock Palafitos", en noviembre de este año.


De la misma forma, se estará informando de próximos eventos y tocadas y, como es Facebook a final de cuentas, el muro está abierto para cualquiera que quiera pasar y dejar un comentario, opinión o insulto si lo desea. Para irse enterando, las próximas presentaciones de enero serán el viernes 13 en el "Tercer Bazar de Arte Santiago 2012" a las 6:30 de la tarde, en la calle Jacuba esquina Restauración, a una cuadra del Barcelona Bar y Tapas y La 37 por Las Tablas, mismo Centro Histórico de la ciudad; y el jueves 19 en el Concierto - Exposición "Imágenes del Sonido", interesante evento donde músicos estarán tocando sus piezas al mismo tiempo que se exhiben pinturas inspiradas en cada una de las melodías. Sitio: Bar Moisés Zouain del Gran Teatro del Cibao. Innovador, para decir lo menos.

Así que no olviden de pasar por la página. Un click al cuadro de "Like" es sumamente agradecido. Larga vida al rock and roll. Les paso el link aquí debajo:

http://www.facebook.com/pranamusic

jueves, 29 de diciembre de 2011

Las parcelas del Paraíso

Crédito de imagen: Fuente Externa.

Esta mañana leía en internet sobre un hecho que ocurrió en la Basílica de la Natividad, en Belén. Este templo, como bien sabrán los entendidos, fue construido por el emperador Constantino en el mismo lugar en que según la tradición, nació Jesús (música coral, por favor). Dicen que está "celosamente guardado" por autoridades de la Iglesia Ortodoxa Griega, la Iglesia Apostólica Armenia, y la Católica, y que como muestra de "entendimiento", cada una tiene un área asignada específica dentro del templo y nadie puede pasar de ésta, bajo pena de problemas (de ahí lo del "entendimiento"...Música de Wagner ahora, si son tan amables). Ayer 28 de diciembre, clérigos de estas diferentes iglesias comenzaron a acusarse mutuamente de haber traspasado los límites correspondientes, y como a nadie le gusta reconocer cuando está equivocado, especialmente si son religiosos, se fueron literalmente a los escobazos. Digamos que fue un pleito "de fronteras". Pueden leer la fuente de la información en este enlace:

http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2011/12/creyentes-de-diferentes-credos-se.html

La ventaja de escribir es que entre un párrafo y otro puede pasar determinada cantidad de tiempo por parte del autor para escribirlo y nada de eso afecta el ritmo o la fluidez de parte de quien lo lee después. Por eso, puedo darme el lujo de matarme de la risa al ver de nuevo la nota del enlace que puse más para arriba y volver tranquilamente al rato a la redacción de este post. En éstas es que ya está el mundo ahora. Con el perdón de todos: nos jodimos.

Pero no traigo a colación el episodio de los escobazos para burlarme, ni muchos menos para hacerme el gracioso y buscar que los que me leen se rían. Lo menciono porque trajo a mi mente una calurosa mañana de marzo en los tiempos que todavía estaba en el bachillerato, tal vez en Segundo, dos horas antes de la salida, aburrido y hambriento a morir. La clase era de Lengua Española, y por razones que ahora mismo no alcanzo a recordar, la temática empezó a girar alrededor de temas religiosos. Afortunadamente para la profesora, letradísima señora a quien respeto mucho, tales cambios de dirección no le molestaban en lo absoluto, pues ella era (o es, vive aún) de estas personas capaces de seguirle el ritmo a conversaciones bifurcadas y después de encontrar la manera de volver a la idea principal sin bache alguno de lógica (eso, mis amigos, es un arte).

El caso es que hablaban del Paraíso, sobre cómo la idea del mismo cambia de persona a persona y dependiendo de cultura o religión. Unos se lo imaginaban como estos jardines frondosos, llenos de animales y niños sonrientes cargando cestos de frutas, iguales a los que salen pintados en las revistas de Atalaya, mientras que otros decían que era más un estado mental de paz y satisfacción. Luego, para hacer más gráficas las cosas, se imaginaban si había o no portones para entrar, timbres, seguridad, si San Pedro tendría ayudantes, y si el famoso libro con los nombres era enserio un libro impreso o ya estaba computarizado. Y por supuesto nunca faltaban los ultraconservadores que decían que 1-) no podía estar computarizado porque Bill Gates era el Anticristo (no hay sentido en usar en el Cielo un invento suyo) y 2-) para accesar había que ser cristiano y rezar el rosario todos los días, sin decir de ir a misa más leer la Biblia. De no hacerlo, pues no había chance: infierno con él. Como siempre hay un alborotador que lo cuestiona todo, se me ocurrió preguntar qué pasaría con grandes personas de religión distinta, como por ejemplo, Gandhi. No seguía el dogma precisamente cristiano, pero era merecedor de al final de sus días estar en un lugar como el Paraíso, de éste existir. Después de tanto afanar en la vida, no decir recibir tres tiros de un loco extremista, no estaría mal pasar la eternidad en un sitio chévere.  "Lo siento, si no aceptó a Cristo, no va para el cielo", dijo la persona.

Par de intercambios de respuestas en contra para ambas direcciones, tanto mía como de la otra persona, vencidos al final nos volteamos al unísono para mirar a la profesora, con el deseo que dijera un comentario que salomónicamente le diera la razón a uno de los dos, a ver si así terminaba la discusión. En su mejor estilo Clint Eastwood versión Viejo Oeste, la maestra se tomó su tiempo. Respiró hondo. Tamborileó el escritorio con los dedos de una mano. Miró a su alrededor sin mover la cabeza. Le faltó sólo el pedazo de rama colgándole de los dientes, y la bola de paja que el viento hace rodar a través de las filas de asientos del curso.

"Les diré qué creo yo", terminó por decir. "Yo no creo que el Paraíso, si de verdad existe, y eso yo no lo sé, esté dividido en parcelas o solares. Que llegue alguien y lo reciba San Pedro y le diga tras revisar una lista, '¿Evangélico, no? Al fondo a la izquierda, la verja dorada'. Y al segundo, '¿Adventista? Cincuenta metros a la derecha, y no te vueles para donde los Católicos, so pena de castigo'. A mí me gustaría pensar que si muero y llego a ese sitio, me harán solamente dos preguntas: '¿Creíste y amaste con todo lo que pudiste a lo que sea en lo que creíste? ¿Amaste y respetaste a tu prójimo? ¿Sí?...Entra pues, eres bienvenido'".

Tras pocos silenciosos segundos en lo que la respuesta llegó hasta el último rincón del curso, seguramente el pleito siguió en otra dirección después, pero yo ya no podía oír la algarabía alrededor de mi. Lo que recién habían dicho era una de las cosas más hermosas que en la vida he escuchado, independientemente sea uno creyente o no, y aún ahora más de quince años después, ese puesto se mantiene inalterable en mi Top Ten de Cosas Bien Dichas que le oí decir a alguien. Quizás a estos ridículos en sotanas que se están dando de escobazos en navidad dentro de una iglesia en la que todos ellos para colmo veneran exactamente lo mismo, no les vendría mal una calurosa mañana sentados en un aula con esta señora. Quizás puedan aprender lo que en el seminario nunca en la vida les dijeron. Y claro, sin escobas.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Aviso de concierto

Como decía hace un tiempecito el gran Freddie Mercury, "the show must go on". Y vaya si sigue. Este jueves 20 de octubre (léase: la próxima semana ya), las bandas Fuego Interno y Pranam unirán sus fuerzas para hacer sonar rock n roll en el Bar Moisés Zouain del Gran Teatro del Cibao. El precio es $150 pesos y el inicio a las 8:00 de la noche. Sean puntuales. En el Teatro no juegan con eso de la hora.

Crédito de imagen: Enmanuel F. Cruz.

En lo que a mi y Pranam respecta, estamos súper emocionados por esto del 20. Han habido algunos cambios por estos lados que en definitiva serán para bien, y estamos ansiosos (y orgullosos) de poder presentarlos a partir de ese día. Así es que ya están todos enterados. Buena música con par de bandas increíbles (hay que incluirse, ¿no?) este jueves 20 desde las 8:00 pm. No falten.

sábado, 8 de octubre de 2011

Diario de los sueños #8: Los ojos miel y los pasillos que no van a ninguna parte

El bus lleno de gente quedó en otro lado, donde no pudiera verse. Parecía ser una excursión en un desierto, todos a bordo de un autobús rojo, un poco oxidado en el exterior, y con calcomanías de políticos en el vidrio trasero, de por sí ya tupido del polvo. Karim iba entre los pasajeros, como siempre rodeado de personas pero sin sentirse acompañado de ninguno en específico. En este tramo del viaje se habían detenido en una estructura en el medio de la nada, y los excursionistas andaban cada uno por su lado explorando el extraño edificio. El sol brillaba afuera pero nadie se sentía con calor ni sofocado. Y ya una vez dentro de la edificación, nadie tampoco podía ver dónde había quedado estacionado el vehículo. Sabían que estaba en algún lado, pero se les escapaba a la vista.

Karim caminaba por uno de los pasillos, en su cabeza tarareando alguna canción de Queen, sintiendo el ligero peso de su mochila atravesada en la espalda. La construcción era de color ladrillo, y en ella sólo había largos corredores con pequeñas aperturas en los que se asomaban tímidas escaleras. A un lado, paredes, y del otro, grandes huecos a todo lo largo como ventanas, pero sin cristales. Más allá de ellas, el desierto. El inmueble se veía como las ruinas de algún castillo antiguo de esos que aparecen en postales, o desde una visión más mundana, de estos edificios de aulas que tanto abundan en las universidades que Karim conocía. No había mobiliario ni puertas, y a pesar de lo obviamente viejo y gastado, tampoco se veía sucio. El suelo de piedra no sonaba cuando se pisaba sobre él, ni menos levantaba polvo. Era extrañanamente liso y parejo.

Las voces de las demás personas le parecían a Karim cada vez más difusas a medida que él iba ascendiendo por las escaleras a niveles superiores. La melodía de Queen en su cabeza dejó de tener fuerza al captar otra música que procedía del nuevo pasillo al que acababa de entrar. Pero ésta no era una canción. Era más bien el suave susurro de una voz femenina que se acercaba caminando. Karim miraba la figura con extrañeza. Definitivamente era el rostro y el cuerpo de una persona que conocía, pero el mismo se veía desenfocado alrededor de los ojos miel, que brillaban como si tuviesen un par de focos encendidos tras los iris, y se convertían en el punto focal del que no se podía apartar la vista. Al principio intercambiaron frases tímidas; conforme los segundos pasaban, la conversación fue ganando en calidez y en más oraciones. Se sentaron en una de las escaleras de piedra, casi al unísono, sin interrumpir la charla. Karim sentía cómo cada gramo de cercanía del espacio vacío entre la bella mujer y él se llenaba de una electricidad que se le hacía difícil de resistir. Intentó besarla. La primera vez, ella se retiró suavemente a un lado, con una débil sonrisa, balbuceando excusas sobre su hermana y otras cosas que no tenían sentido. La segunda vez, le fue inútil. Sus nuevas excusas fueron calladas por el choque violentamente erótico de dos bocas que se besaban sobre las piedras, en medio del desierto.  En esta ocasión, Karim sentía la voz de la mujer penetrando en su cabeza, a un volumen cada vez más alto. Dicha voz opacaba cualquier pensamiento de alerta que intentara hacerse paso. Cuando sonaba ya como un chirrido en la parte interna de su oído, todo se le volvió negro. Lo último que vio fueron los ojos miel que le clavaban la vista sin parpadear siquiera; él intentó hacer lo mismo. Incapaz de luchar, Karim perdió el sentido.

Cuando despertó, estaba tirado en el suelo.  Su mochila estaba abierta y vacía, y lo que era peor, la mujer ya no estaba. Se levantó lo mejor que pudo y caminó sintiéndose mareado, como si se fuera de lado. Veía con esfuerzo las paredes del pasillo dando vueltas juguetonamente a su paso. Presa del susto, comenzó a andar con más rapidez. Tomó la mochila y quiso bajar por las escaleras, pero veía con horror cómo las mismas, tras cuatro escalones, terminaban en una pared que no iba a ningún sitio, cortando el acceso. Siguió corriendo por el pasillo para ver que todas las escaleras estaban cerradas. Afuera comenzaba a oscurecer, peligrosamente rápido. El sol no se veía. Escuchaba el motor del autobús rojo poniéndose en marcha. Tenía el impulso de gritar para avisar que no se fueran, pero guardaba la esperanza de encontrar una salida aún. Parecía que mientras más andaba, más largos y escurridizos eran los corredores. Las pequeñas aperturas que escondían los escalones parecían no existir más, y donde los había, una pared de ladrillo les impedía el paso. Karim aceleraba, ahora sudando. Sintió afuera el vehículo arrancar. Junto a ese sonido, pareció escuchar el timbre de un teléfono colándose por los orificios de las ventanas, que a cada repetición se oía más claro. El mundo alrededor empezaba a desenfocarse.

(...)

Tengo que levantarme y patear una sábana para contestar el celular. Lo dejé lejos de la cama la noche anterior; no sé quién puede estarme llamando temprano en la mañana. Pero al poner los pies sobre el suelo frío me siento cansado y desorientado, sin decir de un dolor de cabeza que no me deja ni pensar mucho. Al menos ya estoy despierto, y este lugar en el que estoy me parece conocido. Debe serlo: es mi habitación. Me encuentro a salvo, o eso creo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

La sirena y la ballena

Crédito de imagen: Fuente Externa.

Si nos llevamos de la Biblia y decimos que creemos que las cosas fueron creadas en el mismo orden que se dice fueron hechas, Dios es un tipo inteligente. Dejó lo mejor para último. Y no me refiero a echarse a descansar el domingo para ver el fútbol, cerveza en mano. Sino que hizo al final lo mejor de toda la creación.

Sí, amigos: la mujer. Soy fan de la mujer. Para mí es lo más bello que camina entre este mundo que a pesar de sus poco honrosas excepciones, ya de por sí es bello. Y muy muy pocas cosas hay más increíbles por estos lados que una mujer satisfecha. Por experiencia también sé que es medio difícil encontrarse alguna 100% satisfecha (multitud de razones, la mayoría ya ustedes la saben), pero cuando una dama está satisfecha consigo misma al menos, interesantes eventos suceden. Es por esto que me topé hoy en la mañana en el Facebook con un escrito que llamó poderosamente mi atención. Puede tener sus esquinas filosas en las que no esté muy de acuerdo, pero en general es una gran verdad lo que dice. Se los comparto:

"Hace un tiempo, a la entrada de un conocido gimnasio, estaba puesta en el mural una foto de cierta chica bien delgada y hermosa. Al pie de la imagen, se leía: '¿Qué quieres ser este verano: una sirena o una ballena?'

"Dice la historia que una mujer (size de ropa desconocido) dejó una carta en el gimnasio a manera de respuesta a la imagen, que decía de la siguiente manera:

"Apreciados compañeros: por si no lo sabían, las ballenas siempre está rodeadas de amigos (delfines, orcas, humanos curiosos), son sexualmente activas y mantienen a sus crías con gran ternura. Se entretienen muchísimo con los delfines y comen montones de langostas, de gratis. Nadan todo el día y viajan a lugares fantásticos como la Patagonia, los Martes del Norte y los arrecifes de corales de Polinesia. Además, cantan increíblemente bien y hasta se les puede escuchar en algunos cd's. Son unos animales impresionantes y sumamente apreciados, pues todos las defienden y las admiran.

"Las sirenas, por el contrario, no existen.

"Y aún si existieran, seguro se encontraran todas en la sala de espera del psicólogo porque tuvieran serios problemas de doble personalidad: a fin de cuentas, ¿son mujeres o peces? No pudieran tener vida sexual ni dar a luz sus hijos. Seguro que serían hermosas, pero también muy solas y tristes. Y además, ¿quién quiere tener al lado suyo a una mujer que huela a pescado?

"Sin duda alguna, yo preferiría ser una ballena. En tiempos en los que los medios nos dicen que sólo delgada se es hermosa, yo prefiero irme a comer helados con mis hijos, cenar con mi esposo y salir a beber y divertirme con mis amigas.

"Nosotras las mujeres ganamos peso porque acumulamos tanta sabiduría y conocimiento que no hay demasiado espacio para albergarlo en nuestras cabezas, y en consecuencia se extiende a nuestros cuerpos. No sómos gordas, sólo grandemente cultivadas. Por eso, cada vez que miro mis curvas en un espejo, me repito a mí misma: '¿Verdad que soy increíble?' ".

Vuelvo y digo que tengo mis desacuerdos con par de ideas expresadas arriba, pero al menos obviamente esta mujer está feliz. Eso es lo importante. Y cuando pasa, es entonces que la última línea que escribe en su carta suena como a verdad casi sacada de la Biblia, con aroma de miles de años de antiguedad, y no podría ser más cierta: "¿Verdad que es increíble?"

jueves, 29 de septiembre de 2011

Ideas

Crédito de imagen: Fuente Externa.

Soy un gran fanático de la forma en que la mente hace relaciones de cosas a partir de hechos o vivencias que en principio no tienen nada que ver una con la otra. Es como encontrar un viejo cuaderno de recortes en el que buscabas algo específico, pero en el proceso encuentras otra cosa de la que quizás te habías olvidado.

Noches atrás (en las que no podía dormir) leía un libro que mencionaba la forma en la que Henry Ford concebía sus ideas. Recalcaba que un biógrafo a la vez amigo suyo, escribiendo de Ford como pensador, decía que en cierta ocasión le preguntaba que de dónde sacaba las ideas. Frente a él, sobre una mesa, había algo así como un platillo, que Ford puso boca abajo, tableteando con los dedos sobre su superficie, y diciendo: "Usted sabe que la presión atmosférica está presionando sobre este objeto a razón de un kilo por centímetro cuadrado. Puede que usted no lo vea ni lo sienta, pero sabe que está ocurriendo. Lo mismo sucede con las ideas. El aire está lleno de ideas. Le golpean la cabeza. Sólo hace falta que usted sepa lo que quiere, luego lo olvide y siga con sus negocios. De pronto la idea que usted desea se abrirá paso. Estuvo ahí todo el tiempo".

Tal párrafo me transportó al menos cinco o seis años atrás, en los tiempos en los que buenos amigos y personas que compartían nuestras vidas en el momento nos reuníamos en una azotea de un lejano vecindario de esta ciudad, para los días en que el complejo era nuevo y no habían más casas que nos obstruyeran la vista hacia los solares vacíos y la montaña que iniciaba más adelante. En esas noches de tertulias bajo las estrellas, sobre el techo de una residencia, y allá mismo haciendo fogatas improvisadas entre bloques de cemento y carbón para (mal) cocinar marshmallows, uno de mis amigos tenía una teoría sobre las ideas.

(En este momento, antes de seguir, hago una pausa para recordar por un segundo más esas noches. Wow, de verdad que lo pasábamos bien. Enserio se me había olvidado).

El caso es que este amigo decía que las ideas siempre estaban en el aire, como las moscas, zumbando alrededor de las personas. Su propósito era que una gente se diera cuenta de su presencia, y las tomara para llevarlas a cabo ("sacarlas de circulación", como decía). Si esto no pasaba, las ideas seguían en el aire hasta que otra persona las viera y decidiera implementarlas. Por eso era, según él, que uno tenía esa incómoda sensación de ver que alguien más adelante en el tiempo hacía algo que a uno se le había ocurrido con anterioridad, pero por alguna razón nunca actuó sobre ello. Siempre estuvo ahí zumbando, y al no tener futuro con esa persona, siguió flotando hasta que un alma lo suficientemente atenta y lista la vio y la tomó para sí. Esa teoría tiene el efecto secundario de implicar que uno realmente no es el autor de las cosas que se le ocurren y que simplemente las mismas se "pescan", pero ahora que lo recuerdo, es una lógica bien interesante si se le sabe ver por el buen lado.

La noche en que eso se habló recuerdo que había otro amigo, el más mujeriego de todos, con la boca llena de marshmallows negros porque le gustaban bien quemados. Siempre relacionaba algo que uno decía a una experiencia de faldas, por más "out there" que fuera. El le puso el toque menos cósmico a la teoría. Digamos que la trajo a la tierra. El respondió: "Eso es como estas tipas que están por ti alrededor tuyo y tú nunca terminas de hacerles caso en serio, sólo para ellas perder la paciencia, irse de ahí y encontrar otra persona con la que están bien y son felices. Eventualmente llega el momento en que ves atrás lo lindas que eran, y te sientes un imbécil por no haberles hecho caso" (y dicho esto, se echaba en la boca otra masa negra y amorfa, con la satisfacción de "la verdad dicha"). Para mí eso tiene lógica también. Imagino que lo único más doloroso después de ver una idea que dio resultado y uno decir "diablos, eso se me ocurrió a mi primero", es toparse en la calle con una mujer despampanante y refunfuñar entre dientes: "mil diablos, yo me la pude haber dado, y no lo hice". Quizás haya que planificar una tertulia de reencuentro para dialogar sobre qué al final es más elusivo: si las ideas, o las parejas. Imagino ése sería un buen tema.

martes, 20 de septiembre de 2011

La tecnología nos acerca

Crédito de imagen: Fuente Externa.

Jorge va en su vehículo. Marca y año todavía siguen sin interesar. En esta ocasión anda patrullando una calle de otro vecindario de esta ciudad, con la diferencia de que éste no es tan conocido. Su novia Elsa se dirige hacia el cumpleaños de una amiga, y él tiene la amabilidad de irla a llevar (como siempre lo hace, valga la aclaración). Les acompaña su amigo Fulano, que va viendo hacia afuera por los cristales ahumados en el asiento trasero. Van a muy poca velocidad por la calle, porque no terminan de ubicar dónde es la casa en la que se celebra la fiesta. Incluso afinan el oído y bajan de volumen la música del radio para tratar de notar si se escucha el espigado alboroto de cuando se junta un grupo de mujeres en una residencia. "Debe ser ésta", dice Elsa cuando cruzan frente a una casa de verja dorada y números torcidos, "ella me dijo que estaba su casa, después había otra por el medio, y la que le seguía era donde iba a ser el cumpleaños, que es donde su hermana". "¿Seguro?" pregunta Jorge, "porque ahí no se ve que haya nadie. Está callado eso ahí". "No se oye adentro, pero todos los carros están parqueados cerca, así que debe de ser en ésta", concluye ella.

Jorge, no convencido, da reversa. Llega hasta dos casas más para atrás y se asoma por la ventanilla del vehículo. La fachada en cuestión se ve oscura y aún más silenciosa. "Ok...no es aquí". Y vuelve a ponerse en marcha hacia donde se habían detenido anteriormente. Ahora es Elsa que se inclina sobre el lado de su novio para ver por el agujero de la ventanilla. "Aquí debe ser, fíjate que están las luces de la sala de enfrente encendidas". Efectivamente, se veía una gran lámpara de tres bombillos blancos de bajo consumo iluminando un espacio. Se apreciaba del lado atrás en la parte superior de una ventana abierta a casi dos metros sobre el suelo. Para tratar de despejar las dudas, los ocupantes del vehículo forzaron la vista sin parpadear para ver si se notaba en la pared al lado de la lámpara alguna sombra que delatara un movimiento sospechoso bajo ella. Todo seguía tranquilo. Y las tres personas dentro del automóvil se sentían como detectives privados.

"¿Y por qué no llaman por teléfono a una de ellas para que salga?" pregunta Fulano. Los ojos de la pareja se iluminaron. Gran idea. Mensos por no haberlo pensado antes. Como por acto de magia, un Blackberry apareció en las manos tanto de Jorge como de Elsa. Ambos negros, el de ella tenía un cover rosado, con una ligera rotura a su lado izquierdo (de una vez que quiso forzarlo para que saliera). Pero en lugar de marcar, los dos comenzaron a escribir. "¿No es más fácil llamar?" volvió a preguntar Fulano. "Sí, pero sale más barato escribir. Vas a ver, ellas responden de una vez", le contesta Jorge. El silencio es la única respuesta. Pasa el tiempo y dentro del vehículo hay dos personas viendo sus teléfonos a poca distancia de sus ojos, y otro en el asiento de atrás que no le quita la vista a la lámpara de luces blancas. Ya ha pasado un minuto. "¿Seguro que no es mejor llamar?" Esta vez, el único sonido que se escucha es el de dedos tecleando arrítmicamente. La fachada sigue igual de inerte. No hay sombras que se muevan en la pared de adentro. Todavía suena el tac tac de los dedos en los Blackberry.

Fulano baja el vidrio de su ventanilla. Saca parcialmente la cabeza por el agujero y grita al 60 por ciento de sus fuerzas, en dirección a la casa. "¡Ey! ¡Allá adentro! ¡Elsa está aquí!" Como por un segundo el tiempo se detuvo. Todo quedó inmóvil y en silencio. Sólo el eco del "...aquí" se escuchaba retumbando entre las paredes y la verja, cada vez con menos volumen. Fulano pudo ver reflejadas en el retrovisor delantero las caras de la pareja, con expresión de "qué-diablos-fue-lo-que-hizo". El sonido del tecleo se detuvo. Dentro del carro sólo se escuchaba un lejano y uniforme zumbido. Transcurrido el segundo, parecía como si le hubieran quitado la pausa, y el mundo respiró. Una brisa sopló y las hojas de los árboles en la calle empezaron a moverse. En el interior de la casa se oyeron voces y un grupo de sombras desorganizadas se vieron bailar en la pared, hasta que se juntaron todas para convertirse en una sola mancha negra. La puerta del frente se abrió y un grupo de mujeres salieron en grupo. "Eyy...te estábamos esperando....¿tenías rato aquí? ¿Porqué no nos llamaste?"  Elsa tuvo el impulso de decirles "les estaba escribiendo por el BB, estúpidas", pero prefirió limitarse a sonreír y a desmontarse, abriendo la puerta trasera para que Fulano se cambiara de sitio hacia adelante. Jorge comenzó a avanzar por la calle una vez Elsa desapareciera tras el umbral de la casa. Fulano se reía, mientras atendía el desfile de fachadas similares e igualmente anónimas que pasaban con creciente rapidez por su ventanilla. "Está bien que es más barato, pero no necesariamente más rápido", dijo Jorge en tono de broma. Y Fulano sonreía más aún. A pesar de reconocer las innegables ventajas de los gadgets tecnológicos, seguía prefiriendo la comunicación en su crudo encanto primitivo, pero igual no supo qué más responder. "A cada cual lo suyo, ¿no?"

lunes, 19 de septiembre de 2011

"Sesiones acústicas"

Como una iniciativa de mi hermano Waldo Rincón, que tenía mucho tiempo sin tocar como Dios manda en la ciudad de Santiago, se organizó la actividad de "Sesiones acústicas", con él mismo y un servidor por este lado, para pasar una noche entre melodías guitarreras y buena compañía.

El lugar es el Barcelona Bar y Tapas, quienes (gracias a la buena providencia y mejores aún deseos) ya tienen sus bocinas de vuelta. El Barcelona está ubicado en la Calle Benito Monción #41, justo enfrente de Casa de Arte. La fecha es este viernes 23 de septiembre, a las 9:30 de la noche. Y la entrada es completamente gratis. O sea, que nadie tiene excusa para no asistir.



Pueden visitar el MySpace de Waldo, pulsando aquí. Ahí se comparten muchas de las composiciones que interpretará este viernes. Y de la misma manera, no dejen de darse una vuelta por su blog, Basura Trascendental. Buena poesía para los momentos en los que siempre hacen falta.

Se les espera el viernes.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Kraftwerk

Hoy es domingo. Diez minutos atrás, cuando me sentaba para escribir esto, se nubló el cielo de un pronto y cayó una llovizna con brisa que amenazaba con durar toda la tarde. De esos diez minutos, hace cuatro que ya salió el sol de nuevo, para borrar todo rastro de agua. También, hay menos carros que de costumbre en la avenida. Y tampoco los barriales que viven en la casa de al lado no están ahí para poner sus bachatas a todo volumen, como todos los domingos. Extraña tarde esta.

Para cosas extrañas y días alienígenas (como éste), nada mejor que poner a Kraftwerk de fondo. Aunque los conocía de unos años atrás, no fue hasta hace par de semanas que me puse a oír a estos alemanes en serio. Extraños los tipos (valga la redundancia), y parecen salidos de una película de Kubrick, produciendo música que seguro es la favorita de los tripulantes del Enterprise. Sin embargo, a pesar de sus rarezas, este grupo, pionero de la música electrónica en los años 70 (y de los muy pocos que pueden darse el lujo de decir que su sonido no ha envejecido treinta años más tarde...muy al contrario), suenan al mismo tiempo espaciales, maquinarios y familiarmente cálidos. Y lo más sorprendente (venga redoble de tambores...): pegajosos. Es imposible no cantar el versito de "Die Roboter" una semana después de haberlo escuchado. Y para mi que no soy precisamente fan de la electrónica, oirme decirlo es hasta herético.

Pero el día no está para ese tipo de análisis. Hoy domingo de lluvias breves, con aprecio para ustedes, les dejo a Kraftwerk (pronunciado Kraftvork, según mi amiga Ambar, que sabe alemán):



Por cierto...¿alguien sabe dónde se consiguen esas corbatas con luces rojas? Están increíbles.

martes, 6 de septiembre de 2011

Submúsicas

Crédito de imagen: Fuente Externa.

En estos tiempos en que para los culturosos de saco y corbata la música seria y respetable viene en envase de jazz o cualquier fusión de ésta, se escucha mucho por ahí los géneros que a su juicio entran en la categoría de submúsica, interpretada por, no sería para menos, "submúsicos". No hay que darle tantas vueltas para saber a qué se refieren, y el tono en que lo dicen. Lo curioso es que estos géneros han estado en la escena del patio local durante bastante tiempo, sólo que, por razones que en un momento les digo, todavía no alcanzan el escalón de eso tan preciado llamado "respeto". Para estos culturosos, los submúsicos se clasifican en tres categorías, dependiendo del género: los bachateros, los reguetoneros (o denbowseros, a veces los mezclan en la misma definición), y los rockeros. Les llaman submúsicos porque, en sus mismas palabras, sencillamente, "eso no es música" (o la otra frase prima hermana de la anterior, "cualquier loco viejo hace eso"). Sin embargo, de las tres categorías recién mencionadas, son los rockeros quienes toda la vida han llevado las de perder. Y la razón por la que esto sucede no tiene que ver nada con la calidad musical o interpretativa de quienes lo practican, sino más bien, y aunque pese decirlo (y más aún oirlo, o en este caso, leerlo), de resultados comerciales.

Piénsenlo por un momento. Se pasa frente al local de Monte Bar Las Colinas en la ciudad de Santiago y se ve toda la cartelera de la semana llena de conjuntos bachateros y merengueros típicos. De reunir el valor para asistir y entrar un día, se encontrará uno en que el local está repleto, todas las mesas abarrotadas, con un desfile interminable de botellas de alcohol sobre ellas, aún después de en algunos casos hasta haber pagado entrada. ¿Les importa realmente a los dueños de Monte Bar (por decir un sitio, usted puede poner el de su preferencia) si la música que hace el grupo que está en tarima es buena o no? Y eso, sin contar las dos o tres veces que esos mismos dueños han tenido que remodelar y ampliar el mencionado local por falta de espacio ante la cantidad de público. Ellos incluso pueden hasta argumentar que "allá no entra cualquier conjunto". ¿Pero con eso hablan de calidad, o de resultados económicos? Ahora, haga el ejercicio contrario. Pase por un bar minúsculo (como casi siempre son) donde se esté desarrollando un concierto rockero. A pesar de ser un lugar pequeño, la mayoría de las veces el local no estará lleno, y es casi seguro que el nivel de consumo de ese público se mantiene igualmente por debajo de las expectativas de los dueños del negocio.

Lo que nos lleva entonces a la queja perenne de los practicantes de la música de Hendrix: "Es que no hay apoyo". Empresarios, inversionistas, gente que puede...todos parecen que le huyen al rock. Nadie quiere invertir un peso en apoyar un evento, pero a cualquier bachatero o reguetonero que aparezca, ahí le tienen una tarima en el Monumento a los Héroes de la Restauración con luces láser, pantallas, sonido potente, bailarinas y cualquier bazofia que se les ocurra. ¿Nos hemos preguntado alguna vez el por qué? ¿Acaso será el clásico "es que eso otro es lo que a la gente le gusta"? No hace mucho tiempo, pocos años tal vez, había un conocido restaurante de esta ciudad que tenía música en vivo un día a la semana, proporcionada por un conjunto de mariachis. El día en que se presentaba, el restaurante estaba lleno a reventar de parroquianos, y sin falta, al terminar la noche y cuadrar la caja, los administradores se encontraban con ventas por encima de los 20 ó 25 mil pesos. Pasados unos meses, les salió la honorable vena del  "apoyo" y decidieron incluir otro día de música en vivo en la semana, esta vez con un grupo de rock. Apoyo por un lado, y ganas de repetir la misma hazaña monetaria también, valga la aclaración. Cuando ese día llegó, el dueño del sitio vio con símbolos de pesos en sus ojos cómo la gente acudía en masa al restaurante. La boca se le hizo agua. Pensó que ya tenía resuelto su agosto si mantenía ese ritmo de presentaciones así de esa manera. Pero al final del evento y proceder al cuadre, no pudieron contener su decepción al ver que la venta no llegaba siquiera a los 4 mil pesos. A pesar de estar lleno el sitio, igual que como cuando se presentaban los mariachis. Pregunta capciosa para el lector, siempre tan inteligente: ¿qué grupo cree ustedes que siguió presentándose, y cuál no? La respuesta no es difícil. Y en esto nunca dije si una banda era mejor que otra, si el repertorio era mejor tocado, o si tenían instrumentos más caros y mejor afinados. Todo eso es irrelevante. Esa no es la cuestión. Sí lo era que una dejaba más dinero que la otra, y en consecuencia se prefirió apoyar a la que mayor ganancia aportaba. En los días chavaleros en que organizábamos conciertos de amigos e íbamos a empresas para buscar patrocinios, la cruel respuesta era siempre la misma, dicha por bocas diferentes: "¿Un concierto de rock? Eso no deja. ¿Por qué debiera yo aportar en algo que hay tres gatos saltando y nadie consume?" Lo peor del caso era que no teníamos base para responderles lo contrario.

A diferencia de los otros denominados "submúsicos" (los miro a ustedes, honorables respresentantes de bachata, reguetón y denbow), lamentablemente el rock en este país se ha saboteado a sí mismo, y tanto bandas como público son igualmente responsables en medida. El día en que haya un concierto de rock local en la Gran Arena del Cibao o el Estadio Olímpico, se vendan todas las entradas, no quede una sola caja de cerveza en el sitio, y los organizadores dejen de empeñar los pantalones para no ir presos por las deudasdespués de un eventos, seguro ése será el día en que alguien dirá: "¿Saben? Invirtamos aquí, parece una buena idea". Eso no será mañana, ni pasado, ni tal vez el mes próximo, pero mientras tanto, todos los involucrados debemos de poner un poco más de empeño en que lo que hacemos tome valor, y así se vea para todo el no involucrado. Dejar la chabacanería y la improvisación, y sacar un producto que quien lo vea, aunque no lo comparta, al menos lo respete. Hacer que de alguna forma, el público ahí afuera vea lo que se está haciendo y piense "Eso es un buen show. Quiero pagar para verlo". Así, y sólo así, y que conste que esto no es una promesa, podremos contar con el tan mesiánico esperado apoyo.


miércoles, 24 de agosto de 2011

Subiendo y bajando del Diego

A pesar de mi gran amor a las escapadas off-road por montes y lugares afines llenos de lodo, nunca en la vida había ido al Pico Diego de Ocampo. Siempre lo veía desde mi ventana, tan cerca y calmado, y escuchaba, muerto de envidia y en silencio, las historias de quienes habían puestos sus pies en él. Tras las anécdotas, venía la inevitable pregunta: "¿...y tú no has ido?", a lo que venía la desagradable respuesta, y como epílogo, recibía un igualmente desagradable comentario "...qué mal, viejo..."

Para mi sorpresa, algunas semanas atrás, un frustrado juego de baloncesto entre amigos que al final fue suspendido, dio paso a una expedición improvisada al Diego. Me encantan esos viajes así. Siete y media de la mañana para hacer una parada rápida al supermercado, una camioneta donde en la cama van algunos tipos (yo incluido) torturándose el trasero por lo "benévolo" del camino (notar ironía), coger carretera y media hora después estar al pie de la subida. Linda forma de probar a prueba la resistencia. Veamos ahora de qué estamos hechos. Aunque habían algunos que lógicamente amanecieron vueltos una porquería al día siguiente, fue una increíble experiencia. Aquí algunas imágenes:

Enteros con todas las pilas antes de comenzar a subir.

Vista del camino #1.

Absolutely love cuando la maleza se pone tan tupida que se ve todo oscuro.

Una de las paradas. Noten cómo ya los aventureros empiezan a cansarse. Especialmente el de la izquierda, que llevaba toda una colección de cantos militares durante el camino.

Mi pie en la subida.

Hay que posar con la señalética. Seguro el año que viene estará ilegible. Y eso que ya no lo está tanto ahora.


"Above us only trees..."

Ya en la cima.

Hombres hambrientos.

Hombre descansando.

Otra vista desde la cima.

Mi pie en la bajada. Cinco minutos más tarde, no se distinguía el blanco del lodo.

Vista del camino #2.

Llovió durísimo en la ruta de vuelta. Lo que hizo que los tramos oscuros fueran aún más oscuros. Y nuestra ya sucia ropa, sencillamente una sola mugre. Genial.

En cierto momento, mientras trataba de sacar mi pie de un hondo lodazal en el que estaba, el grupo se fue delante. Sin darme cuenta me quedé solo en el paraje, y finalizada mi lucha, levanté la cabeza, sólo para ver como una neblina comenzaba a rodear el sitio. Me sentí metido dentro de una película. ¿Dónde está Jason para perseguirme con un machete cuando se le espera?

Sigue la neblina. Imagino que en la cima del Pico casi ni se debía de ver.

Casas que se ven pequeñas a la distancia. En días como hoy, envidio sus ocupantes.

Ultima parada. Se sale de la montaña.

Vista de la escalera que lleva a la última parada. Son gente considerada los encargados del Diego, en construir escaleras de piedra como éstas en algunos tramos del camino. De no haber sido por ellas, me amenazaron par de resbalones que de haber caído, todavía hubiese estado rodando.

Una casa, obviamente. Ya esto era cercano al punto por donde habíamos comenzado a subir. El viaje como que completa su círculo.

Viejo dinosaurio de la especie Land Roversaurus Rex. De casi un millón de años de antiguedad, pero pone a cualquier vehículo moderno a pasar verguenza en estas alturas.

Días después conversaba con una amiga a quien estimo mucho, sobre el arte de ser "aventurero", eso de salir sin planes específicos a cualquier monte a embarrarse de lodo y regresar a la casa prácticamente en cuatro pies. Ella decía en respuesta que aunque actividades como esa las consideraba súper bien, ella era ya del tipo de gente que prefería los fines de semana en resorts, playa en chaiselongs con piñas coladas al lado y sombreros para el sol de dos metros de diámetro. "La vejez no perdona, supongo..." decía (a chiste, claro; ella tiene de vieja lo que yo tengo de negro). Y tal vez, dando mente, hasta un punto es cierto. Llegué a mi casa a las tres de la tarde, arrastrando una pierna y con sucio hasta dentro de las orejas. Parecía llegado de la guerra. Pero en eso (sólo eso) no estoy de acuerdo con mi amiga. Y créanme cuando les digo que adoro a esa mujer con locura y hasta morir, pero no siento que quiera cambiar un día como este por uno dentro de un resort súper lujoso, con todo y que tuve que poner la ropa en cuarentena de limpieza el resto del día. Es mi humilde opinión, y a lo mejor hasta me equivoque después. Pero hay algo en la tierra y el barro que me hace sentir vivo, y no quisiera negociarlo. Y sería genial si ella se uniera alguna vez. De mi parte, no puedo esperar para el próximo.

domingo, 14 de agosto de 2011

El artitaje

Crédito de imagen: Fuente Externa.

¿Quién define si una persona es o no un artista? ¿La misma persona? ¿El público que ve el producto? Cuando se ve que películas como la tercera parte de los Transformers superan el billón de dólares en taquilla, y que lo que más se oye por el radio a cualquier hora día es el reguetón y demás bajezas sónicas, es sano pues decir que en estos días, el gran público no es la cosa más fiable. Quitémoslo del medio por un momento.

Pero de la misma forma, también lo que más abunda ahora son los autollamados "artistas". Piden respeto (entre otras) y que se les tome en serio porque son "artistas" (léase: ahora cualquier loco viejo dice ser artista). Fíjense que ni he tocado si su producción alcanza cierto peso siquiera. Si me preguntan a mi, el arte en sí mismo es la forma de comunicación más alta y sublime que puede aspirar el hombre, bajo cualquier manifestación. Verdaderas grandes ligas. Uno no entra en el arte porque así lo dice. Tiene que pedir permiso para eso y esperar por una respuesta. Es ese el momento entonces, cuando la autorización es otorgada, en el que la persona que crea adquiere un brillo casi místico, se quitó las sandalias porque comenzó a pisar terreno sagrado, y todas las zarzas a un kilómetro de radio se prendieron en fuego. Cuando eso sucede, las almas a su alrededor con la capacidad de apreciar lo que es bueno de lo que no, en una circunstancia ideal, miran lo recién hecho y dicen "Wow, eso sí está ápero. Ese tipo es un artista". Y la respuesta del implicado sería, con una mirada entre sorprendida y halagada, cachetes rojos incluidos: "¿Lo soy...?"

¿Y yo, lo soy? Quién sabe. ¿Me quedaría grande el sombrero? ¿Sería arrogante autodenominarme así? En lo personal me concentro en crear, que dicha creación tenga un concepto detrás (para evitar seguro los tildes de "loco viejo improvisado") y tirarlo hacia adelante, en la mayoría de los casos, al menos. Si eso es arte, o aspira a serlo, no me corresponde a mí decirlo. Tampoco estoy claro si quisiera saberlo. No sé si la respuesta sea de mi total agrado.

martes, 9 de agosto de 2011

Regina

En días medio "blah", como los de ayer (lo siento, no hay una definición técnica del "blah"), me gusta poner a Regina Spektor. Específicamente, "Us".



Me encanta Regina, y subrayo ese "me encanta" en mayúscula, y bien grande. Me encanta como arquea el brazo izquierdo cuando toca el piano. Me encanta como se inclina sobre el micrófono y cierra los ojos al cantar, y la mirada medio tímida que asoma cuando los abre. Hell, me encanta incluso el vestido que parece se robó del closet de mi abuela. Escucharla me hace sentir como si tuviera los pies metidos dentro de arena con una brisa soplándome el rostro. Dichoso sea el bastardo que se levante en las mañanas escuchando a esta mujer cantando y tocando el piano en una habitación contigua, sabiendo que en cierta forma, le cantan a él. Aunque, ya esto sean otras tantas (me entra otra variante más melancólica del "blah" de sólo pensarlo). Meanwhile, disfruten.

viernes, 5 de agosto de 2011

El despertador

Como nunca escuchaba el despertador del celular cuando sonaba a las seis de la mañana, a pesar de ponerle el timbre más escandaloso que tuviera, decidí probar una nueva técnica. Dejé la compu encendida, programé el Itunes con el death metal más extremo que encontré entre los archivos del disco duro, y subí las bocinas a un nivel igualmente estridente. "Esto va a funcionar", pensé. Porque el problema estaba, según era mi conclusión, en que no estaba oyendo el sonido del celular, al ser éste muy bajo. Entonces por eso seguía de largo.

Y llegó la mañana siguiente, el primer día de puesta en práctica del experimento. A las seis y cinco minutos de la mañana, la habitación retumbó con guitarras súper pesadísimas y alaridos guturales como si el mismísimo mundo se estuviera acabando, epicentro mi casa. Di un brinco en la cama a 30 centímetros del nivel del colchón; al caer de nuevo, las sábanas estaban junto a los zapatos en el piso. En el momento que más inspiración cogían los músicos en la grabación para destinarse a romper todo, ya me había levantado, con rapidez. Pero en esta ocasión, fui directo a las bocinas y simplemente las apagué, en un movimiento de precisión semi-automática. Volví a la cama, me arropé del otro lado y dormí casi una hora más.

Para mañana debo tratar otra cosa. Creo que el problema soy yo.

lunes, 1 de agosto de 2011

Una semana en Chavón


No puedo evitarlo. Amo Altos de Chavón. Había ido anteriormente en onda de turista, pero cuando se le ve desde la óptica de un estudiante que reside entre sus piedras, la sensación es completamente distinta. Tan alejado del mundo, tan ajeno a los problemas de la ciudad y los políticos y la basura (redundando en estos últimos, que conste), pero sin embargo, tan estratégicamente ubicado en el centro mismo de la esencia verdadera de las cosas. Tuve el inmenso y retrasado honor de estudiar entre sus paredes en estos días que pasaron y aunque ya estoy de vuelta a casa, quiero volver. Ya. Imagino que seguro también el término "casa" siempre es relativo. Chavón parece como si ha estado ahí por siglos pero cuando te habla se oye más joven que tú, pero al mismo tiempo más sabio. Chavón te dice lo que necesitas oír, y si eres tan tarado para no darte cuenta en el momento, al menos te da las bases para descubirlo después. Las piedras del piso encierran un pentagrama que revela secretos, y los mismos suben por sus paredes cuando les sigues la pista, y tratan de eludirte, pero no tanto como para que los pierdas. Esta vez yo fui más rápido. Ojalá y lo sea para volver de nuevo.

sábado, 23 de julio de 2011

Anécdota del subdesarrollo

Este pasado miércoles 20 de julio, la agrupación santiaguera El Trío tenía un concierto en el Barcelona Bar y Tapas, el único que realizaría en la ciudad durante el verano. La banda en la que participo, Pranam, íbamos a servir de teloneros. Las expectativas eran buenas. Y como es importante por lo que contaré más adelante, ubiquen el sitio: pleno centro histórico de Santiago de los Caballeros, en la calle Benito Monción, frente a Casa de Arte (sede del Festival Artevivo), y al lado de La 37 por Las Tablas (donde hasta hace un tiempo se realizaban los Lunes de Jazz). Una cuadra más adelante, como sabrán los que residen aquí, la Benito se topa con la Calle del Sol (la principal vía comercial), que desemboca justo en el Parque Duarte, eje cultural de la ciudad, en cuyos bordes se encuentran la Gobernación, el Viceministerio de Cultura Región Norte, el Centro de Recreo (donde también funciona el Canal 25), el Instituto de Cultura y Arte (ICA), la Catedral, el Centro de la Cultura, Francifol Bar y lo que era el restaurante Taj Habibi, que par de días a la semana tenían presentaciones en vivo (aún lo tienen, pero el negocio cambió de nombre). Como pueden ver, la locación de esta historia se encuentra en el mismo "ojo de la tormenta" del quehacer artístico de Santiago. Y por si no se enteraron, estamos en la mitad del año 2011.

                                                                       Crédito de imagen: Fuente Externa.

El poster promocional del concierto decía 8 y media de la noche, aunque todos sabemos que los dominicanos no brillamos precisamente por la puntualidad, y menos sobre todo en este tipo de eventos, donde es harto conocido que la gente tiene la costumbre de llegar súper tarde (como si el artista es quien tiene que esperar por el público, pero esa es ya otra historia). Sin embargo, nosotros como grupo abridor fuimos advertidos que de cualquier forma teníamos que comenzar a las 9.30 pm, para darnos un espacio de alrededor de 45 minutos, de modo que así, de diez y cuarto a diez y media, El Trío pudiera acomodarse en escena e iniciar su concierto, respetando de esta manera las normas de este país sobre ese tipo de eventos entre semana, y todo quede terminado para medianoche. No debía de haber problema.

Todo empezó bien. La gente estaba de buen ánimo, respetuosa. Cerca de la hora prevista, el bar apagó la música ambiental que sonaba por sus bocinas para darle espacio a Pranam de que iniciara la actividad. El sonido estaba en su punto, ni muy alto ni muy bajo para un espacio como el Barcelona. A quince minutos de las diez, nos despedimos para cederle la tarima a LA banda principal de la actividad. Las cosas seguían bien. Repito: No debía de haber problema.

Crédito de imagen: Fuente Externa.

Sin embargo, apenas instantes después, sin previo aviso, bajo la más absoluta sorpresa de todos los presentes, el lugar se llenó de policías. Primero de los agentes normales, esos del uniforme gris, después en la calle se sumó una camioneta más a las tres que ya habían, y llegaron de estos que tienen los chalecos negros, gorros y armas largas. Vinieron con su misma prepotencia de siempre, que una persona del vecindario se quejó "espantada", que el lugar estaba "repleto de homosexuales consumiendo drogas", con "un escándalo demasiado alto", a "esta hora de la noche". Una frase salió de la boca de uno de los agentes: "Se acabó la fiesta aquí". En pocos minutos, sin una orden por escrito, sin un fiscal que los respalde, procedieron a desmontar todas las bocinas del bar colocadas en las paredes y montarlas en las camionetas. Bocinas propias del negocio, que estaban APAGADAS, porque iba a comenzar El Trío. No valió razonar, de nada sirvió que los dueños del bar, un agradable grupo de españoles, tratara su mejor esfuerzo de dialogar con los agentes de que al menos reconsideraran su acción. Simplemente firmaron un formulario estrujado, les dijeron que pasaran a buscar sus bocinas al día siguiente, y se marcharon con el mismo aparataje que llegaron. Como nota al pie de página, es bueno aclarar que hoy sábado 23 de julio es la hora que los equipos todavía no aparecen.


                                                                          Crédito de imagen: Fuente Externa.

A lo mejor nos informaron mal, pero en lo personal creía que hacía muchísimo tiempo ese tipo de abusos y estupideces se habían superado. ¿Suspender de esa forma un concierto que se desarrollaba bajo la más absoluta tranquilidad, sin al menos un aviso, o nada? ¿Prácticamente robarse unos equipos que para colmo estaban apagados, y a casi una semana del suceso todavía nadie sabe dónde estén? Y todo eso, ¿en el centro histórico de la ciudad? ¿Al lado de todas las instituciones y espacios que desarrollan programas artísticos? Si no es aquí, ¿dónde pretenden que se haga? Hace por lo menos 25 años que Casa de Arte, el Centro de Recreo y el Centro de la Cultura realizan eventos en la zona. A esa hora de la noche. En calma. ¿Alegará el vecino que llamó a la policía que acaso él no sabía de nada de eso? ¿Enserio? Vuelvo: ¿Enserio? Es injustificable, no importa si recién se mudó ahí o si lleva mucho tiempo en el área. Y más que injustificable, es vergonzoso. Y asqueante.



                                                                           Crédito de imagen: Fuente Externa.

Por suerte todo el mundo permaneció tranquilo, y el sentido común se impuso. Aún a pesar de haberse desconectado todo, la música había dado su permiso para estar presente esa noche y El Trío, como los profesionales que son, decidieron seguir adelante, aunque sólo por media hora (hasta que rayaron las doce de la noche), y en plan tranquilo, como dicen, "a plantazos limpios". Sólo con el volumen de los amplificadores, y un micrófono conectado a uno de ellos para poder cantar. La gente lo disfrutó, la indignación se calmó un poco y lo que pudo haber resultado en un auténtico desastre terminó en una fuerte demostración de civismo.


                                                                             Crédito de imagen: Fuente Externa.

Felicitaciones al Trío y al público ahí presente por demostrar que son personas con modales, aunque ya eso lo sabíamos. Y a los responsables de la llamada, que "les molestaba el escándalo", en el bar "lleno de gays drogadictos", recuerden que el civismo es como la paciencia, llega hasta un punto. Traten de no pasarlo. Por favor que ésta sea la última vez.

jueves, 7 de julio de 2011

Rock el 21

Amigos, "Pranam TV", en el formato como se había anunciado, ha sido pospuesto hasta nuevo aviso. Razones técnicas, ahora no vienen al caso. Sin embargo, la fecha del jueves 21 de julio en el Bar Moisés Zouain sigue inamovible para la descarga del rock'n'roll.

En esta ocasión, además de Pranam, se presentan dos bandas santiagueras bien sonadas y conocidas en estos días: Enklochao y Fuego Interno, éstos últimos finalistas del Messenger Mag Music Fest celebrado recientemente.


                                                                         Crédito de imagen: Enmanuel F. Cruz.
Así que ya saben. La cita sigue estando el jueves 21. Bar del Gran Teatro del Cibao. Ocho y media de la noche. Puntual. $100 en preventa y $150 en la puerta, para que nadie se quede sin ir.

Sobre "Pranam TV", estén atentos. Próximamente se les dejará saber. Mientras tanto, aquí les pongo el video de "La oración", interpretada el mes pasado durante el concierto de "La máquina del Tiempo". Dedicado expresamente a mi amiga Sofi Zermoglio, que unos días atrás pidió que subiera un video. Como lo prometido es deuda, aquí está. Y de paso cuando terminen, y como esto es el maravilloso internet, dense una vuelta por su blog, De Naranja-Lima. Para este burdo lector, esa chica es increíble.



Y también, para no perder la forma, el día antes del concierto en el Teatro, el miércoles 20, Pranam estará de teloneros en el concierto "Tributo a El Trío y sus fans", de El Trío. Será en Barcelona Bar & Tapas, en la calle Benito Monción, justo enfrente a casa de arte. Ocho y media de la noche también. Y $100 pesitos. En estos tiempos, eso no es dinero. No dejen de ir, El Trío es lo máximo. Aquí la promo:


                                                                            Crédito de imagen: Fuente Externa.
Están avisados entonces.

lunes, 4 de julio de 2011

Entrevista en Libélula

Mi gran amiga a quien admiro mucho Sarah Valerio, bella y talentosa como las hay, decidió empezar julio dándole un giro diferente a su blog, Libélula. Ahora, para beneficio de todos sus lectores (suertudos nosotros, ¿no?), será una revista en el que, periódicamente, y a lo largo de una semana ella tratará los más diversos temas, desde música hasta cine, con vueltas por la literatura, y demás andanzas. Muy interesante, por decir lo menos. Así que ella resolvió estrenar este nuevo formato dándome el grandísimo honor de ser entrevistado para el primer post de Libélula Revisblog. Más abajo el link para que le lleguen, y de paso, es altamente recomendado que sigan leyendo el resto de sus escritos ahí, pues son buenísimos. Y si les gusta la poesía, también les aliento que compren su primer poemario llamado "Soledad narcótica", que pueden conseguir aquí. Si no les gusta la poesía, cómprenlo igual. Esas cosas hay que apoyarlas.


Aquí el link para la entrevista.
Si les gusta, compartan :)
Y muchísimas gracias a Sarah por la oportunidad, debo ser sincero y confesar que hasta me sonrojé cuando vi el post.

domingo, 3 de julio de 2011

Crónica del celoso

Para cuando terminábamos el bachillerato, todo era llanto y promesas. El clásico sentimiento de inevitabilidad que precede un acontecimiento del que sabe nada será igual después. Mensajes de "nos queremos y nunca nos olvidaremos" en pizarras y murales, falsas ilusiones de juntas frecuentes e intercambios tanto de teléfonos como correos electrónicos matizaban los últimos días de la secundaria. Misma razón por la que extrañamente no fue ninguna sorpresa que escasos seis meses después, no supiera de ninguno de mis compañeros de colegio cuando todos comenzamos la universidad y cada uno tomó lo que consideró su camino.

Ese día, abril si mal no recuerdo, iba caminando por la biblioteca. Eran días de exámenes finales, así que todas las mesas y posibles rincones donde uno pudiera sentarse estaban repletos. Como siempre, los letreros de "¡Silencio!" pegados en cada columna no servían para nada, menos todavía el pobre encargado de seguridad que mandaba a la gente a bajar el volumen de la voz cada cierto tiempo. El lugar parecía un mercado, y con cada paso que daba más crecía mi deseo de salir de ahí. Como ya estaba cerca de la segunda salida al haberle dado casi la vuelta entera al sitio, decidí seguir. Total no perdía nada con seguir vitrineando a los presentes un rato. No llevaba tanta urgencia.

En eso, me topé con esta amiga, a quien no veía desde los exámenes finales del colegio. La veo a cinco mesas de distancia, con quien supongo era su novio, de quien las malas lenguas (léase: amigos en común) decían que era un "poco" celoso. Para ese momento no sabía pues no lo conocía. No niego que me dio gusto verla tras tiempos en los que sólo escuchaba hablar de ella cuando alguien preguntaba, y precisamente por eso fui sonriente a saludarla; era de las personas de quien uno guarda un buen recuerdo de sus años de secundaria. Al verme acercar, el novio se puso a la defensiva. Puso una cara que yo no calificaría precisamente de amigable. Me escaneó de cabeza a los pies en tres segundos. "Ey, hola", la saludo con un tono amigable, pero diplomático, para evitar malentendidos.

Ella sonríe ampliamente de vuelta, y de inmediato se levanta para darme un abrazo. "Kariiiim...cuánto tiempo...". Como si el borde de la mesa hubiera estado electrificado, el novio se tira rápidamente para atrás, levantando los brazos. "¿Cariño? ¿Y quién es este que le dices cariño?". Ella pone cara de incrédula, como quien no cree lo que acaba de escuchar. Tampoco yo lo creo. "No, mi amor" dice "no es cariño. Es Karim, es su nombre". "Tú no dijiste Karim, dijiste ca-ri-ño. CARIÑO. Yo lo oí". "Que no, mi vida...así es como se llama". "Yo escucho muy bien y sé que fue cariño que dijiste. Karim...bah...¿y eso es un nombre?" Ya yo tenía mi mano casi extendida para saludarlo, pero la misma terminó en mi bolsillo, si no la quería ver terminar a manera de puño en el mismo medio de la nariz de semejante ignorante. A esa hora del día no quería escuchar bromas pesadas sobre mi nombre (aunque eso no tenía la más mínima pinta de broma), por lo que me despido más diplomático aún: "Fue un placer...queden bien", y antes de terminar la última palabra ya había dado media vuelta y me alejaba de ellos. Casi pasaba el umbral de salida, cuando los podía oír todavía discutiendo en la distancia. "Que ése es su nombre..." "¿Tú crees que soy estúpido...Ningún hombre tiene un nombre así". En realidad no "creía" que fuera estúpido: por el contrario, yo no tenía la menor duda. Hay momentos en los que es mejor dar la vuelta y no discutir con gente así. Si ganan es porque ya tienen la experiencia.

viernes, 1 de julio de 2011

Modestia musical


                                                                             Crédito de imagen: Fuente Externa.

En la calle, afuera, el mundo seguía su curso rutinariamente acelerado. Todo un maratón carnavalesco y desorganizado de gente caminando sin mirar para los lados, cargando hacia adelante, mientras el ruido urbano cobraba con cada segundo que pasaba más pesado protagonismo. Carros, motocicletas, zapatos con suelas de plomo que sonaban como balazos al chocar con el suelo, buhoneros y pseudomúsicas que desde la distancia luchaban por hacerse sentir a cualquier precio.

En la habitación, adentro, ella sólo le prestaba atención a las melodías que hacía nacer del violín. Su mundo era completamente distinto al que le rodeaba, y cada nota que daba endurecía aún más la textura de la burbuja que la separaba del ruido de afuera; tan concentrada estaba. La música salía con la inocencia del novato y la técnica del virtuoso, bailabando juguetona por cada rincón del espacio como si quisiera reconocerlo, sin detenerse en ninguno. Por rendijas de puertas, por las hojas abiertas de las ventanas, la música encontró su camino afuera. Inundó el escándalo de los vendedores, limpió el polvo de las aceras, y las bocinas de los carros le fueron respetuosas. Por su lado, la ejecutante era ajena a todo esto, movía su cabeza hacia los lados si el ritmo se lo requería y mantenía los ojos cerrados para no perder la concentración. Sentía que empezaba a sudar. Afuera, hasta el aire se hizo menos contaminado. Las personas volvían sobre sus pasos; las expresiones cambiaban.

Al terminar la última nota, ella respiraba jadeante, las manos le temblaban y hasta pudo oír el seco sonido de una burbuja que explota, seguido por el timbre sordo del silencio. Su cuerpo se tambaleaba y tímidamente abrió los ojos, sólo para ver montones de personas congregadas a su alrededor, asomándose desde el lado afuera de la ventana, y en la puerta, con el manubrio aún en la mano. Se ruborizó. "Eso es lo más increíble que hemos oído", dijo el señor que sostenía la puerta, con la mirada de quien dice la verdad más absoluta. El grupo detrás suyo asintió con aprobación. Ella se limitó a sonreír, sus mejillas se pusieron rojas. "...Noo..Todavía no toco como debiera. Me falta..." respondió ella. "Mentira.." terció uno desde la ventana. Esa tarde todos volvieron a sus casas sintiéndose diferentes. Entrando a la suya, ella tenía una historia que contar para su madre en la cena.

viernes, 24 de junio de 2011

La 91


Crédito de imagen: Fuente Externa.

La habitación estaba semioscura. El único resplandor que se notaba era una lámpara de luz azul que, colocada en el suelo, alumbraba hacia la pared, difuminando su ya débil color con la textura del concreto. En el otro extremo, estaba recostada la cama, y yo sobre ella, con mi espalda tocando el frío muro. Vi de lado una pequeña mesa de noche, con un gastado mantel rojo, un libro de Osho y el radio encendido. Por alguna razón que no comprendía la luz del radio parpadeaba.

Esa noche sonaba La 91. A esas horas todo lo que se oía en esa emisora era música suave, preferiblemente de par de décadas atrás. Lo curioso es que en este escenario también me sentía como que estuviera congelado en el tiempo, en una habitación ajena. No hacía frío salvo que en la pared, ni tampoco de estos calores que se metían sin aviso ni respeto y hacían que uno quisiera salir corriendo. Era el clima ideal. Tenía los ojos entreabiertos y un poco humedecidos, y veía a mi alrededor a través de un filtro como desenfocado. Por suerte a esa hora en La 91 tampoco hablan mucho, lo cual es perfecto. Sólo música. Suave. Antigua.

Y sentí sus pasos. Ella venía descalza y caminaba ligera, como las pisadas de un gato. Sentí el peso de su cuerpo mientras se subía a la cama, hundiendo con disimulo el colchón, y no se hizo esperar esa suave descarga eléctrica que se produce cuando dos cuerpos desnudos se chocan. En un segundo tuve su rostro junto al mío. Cerré los ojos, y literalmente estuve saboreando sus cabellos, pues tenía un mechón rebelde bordeándome la boca. Casi inmediatamente me habló, y más que una oración fue como si estuviera tarareando una melodía: "Hola..." Y no necesitó decir absolutamente más nada. No era necesario.

Esta noche no puedo dormir. El calor no me deja y no suena música porque hace rato apagué el computador. La única luz que se ve es la del regulador de voltaje en una esquina del piso, que casualmente hoy parpadea. Pero no me molesta que en noches como ésta un recuerdo viajero me traiga una sonrisa a los labios. Un recuerdo de tiempos en los que las horas andaban al ritmo que uno les marcara, dependiendo de la intensidad con la que se fuera, mucho antes de que entrara toda la porquería que hace que las buenas cosas se terminen yendo por el excusado. En este instante, incluso me llega a la mente la misma música que sonaba en esa ocasión por la emisora. La ventana está abierta y la brisa se resiste a soplar. Me pregunto cómo estará ella en la distancia.

miércoles, 22 de junio de 2011

La máquina del tiempo

Unos años atrás, cuando éramos un poco más jóvenes y curiosos aún (lo seguimos siendo a estas alturas de la vida - afortunada o lamentablemente), en una oscura tarde en la universidad, una canción de Fito Páez escuchada en audífonos me hizo levantar el trasero e irme a mi casa con la suficiente inspiración para escribir la mía propia. Un tiempo y algunas canciones después, en un mes de febrero llegaron al mismo tiempo un compañero músico mucho más diestro y abierto, y la oportunidad de tocar par de esos temas en vivo. Aunque melodiosos, éramos todavía crudos y verdes, pero después de esa invitación llegó otra, y después otra, hasta que la evolución de los eventos llevó a la conclusión inevitable, un sueño anhelado desde los días en que aún no había salido de la secundaria y era un chaval no tan flaco, pero tristón: "Ey, man, hagamos la banda completa". Bajo ese grito de guerra nació Pranam.

Fueron buenos tiempos. Se tocó muy buena música. Pero fuimos inconstantes. Surgieron circunstancias y no cambiamos con ellas; en consecuencia nos estancamos y como bloque nos hundimos. Como escribe Noel Gallagher en la canción de Oasis, "we had the chance and we threw it away". El tiempo siguió su paso brutal.

Pero este año se presentó de nuevo la posibilidad de remendar eso. De despertar el dinosaurio y ponerlo de nuevo a andar como realmente amerita: los recién iniciados "Jueves del Bar en Concierto" del Gran Teatro del Cibao. "¿Quieres tocar allá este próximo 16 de junio? Armate un concierto y llégale", dijo el encargado de hacerme la propuesta. "Seguro", respondí, sin tener siquiera una mínima idea de qué iba a hacer. "¿Tiene nombre el grupo tuyo?" volvió a preguntar el señor. "Claro (...aliento contenido...) Pranam". Todo se volvió más claro. Y de ahí surgió la idea del show de "La máquina del tiempo". A todo el que nos preguntó le decíamos que el nombre era por ser un recorrido entre clásicos que todo el mundo conoce, con arreglos nuevos, más algunos de los temas propios que hacíamos en el pasado. Y así mismo era, pero en realidad, para nosotros, y especialmente para mi, "La máquina del tiempo" tenía una orientación diferente. Hacia el futuro. Hacia todas las mejores cosas que están todavía por venir y que comienzan a partir de ahora.


Hubo gente que se quedó por el camino. A veces uno siempre quiere que las personas con las que uno empieza algo sean las mismas que estén contigo un tiempo después, pero supongo que así no es como funciona el asunto. Ey, tampoco es que me queje. Si esta es la manera indicada para garantizarnos una permanencia y no cometer los mismos errores de antaño, adelante. Muchísimas gracias a todos los involucrados, son muchos para nombrar. Tanto a los que nos metieron la mano en su momento como a los que el jueves 16 de junio del 2011 se dieron cita en el Bar del Gran Teatro a las 9 de la noche para comprobar que se puede hacer buen rock n roll y lo mejor, disfrutarlo, sea ese su género musical predilecto o no. Es trabajo nuestro hacerlos cambiar de opinión. En todos estos años, ésta es la primera vez que puedo decir, sin sentir que estoy mintiendo: "Ahora hay Pranam para rato. Nos vemos pronto".



miércoles, 18 de mayo de 2011

Ida y vuelta por la carretera

Hace par de semanas recibí una invitación de parte de unos buenos amigos para acompañarlos a la tienda IKEA en Santo Domingo. Era sólo ir, buscar lo que iban a comprar y venir de vuelta. Tomé mi cámara, el bulto que nunca suelto y cogimos camino.


En comparación a otras ocasiones en las que ha estado sencillamente insoportable, ese domingo la carretera se mantuvo suave y fluida. Por instantes hasta agradable. En cierto momento, mezcla de casualidad y oportunidad, se mencionó en la conversación la famosa casa embrujada de La Vega, y dio el caso de que le íbamos pasando bien cerca. Así que sólo fue cuestión de ubicarla (tras un intento fallido, donde nos confundimos de sitio) para detenernos y verla. Personalmente yo no la conocía, salvo más que por reputación y en ciertas fotos y videos amateurs de YouTube.


En realidad me la imaginaba más despegada de la autopista hacia adentro, pero está justo al lado; es sólo que el exceso de maleza del frente la oculta. Tiene la adecuada dosis de misterio al estar un poco apartada del caserío que la precede, y tener un bosque tupido que comienza a subir en una loma justo detrás de ella. Me la encontré menos sombría por estar justo en sus umbrales apenas rozando el mediodía. Imagino que de estar ahí a las seis y media de la tarde opinaría de otra manera. Y nada, lamento decepcionarles. No vi fantasmas, ruidos raros ni mis equipos se dañaron.


El propósito del viaje en IKEA para hacerse de un sofá-cama y una mesa. El sofá no pudo conseguirse pero la mesa apenas cupo en el carro después. Hubo que sacarla de la caja y meterla al mejor estilo Tetris en el vehículo. Suerte que viene desarmada. Aquí está la bella dueña de la compra junto a su adquisición. Sus pensamientos iban bastante lejos, en parte para distraerse de lo incómoda que podía ir, en parte porque la rápida procesión de vehículos en las calles de la capital tienen un efecto hipnótico. Si se les queda viendo por mucho tiempo, adquieren un matiz casi slow mo.


Antes que se hiciera de noche, ya estábamos de regreso.