sábado, 23 de julio de 2011

Anécdota del subdesarrollo

Este pasado miércoles 20 de julio, la agrupación santiaguera El Trío tenía un concierto en el Barcelona Bar y Tapas, el único que realizaría en la ciudad durante el verano. La banda en la que participo, Pranam, íbamos a servir de teloneros. Las expectativas eran buenas. Y como es importante por lo que contaré más adelante, ubiquen el sitio: pleno centro histórico de Santiago de los Caballeros, en la calle Benito Monción, frente a Casa de Arte (sede del Festival Artevivo), y al lado de La 37 por Las Tablas (donde hasta hace un tiempo se realizaban los Lunes de Jazz). Una cuadra más adelante, como sabrán los que residen aquí, la Benito se topa con la Calle del Sol (la principal vía comercial), que desemboca justo en el Parque Duarte, eje cultural de la ciudad, en cuyos bordes se encuentran la Gobernación, el Viceministerio de Cultura Región Norte, el Centro de Recreo (donde también funciona el Canal 25), el Instituto de Cultura y Arte (ICA), la Catedral, el Centro de la Cultura, Francifol Bar y lo que era el restaurante Taj Habibi, que par de días a la semana tenían presentaciones en vivo (aún lo tienen, pero el negocio cambió de nombre). Como pueden ver, la locación de esta historia se encuentra en el mismo "ojo de la tormenta" del quehacer artístico de Santiago. Y por si no se enteraron, estamos en la mitad del año 2011.

                                                                       Crédito de imagen: Fuente Externa.

El poster promocional del concierto decía 8 y media de la noche, aunque todos sabemos que los dominicanos no brillamos precisamente por la puntualidad, y menos sobre todo en este tipo de eventos, donde es harto conocido que la gente tiene la costumbre de llegar súper tarde (como si el artista es quien tiene que esperar por el público, pero esa es ya otra historia). Sin embargo, nosotros como grupo abridor fuimos advertidos que de cualquier forma teníamos que comenzar a las 9.30 pm, para darnos un espacio de alrededor de 45 minutos, de modo que así, de diez y cuarto a diez y media, El Trío pudiera acomodarse en escena e iniciar su concierto, respetando de esta manera las normas de este país sobre ese tipo de eventos entre semana, y todo quede terminado para medianoche. No debía de haber problema.

Todo empezó bien. La gente estaba de buen ánimo, respetuosa. Cerca de la hora prevista, el bar apagó la música ambiental que sonaba por sus bocinas para darle espacio a Pranam de que iniciara la actividad. El sonido estaba en su punto, ni muy alto ni muy bajo para un espacio como el Barcelona. A quince minutos de las diez, nos despedimos para cederle la tarima a LA banda principal de la actividad. Las cosas seguían bien. Repito: No debía de haber problema.

Crédito de imagen: Fuente Externa.

Sin embargo, apenas instantes después, sin previo aviso, bajo la más absoluta sorpresa de todos los presentes, el lugar se llenó de policías. Primero de los agentes normales, esos del uniforme gris, después en la calle se sumó una camioneta más a las tres que ya habían, y llegaron de estos que tienen los chalecos negros, gorros y armas largas. Vinieron con su misma prepotencia de siempre, que una persona del vecindario se quejó "espantada", que el lugar estaba "repleto de homosexuales consumiendo drogas", con "un escándalo demasiado alto", a "esta hora de la noche". Una frase salió de la boca de uno de los agentes: "Se acabó la fiesta aquí". En pocos minutos, sin una orden por escrito, sin un fiscal que los respalde, procedieron a desmontar todas las bocinas del bar colocadas en las paredes y montarlas en las camionetas. Bocinas propias del negocio, que estaban APAGADAS, porque iba a comenzar El Trío. No valió razonar, de nada sirvió que los dueños del bar, un agradable grupo de españoles, tratara su mejor esfuerzo de dialogar con los agentes de que al menos reconsideraran su acción. Simplemente firmaron un formulario estrujado, les dijeron que pasaran a buscar sus bocinas al día siguiente, y se marcharon con el mismo aparataje que llegaron. Como nota al pie de página, es bueno aclarar que hoy sábado 23 de julio es la hora que los equipos todavía no aparecen.


                                                                          Crédito de imagen: Fuente Externa.

A lo mejor nos informaron mal, pero en lo personal creía que hacía muchísimo tiempo ese tipo de abusos y estupideces se habían superado. ¿Suspender de esa forma un concierto que se desarrollaba bajo la más absoluta tranquilidad, sin al menos un aviso, o nada? ¿Prácticamente robarse unos equipos que para colmo estaban apagados, y a casi una semana del suceso todavía nadie sabe dónde estén? Y todo eso, ¿en el centro histórico de la ciudad? ¿Al lado de todas las instituciones y espacios que desarrollan programas artísticos? Si no es aquí, ¿dónde pretenden que se haga? Hace por lo menos 25 años que Casa de Arte, el Centro de Recreo y el Centro de la Cultura realizan eventos en la zona. A esa hora de la noche. En calma. ¿Alegará el vecino que llamó a la policía que acaso él no sabía de nada de eso? ¿Enserio? Vuelvo: ¿Enserio? Es injustificable, no importa si recién se mudó ahí o si lleva mucho tiempo en el área. Y más que injustificable, es vergonzoso. Y asqueante.



                                                                           Crédito de imagen: Fuente Externa.

Por suerte todo el mundo permaneció tranquilo, y el sentido común se impuso. Aún a pesar de haberse desconectado todo, la música había dado su permiso para estar presente esa noche y El Trío, como los profesionales que son, decidieron seguir adelante, aunque sólo por media hora (hasta que rayaron las doce de la noche), y en plan tranquilo, como dicen, "a plantazos limpios". Sólo con el volumen de los amplificadores, y un micrófono conectado a uno de ellos para poder cantar. La gente lo disfrutó, la indignación se calmó un poco y lo que pudo haber resultado en un auténtico desastre terminó en una fuerte demostración de civismo.


                                                                             Crédito de imagen: Fuente Externa.

Felicitaciones al Trío y al público ahí presente por demostrar que son personas con modales, aunque ya eso lo sabíamos. Y a los responsables de la llamada, que "les molestaba el escándalo", en el bar "lleno de gays drogadictos", recuerden que el civismo es como la paciencia, llega hasta un punto. Traten de no pasarlo. Por favor que ésta sea la última vez.

5 comentarios:

Pachy dijo...

Muy bien llevada tu anécdota, felicidades por el blog :)

Karim López dijo...

Gracias!!
Vuelve a menudo!
.-K

Tirana2 dijo...

Muy, muy bueno. Muy bien logrado, me encanta la forma en que narras. Congrats! :)

Lucy dijo...

Excelente karim, que pena que el país que vivimos estamos rodeados de ignorantes. es difícil lograr tus sueños, pero no te desanimes nunca..."paciencia" sin límites, please...que bien lo hicieron..!felicidades!no hubo peor bofetada para esos inbéciles.

Sofi Zermoglio Ardoy dijo...

Que loco lo que pasó? y vos estabas ahí? y aparecieron al final los equipos?
"gays-homosexuales" que pena que haya gente en este mundo que señale a otros por sus elecciones sexuales... intolerantes.... rezo por ellos.
Vos? cuando volves a tocar?
Abrazo desde L.A.