viernes, 1 de julio de 2011

Modestia musical


                                                                             Crédito de imagen: Fuente Externa.

En la calle, afuera, el mundo seguía su curso rutinariamente acelerado. Todo un maratón carnavalesco y desorganizado de gente caminando sin mirar para los lados, cargando hacia adelante, mientras el ruido urbano cobraba con cada segundo que pasaba más pesado protagonismo. Carros, motocicletas, zapatos con suelas de plomo que sonaban como balazos al chocar con el suelo, buhoneros y pseudomúsicas que desde la distancia luchaban por hacerse sentir a cualquier precio.

En la habitación, adentro, ella sólo le prestaba atención a las melodías que hacía nacer del violín. Su mundo era completamente distinto al que le rodeaba, y cada nota que daba endurecía aún más la textura de la burbuja que la separaba del ruido de afuera; tan concentrada estaba. La música salía con la inocencia del novato y la técnica del virtuoso, bailabando juguetona por cada rincón del espacio como si quisiera reconocerlo, sin detenerse en ninguno. Por rendijas de puertas, por las hojas abiertas de las ventanas, la música encontró su camino afuera. Inundó el escándalo de los vendedores, limpió el polvo de las aceras, y las bocinas de los carros le fueron respetuosas. Por su lado, la ejecutante era ajena a todo esto, movía su cabeza hacia los lados si el ritmo se lo requería y mantenía los ojos cerrados para no perder la concentración. Sentía que empezaba a sudar. Afuera, hasta el aire se hizo menos contaminado. Las personas volvían sobre sus pasos; las expresiones cambiaban.

Al terminar la última nota, ella respiraba jadeante, las manos le temblaban y hasta pudo oír el seco sonido de una burbuja que explota, seguido por el timbre sordo del silencio. Su cuerpo se tambaleaba y tímidamente abrió los ojos, sólo para ver montones de personas congregadas a su alrededor, asomándose desde el lado afuera de la ventana, y en la puerta, con el manubrio aún en la mano. Se ruborizó. "Eso es lo más increíble que hemos oído", dijo el señor que sostenía la puerta, con la mirada de quien dice la verdad más absoluta. El grupo detrás suyo asintió con aprobación. Ella se limitó a sonreír, sus mejillas se pusieron rojas. "...Noo..Todavía no toco como debiera. Me falta..." respondió ella. "Mentira.." terció uno desde la ventana. Esa tarde todos volvieron a sus casas sintiéndose diferentes. Entrando a la suya, ella tenía una historia que contar para su madre en la cena.

3 comentarios:

Tirana dijo...

Me gustó, mucho.

Karim López dijo...

Gracias!!!
.-K

Sofi Zermoglio Ardoy dijo...

A mi tb me gustó mucho!!!!!