(09/30h). Providence, RI. USA. El Avon Theater ocupa la cuadra con la calma de quien ya vio pasar varias modas sin impresionarse con ninguna. Abrió en los años 30 del siglo XX y desde entonces ha cambiado de películas, dueños y promesas, pero nunca de gesto. El cartel de la marquesina enumera nombres y funciones sin jerarquía ni pudor, como si el tiempo aquí funcionara por superposición más que por cronología. Afuera, los paisanos se detienen lo justo; se mira el letrero, se calcula el costo, se decide si vale la pena. Nadie parece especialmente emocionado. El cine cumple, anunciando lo que viene. Lo demás, como siempre, queda en manos del público.

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