(26/30h). Montreal, QC. CAN. A finales del siglo XIX, en el Hotel Place D'Armes no se hospedaban viajeros, sino capital. El edificio fue originalmente casa bancaria, y donde hoy hay recepciones discretas, otrora hubo cuentas, firmas y decisiones tomadas con pluma pesada. Ahora las llaves sustituyen a los libros de contabilidad y el silencio se cobra por noche. La fachada Beaux-Arts conserva esa elegancia ligeramente teatral, como si supiera que siempre ha sido escenario de algo más. Esta ciudad tiene esa costumbre: lo que parece hotel fue banco, lo que parece pasado aún respira. La piedra organiza la esquina con ceremonia, pero dentro todo cambia de piel. Entre sus luces cáldas y ventanas alineadas con disciplina francesa, el edificio todavía ensaya su doble papel: memoria y presente, monumento y negocio. Algunas fachadas simplemente administran muy bien su biografía.

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