(28/30h). Montreal, QC. CAN. Las fachadas comparten con los humanos una característica inevitable: también envejecen. Algunas lo hacen como actores de teatro clásico, mostrando cada arruga con orgullo y sentido de performance. Otras prefieren una estrategia más cosmética. Aquí, la piedra gris exhibe sus siglos sin ningún pudor: grietas, manchas y todo el historial climático incluido. A su lado, la vecina roja parece haber decidido que una buena capa de maquillaje nunca le ha hecho daño a nadie. Lo curioso es que problablemente ambas tengan la misma edad. Una decidió aceptar sus piedras y mostrar belleza en ellas; la otra insiste en su liturgia del espejo. Supongo que hay lugares que permiten este tipo de menesteres: edificios que comparten siglo, pero no estilistas.

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