(27/30h). Montreal, QC. CAN. Desde el balcón del apartamento donde me hospedo en Montreal, la cruz del Mont Royal se ve cada noche en la distancia: pequeña, constante, como un signo de puntuación al final del skyline. Durante un par de días fue simplemente eso: una señal fija allá arriba, recordándole a la ciudad que alguien siempre está mirando. Ahora soy yo el que está aquí, bajo la cruz, observando Montreal desplegarse hacia abajo. Entre techos, calles y fachadas intento adivinar cuál de todos esos diminutos balcones era aquel desde donde la cruz parecía tan lejana. Tremenda ironía tienen algunas ciudades: se pasa uno días mirando un punto en el horizonte...hasta que se descubre que ahora el punto es uno mismo.

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