sábado, 17 de marzo de 2007
Diario de los sueños #2: Los rateros
El sueño:
Por razones que no alcanza a recordar todavía, Karim se encontró en su sueño robando un dinero que era propiedad de algún familiar suyo. Y ése no era un dinero cualquiera. Eran miles de papeletas guardadas en un saco gris de los que usan en Cemento Cibao. Al ojo por ciento él contó que debían de haber ahí millones de pesos en billetes de esos que tienen el color rojo, razón por la cual se limitó a sonreír de forma hipócritamente nerviosa, envolver el saco bien para evitar que algo de su preciado contenido se cayera, y emprender la huida. Como cómplice tenía a una anciana cascarrabias y poco brillante que según recordaba nunca había visto en su vida.
Tampoco daba Karim en saber el por qué huía tan aceleradamente (aunque de vista le parecía evidente), pero su fuga les llevó a una casa que al pararse en la acera y verla de enfrente, les pareció extrañamente pequeña. Estilo victoriano construido en mampostería, y pintado de azul. Sin embargo, una vez dentro, la misma pareció triplicar su tamaño, y él no paraba de mirar hacia ambos lados conforme iba pasando por los salones de la casa, sin salir de su asombro.
Se encerraron entonces en el baño, mientras trataban de conciliar un plan, sólo que para disgusto suyo, la anciana no estaba cooperando, sólo estorbando con preguntas inútiles y haciendo ruido. Se vio entonces Karim en el sueño con la sangre galopándole en la cabeza al escuchar en la casa murmullos de personas que llegaban. En su paranoia pensó que eran sus perseguidores, y pensó en salir del baño para hablarles explicándoles que se calmaran, que él no era responsable del robo, y así lo hizo. Mas se enfureció sobremanera al regresar a su baño y ver que la anciana se había gastado una muy buena parte del dinero en artículos de plata y elefantes en miniatura. “Mira qué lindos” le decía ella “¿no quedan bien en la mesa de la sala?” “¡Estúpida!” le gritó él, y varios reproches de elevado volumen que hizo que los murmullos de la casa se dirigieran esta vez hacia donde ellos estaban. Rápidamente, Karim comprendió que de descubrirlos, estaba todo perdido. Sacó todo el dinero del saco y lo escondió entre sus ropas lo mejor que pudo, tiró gran parte de los elefantes en miniatura por el sanitario, dejó a la anciana en su mismo rincón y (estúpidamente, por cierto) salió corriendo, cruzándole por al lado a sus perseguidores como un rayo. Como en la parte frontal de la casa habían más personas, tuvo la “brillante” idea de correr hacia el patio de atrás.
El patio trasero y la ciudad limitaban en el gran muro de concreto que había al final del mismo, coronado con unos hierros verticales en la parte superior. Tras ellos, el cielo era rojo, y la ciudad robusta llena de edificios y casas victorianas era reemplazado por el desierto, marrón e inmenso, que en el horizonte era cortado por una cadena de montañas. Karim se vio trepando ese muro como el mejor de los gatos, mas un tanto pesado por todos los billetes que traía encima. Antes de despertar del sueño, metió la cabeza entre los hierros a la vez que uno de sus perseguidores le tomara por el pie. Con un rápido movimiento se le escabulló y se metió por los hierros, y vio hacia delante, con la luz del atardecer entre las montañas dándole en la cara. Frente a él, el desierto.
Por razones que no alcanza a recordar todavía, Karim se encontró en su sueño robando un dinero que era propiedad de algún familiar suyo. Y ése no era un dinero cualquiera. Eran miles de papeletas guardadas en un saco gris de los que usan en Cemento Cibao. Al ojo por ciento él contó que debían de haber ahí millones de pesos en billetes de esos que tienen el color rojo, razón por la cual se limitó a sonreír de forma hipócritamente nerviosa, envolver el saco bien para evitar que algo de su preciado contenido se cayera, y emprender la huida. Como cómplice tenía a una anciana cascarrabias y poco brillante que según recordaba nunca había visto en su vida.
Tampoco daba Karim en saber el por qué huía tan aceleradamente (aunque de vista le parecía evidente), pero su fuga les llevó a una casa que al pararse en la acera y verla de enfrente, les pareció extrañamente pequeña. Estilo victoriano construido en mampostería, y pintado de azul. Sin embargo, una vez dentro, la misma pareció triplicar su tamaño, y él no paraba de mirar hacia ambos lados conforme iba pasando por los salones de la casa, sin salir de su asombro.
Se encerraron entonces en el baño, mientras trataban de conciliar un plan, sólo que para disgusto suyo, la anciana no estaba cooperando, sólo estorbando con preguntas inútiles y haciendo ruido. Se vio entonces Karim en el sueño con la sangre galopándole en la cabeza al escuchar en la casa murmullos de personas que llegaban. En su paranoia pensó que eran sus perseguidores, y pensó en salir del baño para hablarles explicándoles que se calmaran, que él no era responsable del robo, y así lo hizo. Mas se enfureció sobremanera al regresar a su baño y ver que la anciana se había gastado una muy buena parte del dinero en artículos de plata y elefantes en miniatura. “Mira qué lindos” le decía ella “¿no quedan bien en la mesa de la sala?” “¡Estúpida!” le gritó él, y varios reproches de elevado volumen que hizo que los murmullos de la casa se dirigieran esta vez hacia donde ellos estaban. Rápidamente, Karim comprendió que de descubrirlos, estaba todo perdido. Sacó todo el dinero del saco y lo escondió entre sus ropas lo mejor que pudo, tiró gran parte de los elefantes en miniatura por el sanitario, dejó a la anciana en su mismo rincón y (estúpidamente, por cierto) salió corriendo, cruzándole por al lado a sus perseguidores como un rayo. Como en la parte frontal de la casa habían más personas, tuvo la “brillante” idea de correr hacia el patio de atrás.
El patio trasero y la ciudad limitaban en el gran muro de concreto que había al final del mismo, coronado con unos hierros verticales en la parte superior. Tras ellos, el cielo era rojo, y la ciudad robusta llena de edificios y casas victorianas era reemplazado por el desierto, marrón e inmenso, que en el horizonte era cortado por una cadena de montañas. Karim se vio trepando ese muro como el mejor de los gatos, mas un tanto pesado por todos los billetes que traía encima. Antes de despertar del sueño, metió la cabeza entre los hierros a la vez que uno de sus perseguidores le tomara por el pie. Con un rápido movimiento se le escabulló y se metió por los hierros, y vio hacia delante, con la luz del atardecer entre las montañas dándole en la cara. Frente a él, el desierto.
miércoles, 13 de diciembre de 2006
Lugares a los que ir antes de morir
Créditos de imagen: Fuente Externa.

Bosque con estrellas en la noche, nada más por el placer de sentarme sobre el suelo a verlas sin pensar ni hacer más nada.

La carretera sin almas a la vista con la cual peinar mi Escarabajo en ella. Sólo hace falta bajar los cristales y poner un buen cd de Oasis.

La jungla de concreto, mis amigos. A veces ella y sus animales tienen más que enseñarnos que lo que estamos dispuestos a reconocer.

Ni hablar. Requisitos: una guitarra, fósforo, una buena linterna y alguien a quien abrazar para cuando canten los grillos. Puntos extras si hay un río cerca, aunque por la súper neblina no se considera en realidad necesario.

La playa. La luna. ¿Hay que decir algo más?

El Escarabajo bajo el cielo de la aurora boreal. Esta vez con una pieza de las épicas de Yes. Larga y melódica. Después de ahí, el universo.

Bosque con estrellas en la noche, nada más por el placer de sentarme sobre el suelo a verlas sin pensar ni hacer más nada.

La carretera sin almas a la vista con la cual peinar mi Escarabajo en ella. Sólo hace falta bajar los cristales y poner un buen cd de Oasis.

La jungla de concreto, mis amigos. A veces ella y sus animales tienen más que enseñarnos que lo que estamos dispuestos a reconocer.

Ni hablar. Requisitos: una guitarra, fósforo, una buena linterna y alguien a quien abrazar para cuando canten los grillos. Puntos extras si hay un río cerca, aunque por la súper neblina no se considera en realidad necesario.

La playa. La luna. ¿Hay que decir algo más?

El Escarabajo bajo el cielo de la aurora boreal. Esta vez con una pieza de las épicas de Yes. Larga y melódica. Después de ahí, el universo.
lunes, 11 de diciembre de 2006
Diario de los sueños # 1: Los desarmadores de bombas
El sueño:
Todo día era igual en la alborotada pero siempre plácida Plaza Internacional de la ciudad de Santiago. Sin embargo, en la mañana de ese jueves dicho plácido alboroto fue alterado por la noticia de una bomba de tiempo en el establecimiento de alquiler de videos. El terrorista había colocado el artefacto y un video de sus peticiones para ser proyectado en uno de los televisores que, por el corredero producto del pánico causado por la noticia, quedó roto, por lo que nadie supo si dicho individuo quería dinero, liberación de rehenes o simplemente atentar contra el máximo símbolo de la sociedad consumidora. Lo que sí todo mundo quedó claro, era que en tres horas, ni más ni menos, y si alguien probaba lo contrario, la imponente fortaleza del comercio quedaría reducida a las cenizas.
Para resolver dicho atentado no había que buscar mucho, y lo más pronto que pudieron llegaron a escena los mejores desarmadores de bombas de ciudad, Skander (alias El Hacker) Binet y Karim López. Por suerte pudieron encontrar carro público temprano, al estar el Volkswagen Escarabajo que les servía de transporte internado por problemas eléctricos. Rápidamente pusieron a manos a la obra, tras evacuar a los mirones que se acercaron demasiado al área de próxima detonación.
Por largo período de tiempo nuestros héroes trataron con sus artefactos todo lo posible para desarmar la bomba, pero no daban con el cable que tenían que desconectar para evitar su explosión. Al parecer, el terrorista utilizó tecnología bastante nueva y extranjera para la construcción de su artefacto, y el dúo no terminaba de dar con la solución. Es entonces cuando el señor Binet propone la salida para descargar sus mentes de la presión y atacar el problema con la cabeza fría: "Vamos a bebernos un refresco ahí arriba. Esto está muy difícil". Y como todavía tenían tiempo, así lo hicieron.
Tiempo después, volvieron al trabajo pero todos sus intentos fueron infructuosos. Sin embargo, faltando exactamente un minuto, el señor López vio la luz de la claridad en medio de la desesperación y le sugirió a su compañero cortar el cable rojo. Y por supuesto, como soluciones en medio de la desesperación nunca son las mejores, dicha acción provocó que su tiempo se redujera a poco menos de diez segundos, lo suficiente para gritar, dejar todos sus bultos tirados, decirles a todos que se quiten y lanzarse hacia el matorral más cercano para escapar de la violenta detonación.
Dicho sueño termina con el señor López levantando la cabeza para observar y encontrarse con la tapa de un baúl de vehículo dirigida con fuerza hacia donde él se encuentra. Después todo se volvió negro. Lo último que se escucha antes de despertar es la voz del Hacker que dice: "Bueno, por lo menos la plaza ésta era una porquería".
Todo día era igual en la alborotada pero siempre plácida Plaza Internacional de la ciudad de Santiago. Sin embargo, en la mañana de ese jueves dicho plácido alboroto fue alterado por la noticia de una bomba de tiempo en el establecimiento de alquiler de videos. El terrorista había colocado el artefacto y un video de sus peticiones para ser proyectado en uno de los televisores que, por el corredero producto del pánico causado por la noticia, quedó roto, por lo que nadie supo si dicho individuo quería dinero, liberación de rehenes o simplemente atentar contra el máximo símbolo de la sociedad consumidora. Lo que sí todo mundo quedó claro, era que en tres horas, ni más ni menos, y si alguien probaba lo contrario, la imponente fortaleza del comercio quedaría reducida a las cenizas.
Para resolver dicho atentado no había que buscar mucho, y lo más pronto que pudieron llegaron a escena los mejores desarmadores de bombas de ciudad, Skander (alias El Hacker) Binet y Karim López. Por suerte pudieron encontrar carro público temprano, al estar el Volkswagen Escarabajo que les servía de transporte internado por problemas eléctricos. Rápidamente pusieron a manos a la obra, tras evacuar a los mirones que se acercaron demasiado al área de próxima detonación.
Por largo período de tiempo nuestros héroes trataron con sus artefactos todo lo posible para desarmar la bomba, pero no daban con el cable que tenían que desconectar para evitar su explosión. Al parecer, el terrorista utilizó tecnología bastante nueva y extranjera para la construcción de su artefacto, y el dúo no terminaba de dar con la solución. Es entonces cuando el señor Binet propone la salida para descargar sus mentes de la presión y atacar el problema con la cabeza fría: "Vamos a bebernos un refresco ahí arriba. Esto está muy difícil". Y como todavía tenían tiempo, así lo hicieron.
Tiempo después, volvieron al trabajo pero todos sus intentos fueron infructuosos. Sin embargo, faltando exactamente un minuto, el señor López vio la luz de la claridad en medio de la desesperación y le sugirió a su compañero cortar el cable rojo. Y por supuesto, como soluciones en medio de la desesperación nunca son las mejores, dicha acción provocó que su tiempo se redujera a poco menos de diez segundos, lo suficiente para gritar, dejar todos sus bultos tirados, decirles a todos que se quiten y lanzarse hacia el matorral más cercano para escapar de la violenta detonación.
Dicho sueño termina con el señor López levantando la cabeza para observar y encontrarse con la tapa de un baúl de vehículo dirigida con fuerza hacia donde él se encuentra. Después todo se volvió negro. Lo último que se escucha antes de despertar es la voz del Hacker que dice: "Bueno, por lo menos la plaza ésta era una porquería".
domingo, 22 de octubre de 2006
Electrónicamente hablando
Como quien le roba a uno las palabras de la boca, mi amiga Ambar expresó justo lo que venía estado pensando yo mismo sobre esta nueva moda de la música electrónica. Y entonces, para no tratar de romperme la cabeza pensando en algo nuevo o diferente que decir yo, y menos todavía para no plagiarle todo lo que escribió ella, aquí les paso la transcripción completa de su post, llamado "Electrónicamente hablando". Reproducción autorizada (a la espera nomás que me responda el mail que le mandé):
"Friday, June 30, 2006
Electrónicamente hablando
No se qué me pasa. Excluyo el hecho de que sea chapada a la antigua, pero no sé por qué la música electrónica y yo simplemente no nos llevamos. Amo la música en sentido general y como todos tengo mis preferencias. Respetando la opinión de los amantes de lo electrónico, esta tarde tengo ganas dejar entrever entre líneas mi opinión acerca del tema.
La música electrónica es para el jevito lo que es el reggaeton para el “You”. No lo entiendo, si alguien quiere, que venga y me lo explique. Parece que estoy vieja, no aguantaría una noche completa en trance con esta música; las primeras dos horas estoy bien, brinco, salto y luego ya lo que quiero es irme pa’ mi casa porque en ese punto, todo me suena igualito. ¿Dónde quedo Silvio, Pablo, Serrat, Pavel, Drexler, Fito, Cerati, Pedro Guerra? Por qué Orange gasta taaanto billete en ese solo género? ¿Qué pasó? Escribieron todos los géneros musicales en papelitos, hicieron bolitas con ellos, lo metieron en una funda reciclada que previamente fue la santa cripta donde reposaba una bella e inmaculada tostada de queso y dos bolitas de yuca que mandó a preparar uno de la Alta Gerencia en la cafetería “La Económica” y al azar, el primer papelito que salió fue ese.
Pariguayo no tiene suerte, ya a nosotros los “Bohemios” no nos quieren, no somos un grupo o mercado que vende, la verdad la mayoría siempre estamos arrancados (los cigarrillos están medio caribes), pero sí hay que admitir que somos un público fiel. Orange Dominicana, por favor tome esto en cuenta.
Existen ciertos elementos que no faltan a la hora de que se arme un bonche electrónico:
· Las boletas se acaban de una vez, porque todo aquel que era “metal” , “ rockero” , “poser” o lo que sea, ahora es devoto a la música electrónica porque está “in”.
· To’ el mundo es bonito o al menos eso cree uno, las revistas se encargan (Bonche, Uepa…) de tirarle fotos a la gente “linda”,“In” o “guaimimai” pa’ que después te mueras de envidia cuando veas las fotos de que te perdiste ese mega concierto.
· To’ el mundo trata de ir vestidito de blanco, colores pasteles o poca tela.
· Gafas oscuras y grandes para ocultar el desmadre, el deguañingue o como le quieran llamar. Esas están a tres por chele.
· Todo el mundo brinca pero como que nadie no suda (vaya genes los de los electrónicos).
¿Qué pasó con el Rock, Jazz, Trova, Fusiones? Ya nadie quiere letras en las canciones, ya nadie quiere poesía, ya todo esta dicho, ya nadie se enamora, ahora slo fornican, ya nadie se expresa, ahora solo brincan.
Espero estar totalmente equivocada, out o como le quieran decir, Yo por mi parte seguiré apoyando el talento dominicano, la música de palos, los atabales, las salves, Bayaguana, el jazz, Fellé vega, Jonathan Piña, los lunes en “Aleína”, El Centro León, Batey Cero, Plasma, Casa de la Cultura, Patricia Pereyra, El Trío,Pranam, Puerto Plata Jazz Ensamble etc., y la buena música en general, porque cada vez que los encuentro a ellos, me encuentro a mi misma."
Pueden acceder al blog de Ambar, "Carambao", y ver el artículo en el siguiente link: http://licuando.blogspot.com/2006_06_01_licuando_archive.html.
Gracias Ambar.
"Friday, June 30, 2006
Electrónicamente hablando
No se qué me pasa. Excluyo el hecho de que sea chapada a la antigua, pero no sé por qué la música electrónica y yo simplemente no nos llevamos. Amo la música en sentido general y como todos tengo mis preferencias. Respetando la opinión de los amantes de lo electrónico, esta tarde tengo ganas dejar entrever entre líneas mi opinión acerca del tema.
La música electrónica es para el jevito lo que es el reggaeton para el “You”. No lo entiendo, si alguien quiere, que venga y me lo explique. Parece que estoy vieja, no aguantaría una noche completa en trance con esta música; las primeras dos horas estoy bien, brinco, salto y luego ya lo que quiero es irme pa’ mi casa porque en ese punto, todo me suena igualito. ¿Dónde quedo Silvio, Pablo, Serrat, Pavel, Drexler, Fito, Cerati, Pedro Guerra? Por qué Orange gasta taaanto billete en ese solo género? ¿Qué pasó? Escribieron todos los géneros musicales en papelitos, hicieron bolitas con ellos, lo metieron en una funda reciclada que previamente fue la santa cripta donde reposaba una bella e inmaculada tostada de queso y dos bolitas de yuca que mandó a preparar uno de la Alta Gerencia en la cafetería “La Económica” y al azar, el primer papelito que salió fue ese.
Pariguayo no tiene suerte, ya a nosotros los “Bohemios” no nos quieren, no somos un grupo o mercado que vende, la verdad la mayoría siempre estamos arrancados (los cigarrillos están medio caribes), pero sí hay que admitir que somos un público fiel. Orange Dominicana, por favor tome esto en cuenta.
Existen ciertos elementos que no faltan a la hora de que se arme un bonche electrónico:
· Las boletas se acaban de una vez, porque todo aquel que era “metal” , “ rockero” , “poser” o lo que sea, ahora es devoto a la música electrónica porque está “in”.
· To’ el mundo es bonito o al menos eso cree uno, las revistas se encargan (Bonche, Uepa…) de tirarle fotos a la gente “linda”,“In” o “guaimimai” pa’ que después te mueras de envidia cuando veas las fotos de que te perdiste ese mega concierto.
· To’ el mundo trata de ir vestidito de blanco, colores pasteles o poca tela.
· Gafas oscuras y grandes para ocultar el desmadre, el deguañingue o como le quieran llamar. Esas están a tres por chele.
· Todo el mundo brinca pero como que nadie no suda (vaya genes los de los electrónicos).
¿Qué pasó con el Rock, Jazz, Trova, Fusiones? Ya nadie quiere letras en las canciones, ya nadie quiere poesía, ya todo esta dicho, ya nadie se enamora, ahora slo fornican, ya nadie se expresa, ahora solo brincan.
Espero estar totalmente equivocada, out o como le quieran decir, Yo por mi parte seguiré apoyando el talento dominicano, la música de palos, los atabales, las salves, Bayaguana, el jazz, Fellé vega, Jonathan Piña, los lunes en “Aleína”, El Centro León, Batey Cero, Plasma, Casa de la Cultura, Patricia Pereyra, El Trío,Pranam, Puerto Plata Jazz Ensamble etc., y la buena música en general, porque cada vez que los encuentro a ellos, me encuentro a mi misma."
Pueden acceder al blog de Ambar, "Carambao", y ver el artículo en el siguiente link: http://licuando.blogspot.com/2006_06_01_licuando_archive.html.
Gracias Ambar.
Sobre el darle a las cosas más mente de lo que se merecen
Nunca deja de sorprenderme el hecho de que nosotros, como seres humanos y de seguro única especia sobre este planeta que se preocupa (léase: "preocupar": volverse loco ) por las cosas que pasan y que posiblemente pasarán, a fin de cuentas seamos tan poco consecuentes cuando los hechos realmente suceden.
Y no es que estas cosas por las que pensemos tanto no tengan importancia en sí, pues en su relativa medida las tienen, pero lo realmente sorprendente del caso es cómo no le damos ninguna una vez nos pasan por la vida y nos acostumbramos a dejarlas atrás. En el colegio, cuando éramos estudiantes de promoción a punto de salir para entrar en la universidad, era común encontrarse con las escenas de novelas de amigos y amigas abrazados casi al llanto diciendo cómo nunca iban a olvidarse y cómo siempre iban a tratar de buscarse. Ahora, ya graduados de la universidad, te los encuentras por la calle y les preguntas por los otros y te responden: "Ni idea, yo tengo siglos que ni los veo". Cuando estaba a mitad de la carrera, y el 90% de mi vida transcurría entre las paredes y los árboles de la universidad, sentía que tendría una sensación rara el día que saliera de todo esto y no tuviera que volver a la PUCMM tan seguido. Par de años después, con una sola materia y con el 90% de mi vida transcurriendo fuera de ella, ni me sorprende ni se me hace un nudo en el estómago de pensar que no es el gran papelón el no tener que estar entrando por esa puerta todos los días. Es más, cuando lo hago ahora hasta me pesa.
Semejante pensamiento me ocupaba trabajando en el aeropuerto: "Vaya, esto es tan movido y dinámico que el día que no esté aquí me voy a sentir aburrido". Ahora que nuestra turbulenta historia de amor terminó y estoy por corto tiempo en la compañía de los desempleados, ni estoy aburrido ni me hace mucha falta. Es más, ahora disfruto de los fines de semana libre que por más de un año me estuve privando.
Y si nos ponemos, de seguro estaré tentado a pensar lo mismo respecto a la vida y la muerte: "La paso tan bien viviendo que cuando me llegue el momento me voy a cagar en los pantalones". Apuesto lo que me queda del dinero de la liquidación que cuando llegue y se pase a lo próximo que se tenga que pasar, ni me voy a enterar.
Y no es que estas cosas por las que pensemos tanto no tengan importancia en sí, pues en su relativa medida las tienen, pero lo realmente sorprendente del caso es cómo no le damos ninguna una vez nos pasan por la vida y nos acostumbramos a dejarlas atrás. En el colegio, cuando éramos estudiantes de promoción a punto de salir para entrar en la universidad, era común encontrarse con las escenas de novelas de amigos y amigas abrazados casi al llanto diciendo cómo nunca iban a olvidarse y cómo siempre iban a tratar de buscarse. Ahora, ya graduados de la universidad, te los encuentras por la calle y les preguntas por los otros y te responden: "Ni idea, yo tengo siglos que ni los veo". Cuando estaba a mitad de la carrera, y el 90% de mi vida transcurría entre las paredes y los árboles de la universidad, sentía que tendría una sensación rara el día que saliera de todo esto y no tuviera que volver a la PUCMM tan seguido. Par de años después, con una sola materia y con el 90% de mi vida transcurriendo fuera de ella, ni me sorprende ni se me hace un nudo en el estómago de pensar que no es el gran papelón el no tener que estar entrando por esa puerta todos los días. Es más, cuando lo hago ahora hasta me pesa.
Semejante pensamiento me ocupaba trabajando en el aeropuerto: "Vaya, esto es tan movido y dinámico que el día que no esté aquí me voy a sentir aburrido". Ahora que nuestra turbulenta historia de amor terminó y estoy por corto tiempo en la compañía de los desempleados, ni estoy aburrido ni me hace mucha falta. Es más, ahora disfruto de los fines de semana libre que por más de un año me estuve privando.
Y si nos ponemos, de seguro estaré tentado a pensar lo mismo respecto a la vida y la muerte: "La paso tan bien viviendo que cuando me llegue el momento me voy a cagar en los pantalones". Apuesto lo que me queda del dinero de la liquidación que cuando llegue y se pase a lo próximo que se tenga que pasar, ni me voy a enterar.
jueves, 12 de octubre de 2006
Los otros buenos deseos

Crédito de imagen: Fuente Externa.
Aquí ahora a manera de duplicar con nuevos buenos deseos como lo hice en un post anterior. Disculpen la poca profesionalidad, pero ahora mismo no recuerdo la fecha de ese. Abril, sin mal no recuerdo. Mucha agua ha llovido hasta entonces, y muchas expectativas se han barrido con ella.
Adiós Servair (quizás ya era hora para ti, me vas a extrañar). Hola no sé quién venga ahora. Mientras tanto, y si los mails con los miles de buenos deseos sigan llegando deseando paz para la humanidad, fin de las guerras y que Osama Bin Laden se entregue, tengo yo mi nueva tanda de (buenos) deseos. Buenos para mí al menos, no sé qué tantos de buenos tenga para los demás, ya esta vez no soñando con observatorios astronómicos ni casas en la cima de una colina (aunque me quedo callado con lo del sexo maratónico y orgasmos increíbles).
Mis deseos son los siguientes: quiero conseguir un empleo que me de mejor salario; con éste, quiero terminar de pagar mis deudas; quiero tener libres los fines de semana; quiero llegar al fin de las clases de Diseño en paz y todo en orden (y pasar, por supuesto); quiero un Volkswagen Escarabajo y con él andar hasta en los rincones escondidos de mi casa; quiero ir a un concierto de Rush, y quiero tocar guitarra hasta que se me caigan los dedos. Quiero coger carretera todo un fin de semana. Quiero morirme antes que mi amigo no se levante, y darle un beso bien largo a CT, para que no perdamos la costumbre. Y tal vez para que nadie la pierda con mi persona, quiero mandar a la mierda a todos los que no estén de acuerdo conmigo. Llámenle a eso libertad de expresión. Etcétera.
Quiero, a partir de ahora, como dice una buena amiga, "viajar ligero".
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