viernes, 22 de enero de 2010

5 cosas que cambiaría de ANDREA


Como tantos otros en su tiempo, yo también fui al cine cuando la película "Andrea" se estrenó, por allá en el 2005. Debo confesar que me encantan las películas de misterio, y aunque ésta particularmente no me molestó, también admito que he visto cintas muchísimo mejores que esa. Pero el asunto quedó ahí, sin mayores altibajos. Pasado el boom y la novedad, las luces de la sala se encendieron, y todos como público rodamos hacia mejores cosas.

Con el tiempo, recientemente, la vi de nuevo, gracias al excelente servicio de convencimiento de los vendedores de dvd callejeros (lo reconozco...y qué). Y realmente créanme que no es lo mismo ver algo en compañía de decenas de personas entusiastas por algo, que ver lo mismo en la soledad de una habitación, donde uno no es precisamente de esos entusiastas voceadores del cine. Y con esta nueva revisión, me molesté. Y bastante. Está bien el hecho de que el cine dominicano está en pañales, y que para todo aquí hay que coger muchísima lucha. Yo entiendo. También el que hay que apoyar. Súper. Yo lo hice cuando fui y pagué la entrada. Pero una película debe contar una historia, y debe hacerlo bien. "Andrea" sencillamente no lo hace. No importa si el film es dominicano, español, gringo, o de una de las lunas de Júpiter. El fino arte de narrar buenas historias tiene las mismas reglas en todos los lados.

Pero sin embargo, a mí no me gusta criticar por criticar. Eso lo hacen todos los "críticos" de cine de este país, que ninguno de ellos ha hecho una película para justificar de si en verdad saben o no. A continuación, las cosas que me molestan de "Andrea", y cómo las hubiera resuelto, de haber sido yo quien rodara ese largometraje:

1-) El taxista. La mayoría de películas de terror, tienen lo que se llama el "comic relief", léase el personaje cómico que sale siempre con alguna pendejada para aliviar un poco la tensión que se haya creado en la historia, de ser necesario. Una forma de darle un respiro al público. Pero aquí, definitivamente se pasaron. Y el culpable es el director por no jalarle la soga para atrás cuando los arranques de humor de este personaje eran demasiados obvios. Un film de misterio necesita una atmósfera de peligro, y el taxista tira toda esa atmósfera por el piso, al provocar risas que no deben de ir, en casi todos los momentos en que él las convoca. Una mejor solución hubiese sido matarlo durante la secuencia en la que él y el papá de Andrea la persiguen por el monte. Le hubiese dado a la trama un peso dramático que sólo se consigue cuando se le transmite a la audiencia la sensación de que nadie está seguro ahí, ni siquiera un "favorito" entre los personajes. Lo que, hablando de muertes, nos lleva a:

2-) El señor a quien el espíritu ahorca casi al final (el tío, me parece). Fue un recurso barato salir con que él siguió vivo después; yo le hubiese dejado muerto. Eso es miedo de parte del guionista, que quiere jugar seguro en todo aquí. Y lamentablemente con "Andrea", en todo momento quieren jugar seguro, casi obligando a que el final sea feliz (para evitar las acusaciones de "clavo" de parte del público).

3-) A propósito de final feliz, el repentino amor entre el papá de Andrea y la joven de la casa es traído por los pelos, como si Andrea de repente se convirtió en Cupido, unió las manos de ambos personajes y floreció el amor para que fueran felices por siempre. Por favor. Seamos más serios. Muchísimo más efectivo sería si a lo largo de la historia se notara la fuerte atracción que hay entre ellos, e incluso mejor se ilustrara de haber una escena con un roce, algún besuqueo o entretenimiento de adultos, que de repente se viera interrumpido por algo inesperado(un ruido, la abuela, Andrea que se levantó, hasta un freaking gato que salte por una ventana). Sé que suena un poco cliché, pero hasta un cliché es mejor que algo entrado a zapatazos al final.

4-) El espíritu este que atormenta a Andrea no tiene ningún sentido. Nadie sabe lo que es, no por la ambiguedad misteriosa que se esperaría de una figura como él, sino por una serie de inconsistencias que nos llevan a rascarnos la cabeza. Si él es un espíritu, y está muerto, ¿por qué hay que ahorcarlo al final? Eso nunca funcionó con Jason en ninguna de las partes de "Viernes 13", y milagrosamente con éste sí (para detrimento de Jason, de quien soy fan...tal vez este tipo conoce algún truco que el anterior no). Sin decir de que luego que se ahorca se prende en fuego él solo. Para derrotarlo mejor hubiese estado algún exorcismo raro que hiciera el brujo ese tan parecido a Relámpago Hernández. O que el espíritu posea a una persona, donde ésta fuera su forma física. Exterminando esa persona, se logra una forma de salir del espíritu, al menos hasta que no se le pase a otro. Algo parecido a lo que sucedió al final del Exorcista. Mi sugerencia: reescribir la escena donde el muerto ahorca al tío de Andrea, y que mejor se le monte, para que así los demás no sepan qué hacer con él, creando más peligro y confusión. (En una nota aparte, debo de reconocer que el efecto del muerto éste por momentos se ve súper bien, con el cuerpo medio fosforescente. En otros momentos parece que está cubierto de luciérnagas que le caminan encima).

5-) El final final. Después que el espíritu atormentador es derrotado, todos sonríen y entran a la casa, me imagino que a preparar un sancocho en celebración del triunfo del bien sobre el mal. Fin. Suben los créditos. Encienden las luces, vámonos de aquí. Le falta algo a ese final. Demasiado feliz. Demasiado optimista. El cinismo que muchas veces caracteriza a las mejores películas de terror no se ve por parte ahora. Un final mucho más efectivo sería si todos van entrando a la casa, aliviados por la "resolución" del asunto pero cansados por el trajín de esa noche (debe cansar el tratar de vencer a un ser de ultratumba). Se ve un movimiento de cámara desde el árbol en donde el espíritu hubiera caído, y se va moviendo rápido, como si la cámara fueran los ojos de algo que se puso en acción. Ese algo va adquiriendo velocidad, corre por el patio, se acerca peligrosamente a la casa, donde Andrea es la última que va entrando, la música se torna intensamente más alta, Andrea se voltea, abre los ojos con miedo ante lo que se abalanza sobre ella, y grita aterrorizada. Pantalla en negro. Créditos. Muy Evil Dead, yo sé, pero al menos todos nos vamos contentos.

Es muy lindo soñar. Y con esto no estoy echando abajo un trabajo hecho con esfuerzo, como el director Bencosme y todo el equipo a "guayadera de yuca" hicieron. Sólo como parte de un público que está ahí afuera pido una mejor atención hacia los detalles para la próxima vez. Sólo un poco más. No pesa.

martes, 29 de diciembre de 2009

Ironías

Santiago de los Caballeros. Miércoles. Hora: 12 y media del mediodía. Sol brillante, calor más brillante aún. Avenida 27 de febrero, cerca del sector Las Colinas. Estoy esperando uno de los autobuses "Banderita" para evitarme el incómodo e innecesario tránsito por el centro de la ciudad que un concho de la ruta A me daría. Sin embargo, llevo 20 minutos esperando el autobús. "Debe ser la hora". Puedo esperar 5 más, a lo sumo.

30 minutos más tarde, cambio de parecer. Mejor tomo una ruta A, que es lo que todo este tiempo ha estado pasando en oleadas mientras yo espero el autobús que nunca llega. "Pero es que no quiero entrar al centro, me retrasaría". No importa. Necesito llegar y estoy perdiendo tiempo.

Sin embargo, y como si me leyeran el pensamiento, los que escasean son los carros de la ruta. Diez minutos más espero, sin resultado. Me empiezo a desesperar de veras. Y en eso, como una visión sacada de espejismo del desierto, en medio del calor y la humedad, se ve la borrosa imagen de un auto con el rótulo de A pegado al vidrio. Escucho su viejo motor funcionando mientras se acerca. Le hago señas para detenerse. Lo hace a diez pasos de mi, roceándome todo el humo negro que desprende su retaguardia mohosa. Me acerco con rapidez, aún no del todo satisfecho por el cambio de ruta que me daría. Mientras trato de acomodarme, con medio cuerpo fuera del vehículo, puedo ver el autobús Banderita pasando a toda velocidad por el lado mío.

martes, 1 de diciembre de 2009

Invisible


Crédito de imagen: Fuente Externa.

Me siento como si no estuviera aquí, como si el mundo que estoy mirando a través de mis ojos es el reflejado por medio de una pantalla de televisión, retransmitido por satélite, y que por mi parte yo estoy a millones de kilómetros de distancia.

Las personas cruzan desorganizadas alrededor mío, y en verdad en cualquier momento espero que me atraviesen, sin darse cuenta de que estoy en su camino. Me siento invisible, inmaterial, como un mero espectador del caos que es esa obra de teatro que lleva por nombre vida, desarrollándose justo enfrente de mi. Incluso ignoro si debiera de aplaudir cuando esa función se termine. Pero si acaso termina, me veo entonces transportado hacia otro escenario, otra circunstancia, donde sigo cumpliendo mi papel de testigo, y donde poco influye mi opinión o punto de vista al desenlace final.

Y ahora mismo no sé si quisiera ser yo el que observa, o el que actúa. El que escribe o el personaje cuyas aventuras leen. El pintor o la pintura. Si fundirme hacia afuera, o hacia dentro. Ahora mismo no sé qué hora es, ni me interesa.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Diario de los sueños #4: El gritar antes de estrellarse.

Karim se vio en lo que sin duda era el auto de su madre. No podía equivocarse, todo estaba como generalmente está en ese vehículo: la multitud de papeles regados, servilletas y la caja del cassette de música instrumental no dejaba lugar a dudas de en dónde se encontraba. Por si acaso le quedaba alguna, la imposibilidad del carro de encender sin aplicarle el truco especial anti-ladrones, terminó de disiparla. El no estaba muy seguro de recordar qué estaba haciendo ahí, pero la sensación de urgencia prohibida que caminó por su espalda le dio a entender que andaba fugado, así que lo que debía de hacer, era mejor hacerlo rápido. Puso en marcha el Corolla azul y despegó.

Se ve entonces en una carretera, amplia y asfaltada, pero polvorienta. Karim mira el camino en un trance casi hipnótico, como si alguna fuerza sobrenatural e inexplicable condujera su rumbo. Sin casi darse cuenta, toma una marginal a la derecha de la carretera, y dobla en un camino de tierra menos de cien metros más adelante.

El tramo de tiempo comprendido entre donde Karim llega a su destino hasta el viaje de regreso es un poco confuso para él. Exactamente no logra recordar con claridad qué era lo que estaba haciendo en ese lugar. A su mente llega una casa enfrente de un solar rodeado por cercas de palos y alambres de púas, un perro que huele sus zapatos y sus pantalones, caras lejanamente conocidas, un paquete que le entregan, y un olor a cebolla, que no era de la casa donde se encontraba. Hay un lapso en el momento donde se ve despidiéndose y en el que se ve dentro del auto tratando de encenderlo, pero sin éxito. Se siente ahora asustado. Un carro dañado dentro de una circunstancia de fuga no es el mejor escenario en el que quiere encontrarse, menos aún conociendo la clase de reacción que eso desencadenaría.

En momentos cruelmente excruciantes, Karim logra encender el vehículo, y toma carretera de nuevo. Se ve a si mismo en la misma situación de la ida, mirando el camino enfrente que parece no moverse, aunque el paisaje cruzando a excesiva velocidad por las ventanas laterales se mantenían diciéndole lo contrario. En una fracción de segundo, el sueño se vuelve confuso. Ve autos haciendo maniobras peligrosas delante del suyo, él trata de esquivarlos, rebasa uno, siente las gomas resbalar,un chirrido, se va deslizando un poco de lado, y justo en ese momento, donde siente retomar el control de nuevo, ve que sale de la nada, y justo enfrente a él, un camión enorme, que toca una bocina cuyo eco resuena por segundos, el pequeño bulldog de plata del frente acercándose cada vez mas veloz y amenazadoramente, haciéndose más grande. En respuesta, Karim grita horrorizado, cierra los ojos, e igual que con la bocina del camión, el grito se mantiene sonando en su mente incluso instantes después de por el susto haberse despertado.

jueves, 14 de mayo de 2009

India X ojos # 9: Jaipur en 48 horas


Parada del tren en algún punto entre Delhi y Jaipur.


Cuando estos hindúes ponen "Estacionamiento General" en los sitios a eso mismo es que se refieren.


Monkey Palace. Como su nombre lo indica, un palacio (o ruinas de uno) donde lo que hay es monos. Casi me confunde, pero éste no es de ellos...


...Estos sí.


Más del rey mono en su palacio de piedras.


Sun Temple. Más arriba del de los monos. Desde aquí se ve todo Jaipur.


Como no le pueden poner a las vacas a jalar las carretillas (asuntos de santidad), les echan la mano a los camellos. Y vaya si resuelven.


El espía. Amber Town.


La familia. Amber Town.


Globalización. Amber Town.


Al pie del Amber Fort, con todos los elefantes que suben a los turistas. Mucho más divertido e hindú que subir en jeep.


Una de ellas, porque todas son hembras. No recuerdo su nombre ahora, con todo y haberlo preguntado tres veces.


Señora desconocida. Pero buen material para foto. Amber Fort.


El gran cielo azul. Amber Fort.


Ventana (obviamente). Amber Fort.


Aunque sea desmitificante de mi parte, les contaré el truco de los famosos encantadores de serpientes. Realmente, la cobra no está bailando. El tipo la lleva en una canasta, le quita la tapa y le da tremendo cocotazo a la serpiente en la cabeza con su flauta. La cobra se molesta (por supuesto), y se levanta en son de pelea. El "encantador" procede a tocar su instrumento y a moverse de un lado a otro y el animal sigue su movimiento, estudiándolo para ver por dónde le ataca, de ahí que parezca que baila. Y tampoco que el tipo esté en tanto peligro, pues ya de antemano a las serpientes les quitan el veneno. Es normal verlas a cada rato mordiendo la mano del encantador y tratando de escaparse. Total, el hombre la toma por la cola y la devuelve al cesto, listo para hacer su show a cualquier otro turista ingenuo que pase.


Delicadeza y serenidad en medio del caos.

jueves, 7 de mayo de 2009

India X 4 ojos #8: La música del tren


Crédito de imagen: Fuente Externa.

No debían ser aún las dos de la mañana. Iba en tren, en las literas económicas, y estaba acostado en la última cama de arriba de mi compartimiento. Es difícil decir cuál de todas es la más incómoda. Todas las luces ya estaban apagadas, y fuera de mi sólo se oían los ronquidos de algunos y el ruido de los rieles en el exterior. Ya son las dos. Aún creo que deben faltar más de 6 horas de camino hasta Varanasi.. No puedo dormir, tengo frío (por mi poca previsión de no traer mantas esta vez...debí saberlo). Escucho música en mis audífonos. En medio de la nada de un camino hindú, después de medianoche, escucho rock n roll. La próxima canción de mi lista empieza a sonar. Esa no quiero escucharla. Next. De repente, arrancan los acordes polvorientos del tema de Springsteen "Devils and dust". Y aunque habla de vaqueros y gente sin nombre en el oeste americano, de repente en este contexto en el que me encuentro ella toma aún más sentido. Miro a mi alrededor. Los pasajeros siguen durmiendo. Plácidamente, pero el sueño no oculta los golpes que la vida les ha dado a estas personas. Y me siento como si yo soy el protagonista de la canción que oigo. Estoy muy lejos de casa. Mi casa está muy lejos de mi. Este vagón de tren en el que estoy es un microcosmos de la mayoría de las emociones conocidas por la humanidad: a lo largo del viaje vi gente reir, escuché niños llorando, observé personas que no pudieron conciliar el sueño y me devuelven la mirada en silencio. No sé si Dios está de nuestro lado ahora o no. Tengo el dedo en el gatillo y siento como los rieles rechinan con más fuerza en una curva. Afuera está completamente negro. No se puede ver. Aún del otro lado del mundo, y aunque las canciones traten sobre historias muy específicas, podemos relacionarnos con ellas no importa nuestra latitud. Y ahora, tratando de acomodarme por enésima vez y de abrazarme a mi mismo para quitarme el frío, cierro mis ojos y siento que vuelo fuera del pentagrama a la velocidad del tren. Dejé los diablos afuera, pero tengo el corazón lleno de polvo. Ya son las dos y cinco.