viernes, 14 de noviembre de 2014

Recuerdos de La Isabela: Parte 03

La primera piedra cayó justo en la orilla, rebotó dos veces antes de hundirse. La segunda ni siquiera llegó al agua, se estrelló en la arena. ¿Mejor fuerza para la próxima, tal vez? La tercera de las piedras, esta ocasión un poco más liviana que la anterior, regresó a su lugar de origen después de sostenerla en las manos unos segundos. Muy liviana, no me convence. La cuarta chocó ruidosa con el destruido muelle de concreto; al caer al mar iba acompañada de dos más a quienes convenció desprenderse de la estructura para acompañarles. No hubo quinta piedra, preferí seguir dibujando. Rato después me preguntaba qué hubiese pasado si en lugar de una piedra tirara el lápiz. Para la próxima, supongo.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Recuerdos de La Isabela: Parte 02

A las siete de la mañana, tal vez quince minutos después, un café es mi silencioso acompañante mientras la estructura me sirve de modelo tratando de conseguir su mejor pose. Yo le digo que no se moleste, que desde donde estoy se ve más que bien, pero ella insiste. "Es mi primera vez sobre esas páginas" argumenta, "tiene que salir perfecto". Y yo sólo sonrío, para mí es perfecta desde antes de sentármele enfrente. "Serás madre de pizzas en muy pocas horas" refuto señalando el horno protegido por una delgada puertecilla de madera, "¿qué puede ser mejor que eso?". Y por primera vez desde que nuestro diálogo comenzó, dejándome a merced del café que casi termina, guarda silencio. Es de esperar, sabe que tengo razón.

martes, 11 de noviembre de 2014

Recuerdos de La Isabela: Parte 01

Si el mosquitero es un cielo negro plagado de estrellas, tan negro como el más oscuro de los remordimientos, no importa tanto que algunos mosquitos vuelen debajo de él zumbando en nuestros oídos cantándonos canciones de su pueblo. A final de cuentas, el mismo aplauso cortés que nos corresponde como público se convierte en una forma de exterminarlos diplomáticamente, y siempre podemos levantarnos de nuestro cómodo sofá desde donde se ve la madera del kiosko dibujada por la tenue luz, y movernos de sitio para forzar la vista un poco y tratar de adivinar el mar, ahí a varios metros de nuestras narices, aunque sólo en este momento podamos escucharlo, insistente sobre las rocas. Todo respeto para las estrellas, pero la luna todavía es mejor luminaria, no podemos ver el mar. Tampoco es que haya quejas; en este momento hasta los mosquitos pueden unírseme sin miedo a que los asesine. Por hoy, ahora mismo, no quiero que amanezca.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Videoclip oficial de "HOY"


Tomó más tiempo del esperado, y seré yo el primero en admitirlo, pero por fin la banda en la que toco, Pranam, dimos el paso que nos correspondía y lanzamos el primero de los videoclips del sencillo que estrenaremos, de nombre "Hoy".

Desde el primer momento en que se nos ocurrió poner un pie en un estudio de grabación, el plan fue el siguiente: grabar un sencillo compuesto por dos canciones, lados A y B correspondientes, y la filmación de un videoclip del tema principal, que lleva por nombre “Nos veremos aquí”, para incluirlo todo en un cd promocional que pudiésemos mostrar orgullosamente. Posteriores vueltas a la tuerca planificadora determinaron que, ya de estarnos metiendo en toda la parafernalia anteriormente mencionada, no viniera mal que el lado B de la producción ostentara también un video, en principio algo interpretado en vivo, de carácter más informal, y que con el tiempo desembocó en una pieza audiovisual con ritmo e identidad propia. Y planificada, sobretodo. Doble el trabajo, tres veces el estrés pero por cliché que suene todo el enunciado que en este momento se escribe, la satisfacción del producto sobrepasa cualquier cálculo matemático. Recordando palabras del principio de este párrafo, algo de lo que sentirnos orgullosos.

En nombre de Pranam y del mío propio, es para nosotros un honor presentar la primera parte del sencillo, el videoclip de “Hoy”, dirigido por un servidor y apoyado por un grandioso equipo de entusiastas trabajadores de sueños, que prestaron sus talentos y esfuerzos tanto para este clip, estrenado hace unas semanas, así como el próximo de “Nos veremos aquí”. Es nuestra intención que les guste. Si no, al menos pueden contarles a los demás que lo vieron. Grandes cosas vienen. Larga vida al rock and roll.



lunes, 13 de octubre de 2014

La habladora

Doblando por esquinas donde lo arquitectónicamente genérico se confunde con lo exótico, se encuentra quien escribe con una residencia que al parecer decide olvidar que tiene un segundo nivel, como si la ignorancia hiciera que el mismo, con el tiempo, se terminara de destruir más rápido. Sin proponérselo siquiera, quien escribe se detiene a verla, por unos segundos tal vez, cuando el balcón de madera carcomida que se cae a pedazos toma forma de boca para pronunciar palabras en una voz más bien profunda y cansada: "Tú que me ves, ¿puedes decirle a los de abajo que estoy aquí?". Quien escribe no sale de su asombro: "¿Qué? ¿Y acaso no lo saben?" "¿Me vas a ayudar o no?" refunfuña la estructura, "diles que estoy aquí". Tras segundos de incómodo silencio, quien escribe da media vuelta y sigue su camino. Ya demasiadas cosas tiene uno que ver en el día para encima aguantar regaños de antiguas casas parlanchinas.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Miniaturas de "La Ostra"

Recuerdos de la obra teatral "La Ostra", escrita y dirigida por Gerardo -El Cuervo- Mercedes del Circuito Cultural Caramaná durante su participación en el Festival de Teatro Internacional Santo Domingo 2014. Primero en los camerinos, donde actores ensayan un texto que se rehúsa a salir como fue originalmente escrito. Luego en escena, espacio donde las cosas simplemente suceden.


No en balde las tablas tienen tanta magia.

lunes, 25 de agosto de 2014

In Memoriam Jorge Royan

La primera vez que Jorge Royan se refirió a mi, lo hizo sin ni siquiera saberlo. Era julio del 2012, y estábamos en la fase final de un taller del Simposio de Urban Sketchers, en Santo Domingo. Todos los participantes teníamos nuestros sketchbooks abiertos sobre el piso para una evaluación grupal, y tras acomodarse las gafas montadas en la nariz, Jorge Royan señaló mi humilde libreta en espiral, haciéndole sumisa compañía a los Moleskines de tapa negra y dura (y caros) de los demás compañeros. “Así es como vos reconocés a un amateur”, dijo para adornarme como ejemplo en la idea que expresaba, “los profesionales nunca usan espiral, porque es muy fácil arrancarles la hoja. Los profesionales llevan sus errores consigo”. Me volví a mirarlo, ofendido. “Este tipo está loco” pensaba, “yo no soy ningún amateur. Llevo muchos años dibujando para que me digan eso. Argentino arrogante…(entre otros improperios no aptos para publicación)”.  El transcurso del día, sin embargo, disipó mi momentánea ofensa y todo siguió su habitual curso.
Crédito de imagen: Fuente Externa.

En las semanas subsiguientes al término del Simposio, la tradicional caza en redes sociales de los participantes con la que se tuvo alguna relación se llevó a cabo, y entre los nuevos contactos que se abultaban en mi renovada lista de amigos cibernéticos, la cara de Jorge Royan se lucía sonriente al lado de las demás miniaturas de amigos de Facebook. Un rápido intercambio de líneas resultó en otro casi inmediatamente después, y de buenas a primeras, me veía sosteniendo con Jorge Royan interesantísimas conversaciones facebuqueras que rondaban todos los temas desde dibujo, jazz, hasta el ranking burocrático de los Caballeros Jedi. Me convertí involuntariamente en admirador de su cortazariana-sin-complicaciones forma de ver el mundo y sus estructuras (en la cual me identificaba que fuésemos colegas por el lado de la arquitectura además), su aguda inteligencia la cual mezclaba con un sentido del humor muy de salón, pero sobretodo, sus dibujos. Sus dibujos, man. El nivel de detalle, la vida que expresaban, la mano segura detrás de los mismos, su manera de manejar la perspectiva (¿dije ya que era arquitecto?). Yo admiraba la desquiciada técnica de sus trabajos, él decía admiraba mi narrativa. Me resultaba abrumador creerle, pero era genial leerle mientras lo escribía.
Crédito de imagen: Jorge Royan.

Uno de los deseos en mi “Lista de cosas de hacer antes de morir”  era el toparme con Jorge Royan en vivo, tal vez en algún Sketchcrawl, y sacarle en cara el episodio del Simposio en Santo Domingo; que era yo a quien había tildado de amateur por mi libreta en espiral (la cual tenía por haber sido un regalo, que conste), y ver qué decía. A lo mejor se reía, hacía algún comentario de esos incisivos pero brillantes, y bromearíamos sobre el episodio el resto de la velada.  Hubiese sido realmente gracioso. El punto gris de todo esto es que ya no me será posible. Su sorpresivo fallecimiento ha sumido en luto la comunidad sketcher que seguían tanto su trabajo como comentarios y a mí, en igual sorpresa, me ha hecho tachar de la lista el deseo de ajuste de cuentas.  Lo veloz de los acontecimientos también me ha producido, como a todos los que recibimos la noticia, estupor.
Crédito de imagen: Jorge Royan.

Royan será extrañado, como lo es todo aquel que hace el esfuerzo de sacar un buen trabajo en este mundo de pseudoartistas y gustos subjetivos. Para su conveniencia, digamos que está ahora en un mejor lugar que éste. Los dibujos que puede sacar resultado de su ubicación actual serían realmente increíbles, y eso es algo que a mí me gustaría ver de tener la oportunidad. Descanse en paz, aunque quienes lo conocían decían que en paz siempre estuvo, de manera que no es que haya mucha diferencia ahora tampoco. Los que deben adaptarse son los que quedan de este lado, los que llevamos nuestros errores con nosotros. Esos que sobretodo, evitan usar libretas en espiral.
Crédito de imagen: Jorge Royan.