miércoles, 12 de octubre de 2011

Aviso de concierto

Como decía hace un tiempecito el gran Freddie Mercury, "the show must go on". Y vaya si sigue. Este jueves 20 de octubre (léase: la próxima semana ya), las bandas Fuego Interno y Pranam unirán sus fuerzas para hacer sonar rock n roll en el Bar Moisés Zouain del Gran Teatro del Cibao. El precio es $150 pesos y el inicio a las 8:00 de la noche. Sean puntuales. En el Teatro no juegan con eso de la hora.

Crédito de imagen: Enmanuel F. Cruz.

En lo que a mi y Pranam respecta, estamos súper emocionados por esto del 20. Han habido algunos cambios por estos lados que en definitiva serán para bien, y estamos ansiosos (y orgullosos) de poder presentarlos a partir de ese día. Así es que ya están todos enterados. Buena música con par de bandas increíbles (hay que incluirse, ¿no?) este jueves 20 desde las 8:00 pm. No falten.

sábado, 8 de octubre de 2011

Diario de los sueños #8: Los ojos miel y los pasillos que no van a ninguna parte

El bus lleno de gente quedó en otro lado, donde no pudiera verse. Parecía ser una excursión en un desierto, todos a bordo de un autobús rojo, un poco oxidado en el exterior, y con calcomanías de políticos en el vidrio trasero, de por sí ya tupido del polvo. Karim iba entre los pasajeros, como siempre rodeado de personas pero sin sentirse acompañado de ninguno en específico. En este tramo del viaje se habían detenido en una estructura en el medio de la nada, y los excursionistas andaban cada uno por su lado explorando el extraño edificio. El sol brillaba afuera pero nadie se sentía con calor ni sofocado. Y ya una vez dentro de la edificación, nadie tampoco podía ver dónde había quedado estacionado el vehículo. Sabían que estaba en algún lado, pero se les escapaba a la vista.

Karim caminaba por uno de los pasillos, en su cabeza tarareando alguna canción de Queen, sintiendo el ligero peso de su mochila atravesada en la espalda. La construcción era de color ladrillo, y en ella sólo había largos corredores con pequeñas aperturas en los que se asomaban tímidas escaleras. A un lado, paredes, y del otro, grandes huecos a todo lo largo como ventanas, pero sin cristales. Más allá de ellas, el desierto. El inmueble se veía como las ruinas de algún castillo antiguo de esos que aparecen en postales, o desde una visión más mundana, de estos edificios de aulas que tanto abundan en las universidades que Karim conocía. No había mobiliario ni puertas, y a pesar de lo obviamente viejo y gastado, tampoco se veía sucio. El suelo de piedra no sonaba cuando se pisaba sobre él, ni menos levantaba polvo. Era extrañanamente liso y parejo.

Las voces de las demás personas le parecían a Karim cada vez más difusas a medida que él iba ascendiendo por las escaleras a niveles superiores. La melodía de Queen en su cabeza dejó de tener fuerza al captar otra música que procedía del nuevo pasillo al que acababa de entrar. Pero ésta no era una canción. Era más bien el suave susurro de una voz femenina que se acercaba caminando. Karim miraba la figura con extrañeza. Definitivamente era el rostro y el cuerpo de una persona que conocía, pero el mismo se veía desenfocado alrededor de los ojos miel, que brillaban como si tuviesen un par de focos encendidos tras los iris, y se convertían en el punto focal del que no se podía apartar la vista. Al principio intercambiaron frases tímidas; conforme los segundos pasaban, la conversación fue ganando en calidez y en más oraciones. Se sentaron en una de las escaleras de piedra, casi al unísono, sin interrumpir la charla. Karim sentía cómo cada gramo de cercanía del espacio vacío entre la bella mujer y él se llenaba de una electricidad que se le hacía difícil de resistir. Intentó besarla. La primera vez, ella se retiró suavemente a un lado, con una débil sonrisa, balbuceando excusas sobre su hermana y otras cosas que no tenían sentido. La segunda vez, le fue inútil. Sus nuevas excusas fueron calladas por el choque violentamente erótico de dos bocas que se besaban sobre las piedras, en medio del desierto.  En esta ocasión, Karim sentía la voz de la mujer penetrando en su cabeza, a un volumen cada vez más alto. Dicha voz opacaba cualquier pensamiento de alerta que intentara hacerse paso. Cuando sonaba ya como un chirrido en la parte interna de su oído, todo se le volvió negro. Lo último que vio fueron los ojos miel que le clavaban la vista sin parpadear siquiera; él intentó hacer lo mismo. Incapaz de luchar, Karim perdió el sentido.

Cuando despertó, estaba tirado en el suelo.  Su mochila estaba abierta y vacía, y lo que era peor, la mujer ya no estaba. Se levantó lo mejor que pudo y caminó sintiéndose mareado, como si se fuera de lado. Veía con esfuerzo las paredes del pasillo dando vueltas juguetonamente a su paso. Presa del susto, comenzó a andar con más rapidez. Tomó la mochila y quiso bajar por las escaleras, pero veía con horror cómo las mismas, tras cuatro escalones, terminaban en una pared que no iba a ningún sitio, cortando el acceso. Siguió corriendo por el pasillo para ver que todas las escaleras estaban cerradas. Afuera comenzaba a oscurecer, peligrosamente rápido. El sol no se veía. Escuchaba el motor del autobús rojo poniéndose en marcha. Tenía el impulso de gritar para avisar que no se fueran, pero guardaba la esperanza de encontrar una salida aún. Parecía que mientras más andaba, más largos y escurridizos eran los corredores. Las pequeñas aperturas que escondían los escalones parecían no existir más, y donde los había, una pared de ladrillo les impedía el paso. Karim aceleraba, ahora sudando. Sintió afuera el vehículo arrancar. Junto a ese sonido, pareció escuchar el timbre de un teléfono colándose por los orificios de las ventanas, que a cada repetición se oía más claro. El mundo alrededor empezaba a desenfocarse.

(...)

Tengo que levantarme y patear una sábana para contestar el celular. Lo dejé lejos de la cama la noche anterior; no sé quién puede estarme llamando temprano en la mañana. Pero al poner los pies sobre el suelo frío me siento cansado y desorientado, sin decir de un dolor de cabeza que no me deja ni pensar mucho. Al menos ya estoy despierto, y este lugar en el que estoy me parece conocido. Debe serlo: es mi habitación. Me encuentro a salvo, o eso creo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

La sirena y la ballena

Crédito de imagen: Fuente Externa.

Si nos llevamos de la Biblia y decimos que creemos que las cosas fueron creadas en el mismo orden que se dice fueron hechas, Dios es un tipo inteligente. Dejó lo mejor para último. Y no me refiero a echarse a descansar el domingo para ver el fútbol, cerveza en mano. Sino que hizo al final lo mejor de toda la creación.

Sí, amigos: la mujer. Soy fan de la mujer. Para mí es lo más bello que camina entre este mundo que a pesar de sus poco honrosas excepciones, ya de por sí es bello. Y muy muy pocas cosas hay más increíbles por estos lados que una mujer satisfecha. Por experiencia también sé que es medio difícil encontrarse alguna 100% satisfecha (multitud de razones, la mayoría ya ustedes la saben), pero cuando una dama está satisfecha consigo misma al menos, interesantes eventos suceden. Es por esto que me topé hoy en la mañana en el Facebook con un escrito que llamó poderosamente mi atención. Puede tener sus esquinas filosas en las que no esté muy de acuerdo, pero en general es una gran verdad lo que dice. Se los comparto:

"Hace un tiempo, a la entrada de un conocido gimnasio, estaba puesta en el mural una foto de cierta chica bien delgada y hermosa. Al pie de la imagen, se leía: '¿Qué quieres ser este verano: una sirena o una ballena?'

"Dice la historia que una mujer (size de ropa desconocido) dejó una carta en el gimnasio a manera de respuesta a la imagen, que decía de la siguiente manera:

"Apreciados compañeros: por si no lo sabían, las ballenas siempre está rodeadas de amigos (delfines, orcas, humanos curiosos), son sexualmente activas y mantienen a sus crías con gran ternura. Se entretienen muchísimo con los delfines y comen montones de langostas, de gratis. Nadan todo el día y viajan a lugares fantásticos como la Patagonia, los Martes del Norte y los arrecifes de corales de Polinesia. Además, cantan increíblemente bien y hasta se les puede escuchar en algunos cd's. Son unos animales impresionantes y sumamente apreciados, pues todos las defienden y las admiran.

"Las sirenas, por el contrario, no existen.

"Y aún si existieran, seguro se encontraran todas en la sala de espera del psicólogo porque tuvieran serios problemas de doble personalidad: a fin de cuentas, ¿son mujeres o peces? No pudieran tener vida sexual ni dar a luz sus hijos. Seguro que serían hermosas, pero también muy solas y tristes. Y además, ¿quién quiere tener al lado suyo a una mujer que huela a pescado?

"Sin duda alguna, yo preferiría ser una ballena. En tiempos en los que los medios nos dicen que sólo delgada se es hermosa, yo prefiero irme a comer helados con mis hijos, cenar con mi esposo y salir a beber y divertirme con mis amigas.

"Nosotras las mujeres ganamos peso porque acumulamos tanta sabiduría y conocimiento que no hay demasiado espacio para albergarlo en nuestras cabezas, y en consecuencia se extiende a nuestros cuerpos. No sómos gordas, sólo grandemente cultivadas. Por eso, cada vez que miro mis curvas en un espejo, me repito a mí misma: '¿Verdad que soy increíble?' ".

Vuelvo y digo que tengo mis desacuerdos con par de ideas expresadas arriba, pero al menos obviamente esta mujer está feliz. Eso es lo importante. Y cuando pasa, es entonces que la última línea que escribe en su carta suena como a verdad casi sacada de la Biblia, con aroma de miles de años de antiguedad, y no podría ser más cierta: "¿Verdad que es increíble?"

jueves, 29 de septiembre de 2011

Ideas

Crédito de imagen: Fuente Externa.

Soy un gran fanático de la forma en que la mente hace relaciones de cosas a partir de hechos o vivencias que en principio no tienen nada que ver una con la otra. Es como encontrar un viejo cuaderno de recortes en el que buscabas algo específico, pero en el proceso encuentras otra cosa de la que quizás te habías olvidado.

Noches atrás (en las que no podía dormir) leía un libro que mencionaba la forma en la que Henry Ford concebía sus ideas. Recalcaba que un biógrafo a la vez amigo suyo, escribiendo de Ford como pensador, decía que en cierta ocasión le preguntaba que de dónde sacaba las ideas. Frente a él, sobre una mesa, había algo así como un platillo, que Ford puso boca abajo, tableteando con los dedos sobre su superficie, y diciendo: "Usted sabe que la presión atmosférica está presionando sobre este objeto a razón de un kilo por centímetro cuadrado. Puede que usted no lo vea ni lo sienta, pero sabe que está ocurriendo. Lo mismo sucede con las ideas. El aire está lleno de ideas. Le golpean la cabeza. Sólo hace falta que usted sepa lo que quiere, luego lo olvide y siga con sus negocios. De pronto la idea que usted desea se abrirá paso. Estuvo ahí todo el tiempo".

Tal párrafo me transportó al menos cinco o seis años atrás, en los tiempos en los que buenos amigos y personas que compartían nuestras vidas en el momento nos reuníamos en una azotea de un lejano vecindario de esta ciudad, para los días en que el complejo era nuevo y no habían más casas que nos obstruyeran la vista hacia los solares vacíos y la montaña que iniciaba más adelante. En esas noches de tertulias bajo las estrellas, sobre el techo de una residencia, y allá mismo haciendo fogatas improvisadas entre bloques de cemento y carbón para (mal) cocinar marshmallows, uno de mis amigos tenía una teoría sobre las ideas.

(En este momento, antes de seguir, hago una pausa para recordar por un segundo más esas noches. Wow, de verdad que lo pasábamos bien. Enserio se me había olvidado).

El caso es que este amigo decía que las ideas siempre estaban en el aire, como las moscas, zumbando alrededor de las personas. Su propósito era que una gente se diera cuenta de su presencia, y las tomara para llevarlas a cabo ("sacarlas de circulación", como decía). Si esto no pasaba, las ideas seguían en el aire hasta que otra persona las viera y decidiera implementarlas. Por eso era, según él, que uno tenía esa incómoda sensación de ver que alguien más adelante en el tiempo hacía algo que a uno se le había ocurrido con anterioridad, pero por alguna razón nunca actuó sobre ello. Siempre estuvo ahí zumbando, y al no tener futuro con esa persona, siguió flotando hasta que un alma lo suficientemente atenta y lista la vio y la tomó para sí. Esa teoría tiene el efecto secundario de implicar que uno realmente no es el autor de las cosas que se le ocurren y que simplemente las mismas se "pescan", pero ahora que lo recuerdo, es una lógica bien interesante si se le sabe ver por el buen lado.

La noche en que eso se habló recuerdo que había otro amigo, el más mujeriego de todos, con la boca llena de marshmallows negros porque le gustaban bien quemados. Siempre relacionaba algo que uno decía a una experiencia de faldas, por más "out there" que fuera. El le puso el toque menos cósmico a la teoría. Digamos que la trajo a la tierra. El respondió: "Eso es como estas tipas que están por ti alrededor tuyo y tú nunca terminas de hacerles caso en serio, sólo para ellas perder la paciencia, irse de ahí y encontrar otra persona con la que están bien y son felices. Eventualmente llega el momento en que ves atrás lo lindas que eran, y te sientes un imbécil por no haberles hecho caso" (y dicho esto, se echaba en la boca otra masa negra y amorfa, con la satisfacción de "la verdad dicha"). Para mí eso tiene lógica también. Imagino que lo único más doloroso después de ver una idea que dio resultado y uno decir "diablos, eso se me ocurrió a mi primero", es toparse en la calle con una mujer despampanante y refunfuñar entre dientes: "mil diablos, yo me la pude haber dado, y no lo hice". Quizás haya que planificar una tertulia de reencuentro para dialogar sobre qué al final es más elusivo: si las ideas, o las parejas. Imagino ése sería un buen tema.

martes, 20 de septiembre de 2011

La tecnología nos acerca

Crédito de imagen: Fuente Externa.

Jorge va en su vehículo. Marca y año todavía siguen sin interesar. En esta ocasión anda patrullando una calle de otro vecindario de esta ciudad, con la diferencia de que éste no es tan conocido. Su novia Elsa se dirige hacia el cumpleaños de una amiga, y él tiene la amabilidad de irla a llevar (como siempre lo hace, valga la aclaración). Les acompaña su amigo Fulano, que va viendo hacia afuera por los cristales ahumados en el asiento trasero. Van a muy poca velocidad por la calle, porque no terminan de ubicar dónde es la casa en la que se celebra la fiesta. Incluso afinan el oído y bajan de volumen la música del radio para tratar de notar si se escucha el espigado alboroto de cuando se junta un grupo de mujeres en una residencia. "Debe ser ésta", dice Elsa cuando cruzan frente a una casa de verja dorada y números torcidos, "ella me dijo que estaba su casa, después había otra por el medio, y la que le seguía era donde iba a ser el cumpleaños, que es donde su hermana". "¿Seguro?" pregunta Jorge, "porque ahí no se ve que haya nadie. Está callado eso ahí". "No se oye adentro, pero todos los carros están parqueados cerca, así que debe de ser en ésta", concluye ella.

Jorge, no convencido, da reversa. Llega hasta dos casas más para atrás y se asoma por la ventanilla del vehículo. La fachada en cuestión se ve oscura y aún más silenciosa. "Ok...no es aquí". Y vuelve a ponerse en marcha hacia donde se habían detenido anteriormente. Ahora es Elsa que se inclina sobre el lado de su novio para ver por el agujero de la ventanilla. "Aquí debe ser, fíjate que están las luces de la sala de enfrente encendidas". Efectivamente, se veía una gran lámpara de tres bombillos blancos de bajo consumo iluminando un espacio. Se apreciaba del lado atrás en la parte superior de una ventana abierta a casi dos metros sobre el suelo. Para tratar de despejar las dudas, los ocupantes del vehículo forzaron la vista sin parpadear para ver si se notaba en la pared al lado de la lámpara alguna sombra que delatara un movimiento sospechoso bajo ella. Todo seguía tranquilo. Y las tres personas dentro del automóvil se sentían como detectives privados.

"¿Y por qué no llaman por teléfono a una de ellas para que salga?" pregunta Fulano. Los ojos de la pareja se iluminaron. Gran idea. Mensos por no haberlo pensado antes. Como por acto de magia, un Blackberry apareció en las manos tanto de Jorge como de Elsa. Ambos negros, el de ella tenía un cover rosado, con una ligera rotura a su lado izquierdo (de una vez que quiso forzarlo para que saliera). Pero en lugar de marcar, los dos comenzaron a escribir. "¿No es más fácil llamar?" volvió a preguntar Fulano. "Sí, pero sale más barato escribir. Vas a ver, ellas responden de una vez", le contesta Jorge. El silencio es la única respuesta. Pasa el tiempo y dentro del vehículo hay dos personas viendo sus teléfonos a poca distancia de sus ojos, y otro en el asiento de atrás que no le quita la vista a la lámpara de luces blancas. Ya ha pasado un minuto. "¿Seguro que no es mejor llamar?" Esta vez, el único sonido que se escucha es el de dedos tecleando arrítmicamente. La fachada sigue igual de inerte. No hay sombras que se muevan en la pared de adentro. Todavía suena el tac tac de los dedos en los Blackberry.

Fulano baja el vidrio de su ventanilla. Saca parcialmente la cabeza por el agujero y grita al 60 por ciento de sus fuerzas, en dirección a la casa. "¡Ey! ¡Allá adentro! ¡Elsa está aquí!" Como por un segundo el tiempo se detuvo. Todo quedó inmóvil y en silencio. Sólo el eco del "...aquí" se escuchaba retumbando entre las paredes y la verja, cada vez con menos volumen. Fulano pudo ver reflejadas en el retrovisor delantero las caras de la pareja, con expresión de "qué-diablos-fue-lo-que-hizo". El sonido del tecleo se detuvo. Dentro del carro sólo se escuchaba un lejano y uniforme zumbido. Transcurrido el segundo, parecía como si le hubieran quitado la pausa, y el mundo respiró. Una brisa sopló y las hojas de los árboles en la calle empezaron a moverse. En el interior de la casa se oyeron voces y un grupo de sombras desorganizadas se vieron bailar en la pared, hasta que se juntaron todas para convertirse en una sola mancha negra. La puerta del frente se abrió y un grupo de mujeres salieron en grupo. "Eyy...te estábamos esperando....¿tenías rato aquí? ¿Porqué no nos llamaste?"  Elsa tuvo el impulso de decirles "les estaba escribiendo por el BB, estúpidas", pero prefirió limitarse a sonreír y a desmontarse, abriendo la puerta trasera para que Fulano se cambiara de sitio hacia adelante. Jorge comenzó a avanzar por la calle una vez Elsa desapareciera tras el umbral de la casa. Fulano se reía, mientras atendía el desfile de fachadas similares e igualmente anónimas que pasaban con creciente rapidez por su ventanilla. "Está bien que es más barato, pero no necesariamente más rápido", dijo Jorge en tono de broma. Y Fulano sonreía más aún. A pesar de reconocer las innegables ventajas de los gadgets tecnológicos, seguía prefiriendo la comunicación en su crudo encanto primitivo, pero igual no supo qué más responder. "A cada cual lo suyo, ¿no?"

lunes, 19 de septiembre de 2011

"Sesiones acústicas"

Como una iniciativa de mi hermano Waldo Rincón, que tenía mucho tiempo sin tocar como Dios manda en la ciudad de Santiago, se organizó la actividad de "Sesiones acústicas", con él mismo y un servidor por este lado, para pasar una noche entre melodías guitarreras y buena compañía.

El lugar es el Barcelona Bar y Tapas, quienes (gracias a la buena providencia y mejores aún deseos) ya tienen sus bocinas de vuelta. El Barcelona está ubicado en la Calle Benito Monción #41, justo enfrente de Casa de Arte. La fecha es este viernes 23 de septiembre, a las 9:30 de la noche. Y la entrada es completamente gratis. O sea, que nadie tiene excusa para no asistir.



Pueden visitar el MySpace de Waldo, pulsando aquí. Ahí se comparten muchas de las composiciones que interpretará este viernes. Y de la misma manera, no dejen de darse una vuelta por su blog, Basura Trascendental. Buena poesía para los momentos en los que siempre hacen falta.

Se les espera el viernes.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Kraftwerk

Hoy es domingo. Diez minutos atrás, cuando me sentaba para escribir esto, se nubló el cielo de un pronto y cayó una llovizna con brisa que amenazaba con durar toda la tarde. De esos diez minutos, hace cuatro que ya salió el sol de nuevo, para borrar todo rastro de agua. También, hay menos carros que de costumbre en la avenida. Y tampoco los barriales que viven en la casa de al lado no están ahí para poner sus bachatas a todo volumen, como todos los domingos. Extraña tarde esta.

Para cosas extrañas y días alienígenas (como éste), nada mejor que poner a Kraftwerk de fondo. Aunque los conocía de unos años atrás, no fue hasta hace par de semanas que me puse a oír a estos alemanes en serio. Extraños los tipos (valga la redundancia), y parecen salidos de una película de Kubrick, produciendo música que seguro es la favorita de los tripulantes del Enterprise. Sin embargo, a pesar de sus rarezas, este grupo, pionero de la música electrónica en los años 70 (y de los muy pocos que pueden darse el lujo de decir que su sonido no ha envejecido treinta años más tarde...muy al contrario), suenan al mismo tiempo espaciales, maquinarios y familiarmente cálidos. Y lo más sorprendente (venga redoble de tambores...): pegajosos. Es imposible no cantar el versito de "Die Roboter" una semana después de haberlo escuchado. Y para mi que no soy precisamente fan de la electrónica, oirme decirlo es hasta herético.

Pero el día no está para ese tipo de análisis. Hoy domingo de lluvias breves, con aprecio para ustedes, les dejo a Kraftwerk (pronunciado Kraftvork, según mi amiga Ambar, que sabe alemán):



Por cierto...¿alguien sabe dónde se consiguen esas corbatas con luces rojas? Están increíbles.