domingo, 7 de febrero de 2010

martes, 2 de febrero de 2010

Diario de los sueños #5: El elevador

El siguiente es un sueño muy recurrente: Karim sale de su casa. Camina por el pasillo hasta llegar al elevador del edificio en que vive, en un cuarto piso. Espera pacientemente hasta que el ascensor llega, abre sus puertas, y él entra. Con el mismo aplomo rutinario para este caso, presiona el botón del primer piso en el panel, y se recuesta de la barandilla metálica para el corto trayecto de bajada. Sin embargo, el elevador no toma el rumbo convenido, sino que por el contrario, sube, sin nadie haberlo llamado y sin Karim haberle dado esa orden. Sube hasta llegar al sexto piso. El puede ver el número seis rojo marcado en la pantalla del panel de botones. En ese momento, se produce un chirrido seco y un movimiento, un sudor frío recorre la espalda de Karim y el ascensor cae en picada a toda velocidad, hasta estrellarse. Con el golpe, me despierto de un brinco, obviamente sobresaltado y nervioso.

El sueño es tan insistente en sus reapariciones que aún en el mismo sueño, y como si fuera una película que se repite, Karim es ya consciente del desenlace una vez se ve que presiona el botón para el primer piso y el elevador por el contrario toma rumbo hacia arriba. "Qué vaina, ya se va a caer esto", piensa con resignación. Efectivamente, instantes después, en los pasillos afuera sólo se escucha un alarido ahogado que baja entre pisos, a una velocidad asombrosa. Los inquilinos que lo escuchan piensan que viene de la calle.

lunes, 25 de enero de 2010

Sobre el saber y el hacer

Casi por casualidad, me topé con un antiguo artículo en la página CineDominicano.net, en donde hablaban de las críticas que había recibido la película de Alfonso Rodríguez "Al fin y al cabo" (2008). A continuación estaban todas las opiniones que los lectores habían dejado, y no faltó mucho para que se armara una discusión escrita, a vista de todos, entre el director Rodríguez, justificando su obra, y el señor Etzel Báez, autodenominado "cineasta", diciendo casi que su trabajo es superior. Para alimentar su morbo y puedan ver la conversación completa, aquí les paso el link:
http://cinedominicano.net/content/view/669/1/

Entre los highlights de esta maravilla intelectual de discusión:

RODRIGUEZ: "'Al Fin y al cabo' es tan mala que 58 mil personas fueron al cine en tan sólo 4 días, será que son unos idiotas o los idiotas son ustedes? (...) Y Etzel, me gustaría algún día ver algo hecho por ti, aunque sea un pequeño corto en video a ver si te dejas de acabar con todo, atrévete un cortico en video no cuesta nada, hasta la cámara te presto si quieres a ver si te atreves".

BAEZ:
" Comedias como las que usted ejecuta (repito el término que mejor las define) yo las haría durmiendo y con la tercera parte del presupuesto que usted emplea. (...) Acepto su reto. Muestre lo mejor que ha hecho en cine y yo mostraré lo mejor que he hecho. (...) De paso puedo mostrarle un demo de mi filme 'CRIMEN' que está en YouTube.com y que usted puede ver a plenitud. Fue hecho en S16mm con guión y dirección mía".

RODRIGUEZ: "Perdón Etzel Báez, ahora sí tengo palabras para ti, busqué tu trailer en YouTube y lo vi, que cosa más patética y con eso es que tú te haces llamar director de cine, con esas actuaciones tan falsas y teatrales, que vaina más aburrida, perdóname pero realmente ahora entiendo porqué no logras conseguir ni un peso para hacer esa porquería".

BAEZ: "Prefiero ser patético a resultar tal cual es usted un auténtico fresco y gallina".

RODRIGUEZ: "Diviértanse chicos, que yo sigo haciendo películas. Bye Bye".

Y por eso se preguntan por qué la comunidad del arte en este país no echa para alante.

Particularmente, reflexionando sobre el caso, no defiendo ni uno ni otro. No he visto ninguna de las películas de Alfonso Rodríguez (de su trabajo sólo veía "Grandes Series Dominicanas", y "Archivos de la Fiscalía", a veces), y de Etzel conozco su nombre porque escribe en un periódico local. Pero, leyendo la discusión entera, y las opiniones de las demás personas que opinaron en el foro, entiendo que a su manera, los dos tienen algo de razón.

Sea bueno o malo, y eso no me corresponde a mí juzgar, Alfonso Rodríguez tiene toda una multitud de obras que mostrar en materia audiovisual (me parece que con el próximo "Pimp Bullies" que protagoniza Ving Rhames llega a seis largometrajes ya). Del señor Báez, salvo lo que escribe en el periódico, y a excepción del trailer de "Crimen", que ví en YouTube (http://www.youtube.com/watch?v=EPxDqnK1y2I), no le he visto su nombre anunciar en pantalla grande aún. Dicho dilema me pone a pensar: ¿quién debe merecer más reconocimiento? ¿El que produce muchas cosas malas o el que tiene una buenísima que no ha podido sacar a la luz? ¿El que tiene diez películas "susceptibles de mejorar" o el que tiene la mejor idea del mundo que no ha podido salir de la etapa del corto promocional? ¿El que no sabe y hace, o el que sabe y no hace?

La respuesta es difícil. El camino a ella, empedrado.

viernes, 22 de enero de 2010

5 cosas que cambiaría de ANDREA


Como tantos otros en su tiempo, yo también fui al cine cuando la película "Andrea" se estrenó, por allá en el 2005. Debo confesar que me encantan las películas de misterio, y aunque ésta particularmente no me molestó, también admito que he visto cintas muchísimo mejores que esa. Pero el asunto quedó ahí, sin mayores altibajos. Pasado el boom y la novedad, las luces de la sala se encendieron, y todos como público rodamos hacia mejores cosas.

Con el tiempo, recientemente, la vi de nuevo, gracias al excelente servicio de convencimiento de los vendedores de dvd callejeros (lo reconozco...y qué). Y realmente créanme que no es lo mismo ver algo en compañía de decenas de personas entusiastas por algo, que ver lo mismo en la soledad de una habitación, donde uno no es precisamente de esos entusiastas voceadores del cine. Y con esta nueva revisión, me molesté. Y bastante. Está bien el hecho de que el cine dominicano está en pañales, y que para todo aquí hay que coger muchísima lucha. Yo entiendo. También el que hay que apoyar. Súper. Yo lo hice cuando fui y pagué la entrada. Pero una película debe contar una historia, y debe hacerlo bien. "Andrea" sencillamente no lo hace. No importa si el film es dominicano, español, gringo, o de una de las lunas de Júpiter. El fino arte de narrar buenas historias tiene las mismas reglas en todos los lados.

Pero sin embargo, a mí no me gusta criticar por criticar. Eso lo hacen todos los "críticos" de cine de este país, que ninguno de ellos ha hecho una película para justificar de si en verdad saben o no. A continuación, las cosas que me molestan de "Andrea", y cómo las hubiera resuelto, de haber sido yo quien rodara ese largometraje:

1-) El taxista. La mayoría de películas de terror, tienen lo que se llama el "comic relief", léase el personaje cómico que sale siempre con alguna pendejada para aliviar un poco la tensión que se haya creado en la historia, de ser necesario. Una forma de darle un respiro al público. Pero aquí, definitivamente se pasaron. Y el culpable es el director por no jalarle la soga para atrás cuando los arranques de humor de este personaje eran demasiados obvios. Un film de misterio necesita una atmósfera de peligro, y el taxista tira toda esa atmósfera por el piso, al provocar risas que no deben de ir, en casi todos los momentos en que él las convoca. Una mejor solución hubiese sido matarlo durante la secuencia en la que él y el papá de Andrea la persiguen por el monte. Le hubiese dado a la trama un peso dramático que sólo se consigue cuando se le transmite a la audiencia la sensación de que nadie está seguro ahí, ni siquiera un "favorito" entre los personajes. Lo que, hablando de muertes, nos lleva a:

2-) El señor a quien el espíritu ahorca casi al final (el tío, me parece). Fue un recurso barato salir con que él siguió vivo después; yo le hubiese dejado muerto. Eso es miedo de parte del guionista, que quiere jugar seguro en todo aquí. Y lamentablemente con "Andrea", en todo momento quieren jugar seguro, casi obligando a que el final sea feliz (para evitar las acusaciones de "clavo" de parte del público).

3-) A propósito de final feliz, el repentino amor entre el papá de Andrea y la joven de la casa es traído por los pelos, como si Andrea de repente se convirtió en Cupido, unió las manos de ambos personajes y floreció el amor para que fueran felices por siempre. Por favor. Seamos más serios. Muchísimo más efectivo sería si a lo largo de la historia se notara la fuerte atracción que hay entre ellos, e incluso mejor se ilustrara de haber una escena con un roce, algún besuqueo o entretenimiento de adultos, que de repente se viera interrumpido por algo inesperado(un ruido, la abuela, Andrea que se levantó, hasta un freaking gato que salte por una ventana). Sé que suena un poco cliché, pero hasta un cliché es mejor que algo entrado a zapatazos al final.

4-) El espíritu este que atormenta a Andrea no tiene ningún sentido. Nadie sabe lo que es, no por la ambiguedad misteriosa que se esperaría de una figura como él, sino por una serie de inconsistencias que nos llevan a rascarnos la cabeza. Si él es un espíritu, y está muerto, ¿por qué hay que ahorcarlo al final? Eso nunca funcionó con Jason en ninguna de las partes de "Viernes 13", y milagrosamente con éste sí (para detrimento de Jason, de quien soy fan...tal vez este tipo conoce algún truco que el anterior no). Sin decir de que luego que se ahorca se prende en fuego él solo. Para derrotarlo mejor hubiese estado algún exorcismo raro que hiciera el brujo ese tan parecido a Relámpago Hernández. O que el espíritu posea a una persona, donde ésta fuera su forma física. Exterminando esa persona, se logra una forma de salir del espíritu, al menos hasta que no se le pase a otro. Algo parecido a lo que sucedió al final del Exorcista. Mi sugerencia: reescribir la escena donde el muerto ahorca al tío de Andrea, y que mejor se le monte, para que así los demás no sepan qué hacer con él, creando más peligro y confusión. (En una nota aparte, debo de reconocer que el efecto del muerto éste por momentos se ve súper bien, con el cuerpo medio fosforescente. En otros momentos parece que está cubierto de luciérnagas que le caminan encima).

5-) El final final. Después que el espíritu atormentador es derrotado, todos sonríen y entran a la casa, me imagino que a preparar un sancocho en celebración del triunfo del bien sobre el mal. Fin. Suben los créditos. Encienden las luces, vámonos de aquí. Le falta algo a ese final. Demasiado feliz. Demasiado optimista. El cinismo que muchas veces caracteriza a las mejores películas de terror no se ve por parte ahora. Un final mucho más efectivo sería si todos van entrando a la casa, aliviados por la "resolución" del asunto pero cansados por el trajín de esa noche (debe cansar el tratar de vencer a un ser de ultratumba). Se ve un movimiento de cámara desde el árbol en donde el espíritu hubiera caído, y se va moviendo rápido, como si la cámara fueran los ojos de algo que se puso en acción. Ese algo va adquiriendo velocidad, corre por el patio, se acerca peligrosamente a la casa, donde Andrea es la última que va entrando, la música se torna intensamente más alta, Andrea se voltea, abre los ojos con miedo ante lo que se abalanza sobre ella, y grita aterrorizada. Pantalla en negro. Créditos. Muy Evil Dead, yo sé, pero al menos todos nos vamos contentos.

Es muy lindo soñar. Y con esto no estoy echando abajo un trabajo hecho con esfuerzo, como el director Bencosme y todo el equipo a "guayadera de yuca" hicieron. Sólo como parte de un público que está ahí afuera pido una mejor atención hacia los detalles para la próxima vez. Sólo un poco más. No pesa.

martes, 29 de diciembre de 2009

Ironías

Santiago de los Caballeros. Miércoles. Hora: 12 y media del mediodía. Sol brillante, calor más brillante aún. Avenida 27 de febrero, cerca del sector Las Colinas. Estoy esperando uno de los autobuses "Banderita" para evitarme el incómodo e innecesario tránsito por el centro de la ciudad que un concho de la ruta A me daría. Sin embargo, llevo 20 minutos esperando el autobús. "Debe ser la hora". Puedo esperar 5 más, a lo sumo.

30 minutos más tarde, cambio de parecer. Mejor tomo una ruta A, que es lo que todo este tiempo ha estado pasando en oleadas mientras yo espero el autobús que nunca llega. "Pero es que no quiero entrar al centro, me retrasaría". No importa. Necesito llegar y estoy perdiendo tiempo.

Sin embargo, y como si me leyeran el pensamiento, los que escasean son los carros de la ruta. Diez minutos más espero, sin resultado. Me empiezo a desesperar de veras. Y en eso, como una visión sacada de espejismo del desierto, en medio del calor y la humedad, se ve la borrosa imagen de un auto con el rótulo de A pegado al vidrio. Escucho su viejo motor funcionando mientras se acerca. Le hago señas para detenerse. Lo hace a diez pasos de mi, roceándome todo el humo negro que desprende su retaguardia mohosa. Me acerco con rapidez, aún no del todo satisfecho por el cambio de ruta que me daría. Mientras trato de acomodarme, con medio cuerpo fuera del vehículo, puedo ver el autobús Banderita pasando a toda velocidad por el lado mío.

martes, 1 de diciembre de 2009

Invisible


Crédito de imagen: Fuente Externa.

Me siento como si no estuviera aquí, como si el mundo que estoy mirando a través de mis ojos es el reflejado por medio de una pantalla de televisión, retransmitido por satélite, y que por mi parte yo estoy a millones de kilómetros de distancia.

Las personas cruzan desorganizadas alrededor mío, y en verdad en cualquier momento espero que me atraviesen, sin darse cuenta de que estoy en su camino. Me siento invisible, inmaterial, como un mero espectador del caos que es esa obra de teatro que lleva por nombre vida, desarrollándose justo enfrente de mi. Incluso ignoro si debiera de aplaudir cuando esa función se termine. Pero si acaso termina, me veo entonces transportado hacia otro escenario, otra circunstancia, donde sigo cumpliendo mi papel de testigo, y donde poco influye mi opinión o punto de vista al desenlace final.

Y ahora mismo no sé si quisiera ser yo el que observa, o el que actúa. El que escribe o el personaje cuyas aventuras leen. El pintor o la pintura. Si fundirme hacia afuera, o hacia dentro. Ahora mismo no sé qué hora es, ni me interesa.