viernes, 5 de agosto de 2011

El despertador

Como nunca escuchaba el despertador del celular cuando sonaba a las seis de la mañana, a pesar de ponerle el timbre más escandaloso que tuviera, decidí probar una nueva técnica. Dejé la compu encendida, programé el Itunes con el death metal más extremo que encontré entre los archivos del disco duro, y subí las bocinas a un nivel igualmente estridente. "Esto va a funcionar", pensé. Porque el problema estaba, según era mi conclusión, en que no estaba oyendo el sonido del celular, al ser éste muy bajo. Entonces por eso seguía de largo.

Y llegó la mañana siguiente, el primer día de puesta en práctica del experimento. A las seis y cinco minutos de la mañana, la habitación retumbó con guitarras súper pesadísimas y alaridos guturales como si el mismísimo mundo se estuviera acabando, epicentro mi casa. Di un brinco en la cama a 30 centímetros del nivel del colchón; al caer de nuevo, las sábanas estaban junto a los zapatos en el piso. En el momento que más inspiración cogían los músicos en la grabación para destinarse a romper todo, ya me había levantado, con rapidez. Pero en esta ocasión, fui directo a las bocinas y simplemente las apagué, en un movimiento de precisión semi-automática. Volví a la cama, me arropé del otro lado y dormí casi una hora más.

Para mañana debo tratar otra cosa. Creo que el problema soy yo.

lunes, 1 de agosto de 2011

Una semana en Chavón


No puedo evitarlo. Amo Altos de Chavón. Había ido anteriormente en onda de turista, pero cuando se le ve desde la óptica de un estudiante que reside entre sus piedras, la sensación es completamente distinta. Tan alejado del mundo, tan ajeno a los problemas de la ciudad y los políticos y la basura (redundando en estos últimos, que conste), pero sin embargo, tan estratégicamente ubicado en el centro mismo de la esencia verdadera de las cosas. Tuve el inmenso y retrasado honor de estudiar entre sus paredes en estos días que pasaron y aunque ya estoy de vuelta a casa, quiero volver. Ya. Imagino que seguro también el término "casa" siempre es relativo. Chavón parece como si ha estado ahí por siglos pero cuando te habla se oye más joven que tú, pero al mismo tiempo más sabio. Chavón te dice lo que necesitas oír, y si eres tan tarado para no darte cuenta en el momento, al menos te da las bases para descubirlo después. Las piedras del piso encierran un pentagrama que revela secretos, y los mismos suben por sus paredes cuando les sigues la pista, y tratan de eludirte, pero no tanto como para que los pierdas. Esta vez yo fui más rápido. Ojalá y lo sea para volver de nuevo.

sábado, 23 de julio de 2011

Anécdota del subdesarrollo

Este pasado miércoles 20 de julio, la agrupación santiaguera El Trío tenía un concierto en el Barcelona Bar y Tapas, el único que realizaría en la ciudad durante el verano. La banda en la que participo, Pranam, íbamos a servir de teloneros. Las expectativas eran buenas. Y como es importante por lo que contaré más adelante, ubiquen el sitio: pleno centro histórico de Santiago de los Caballeros, en la calle Benito Monción, frente a Casa de Arte (sede del Festival Artevivo), y al lado de La 37 por Las Tablas (donde hasta hace un tiempo se realizaban los Lunes de Jazz). Una cuadra más adelante, como sabrán los que residen aquí, la Benito se topa con la Calle del Sol (la principal vía comercial), que desemboca justo en el Parque Duarte, eje cultural de la ciudad, en cuyos bordes se encuentran la Gobernación, el Viceministerio de Cultura Región Norte, el Centro de Recreo (donde también funciona el Canal 25), el Instituto de Cultura y Arte (ICA), la Catedral, el Centro de la Cultura, Francifol Bar y lo que era el restaurante Taj Habibi, que par de días a la semana tenían presentaciones en vivo (aún lo tienen, pero el negocio cambió de nombre). Como pueden ver, la locación de esta historia se encuentra en el mismo "ojo de la tormenta" del quehacer artístico de Santiago. Y por si no se enteraron, estamos en la mitad del año 2011.

                                                                       Crédito de imagen: Fuente Externa.

El poster promocional del concierto decía 8 y media de la noche, aunque todos sabemos que los dominicanos no brillamos precisamente por la puntualidad, y menos sobre todo en este tipo de eventos, donde es harto conocido que la gente tiene la costumbre de llegar súper tarde (como si el artista es quien tiene que esperar por el público, pero esa es ya otra historia). Sin embargo, nosotros como grupo abridor fuimos advertidos que de cualquier forma teníamos que comenzar a las 9.30 pm, para darnos un espacio de alrededor de 45 minutos, de modo que así, de diez y cuarto a diez y media, El Trío pudiera acomodarse en escena e iniciar su concierto, respetando de esta manera las normas de este país sobre ese tipo de eventos entre semana, y todo quede terminado para medianoche. No debía de haber problema.

Todo empezó bien. La gente estaba de buen ánimo, respetuosa. Cerca de la hora prevista, el bar apagó la música ambiental que sonaba por sus bocinas para darle espacio a Pranam de que iniciara la actividad. El sonido estaba en su punto, ni muy alto ni muy bajo para un espacio como el Barcelona. A quince minutos de las diez, nos despedimos para cederle la tarima a LA banda principal de la actividad. Las cosas seguían bien. Repito: No debía de haber problema.

Crédito de imagen: Fuente Externa.

Sin embargo, apenas instantes después, sin previo aviso, bajo la más absoluta sorpresa de todos los presentes, el lugar se llenó de policías. Primero de los agentes normales, esos del uniforme gris, después en la calle se sumó una camioneta más a las tres que ya habían, y llegaron de estos que tienen los chalecos negros, gorros y armas largas. Vinieron con su misma prepotencia de siempre, que una persona del vecindario se quejó "espantada", que el lugar estaba "repleto de homosexuales consumiendo drogas", con "un escándalo demasiado alto", a "esta hora de la noche". Una frase salió de la boca de uno de los agentes: "Se acabó la fiesta aquí". En pocos minutos, sin una orden por escrito, sin un fiscal que los respalde, procedieron a desmontar todas las bocinas del bar colocadas en las paredes y montarlas en las camionetas. Bocinas propias del negocio, que estaban APAGADAS, porque iba a comenzar El Trío. No valió razonar, de nada sirvió que los dueños del bar, un agradable grupo de españoles, tratara su mejor esfuerzo de dialogar con los agentes de que al menos reconsideraran su acción. Simplemente firmaron un formulario estrujado, les dijeron que pasaran a buscar sus bocinas al día siguiente, y se marcharon con el mismo aparataje que llegaron. Como nota al pie de página, es bueno aclarar que hoy sábado 23 de julio es la hora que los equipos todavía no aparecen.


                                                                          Crédito de imagen: Fuente Externa.

A lo mejor nos informaron mal, pero en lo personal creía que hacía muchísimo tiempo ese tipo de abusos y estupideces se habían superado. ¿Suspender de esa forma un concierto que se desarrollaba bajo la más absoluta tranquilidad, sin al menos un aviso, o nada? ¿Prácticamente robarse unos equipos que para colmo estaban apagados, y a casi una semana del suceso todavía nadie sabe dónde estén? Y todo eso, ¿en el centro histórico de la ciudad? ¿Al lado de todas las instituciones y espacios que desarrollan programas artísticos? Si no es aquí, ¿dónde pretenden que se haga? Hace por lo menos 25 años que Casa de Arte, el Centro de Recreo y el Centro de la Cultura realizan eventos en la zona. A esa hora de la noche. En calma. ¿Alegará el vecino que llamó a la policía que acaso él no sabía de nada de eso? ¿Enserio? Vuelvo: ¿Enserio? Es injustificable, no importa si recién se mudó ahí o si lleva mucho tiempo en el área. Y más que injustificable, es vergonzoso. Y asqueante.



                                                                           Crédito de imagen: Fuente Externa.

Por suerte todo el mundo permaneció tranquilo, y el sentido común se impuso. Aún a pesar de haberse desconectado todo, la música había dado su permiso para estar presente esa noche y El Trío, como los profesionales que son, decidieron seguir adelante, aunque sólo por media hora (hasta que rayaron las doce de la noche), y en plan tranquilo, como dicen, "a plantazos limpios". Sólo con el volumen de los amplificadores, y un micrófono conectado a uno de ellos para poder cantar. La gente lo disfrutó, la indignación se calmó un poco y lo que pudo haber resultado en un auténtico desastre terminó en una fuerte demostración de civismo.


                                                                             Crédito de imagen: Fuente Externa.

Felicitaciones al Trío y al público ahí presente por demostrar que son personas con modales, aunque ya eso lo sabíamos. Y a los responsables de la llamada, que "les molestaba el escándalo", en el bar "lleno de gays drogadictos", recuerden que el civismo es como la paciencia, llega hasta un punto. Traten de no pasarlo. Por favor que ésta sea la última vez.

jueves, 7 de julio de 2011

Rock el 21

Amigos, "Pranam TV", en el formato como se había anunciado, ha sido pospuesto hasta nuevo aviso. Razones técnicas, ahora no vienen al caso. Sin embargo, la fecha del jueves 21 de julio en el Bar Moisés Zouain sigue inamovible para la descarga del rock'n'roll.

En esta ocasión, además de Pranam, se presentan dos bandas santiagueras bien sonadas y conocidas en estos días: Enklochao y Fuego Interno, éstos últimos finalistas del Messenger Mag Music Fest celebrado recientemente.


                                                                         Crédito de imagen: Enmanuel F. Cruz.
Así que ya saben. La cita sigue estando el jueves 21. Bar del Gran Teatro del Cibao. Ocho y media de la noche. Puntual. $100 en preventa y $150 en la puerta, para que nadie se quede sin ir.

Sobre "Pranam TV", estén atentos. Próximamente se les dejará saber. Mientras tanto, aquí les pongo el video de "La oración", interpretada el mes pasado durante el concierto de "La máquina del Tiempo". Dedicado expresamente a mi amiga Sofi Zermoglio, que unos días atrás pidió que subiera un video. Como lo prometido es deuda, aquí está. Y de paso cuando terminen, y como esto es el maravilloso internet, dense una vuelta por su blog, De Naranja-Lima. Para este burdo lector, esa chica es increíble.



Y también, para no perder la forma, el día antes del concierto en el Teatro, el miércoles 20, Pranam estará de teloneros en el concierto "Tributo a El Trío y sus fans", de El Trío. Será en Barcelona Bar & Tapas, en la calle Benito Monción, justo enfrente a casa de arte. Ocho y media de la noche también. Y $100 pesitos. En estos tiempos, eso no es dinero. No dejen de ir, El Trío es lo máximo. Aquí la promo:


                                                                            Crédito de imagen: Fuente Externa.
Están avisados entonces.

lunes, 4 de julio de 2011

Entrevista en Libélula

Mi gran amiga a quien admiro mucho Sarah Valerio, bella y talentosa como las hay, decidió empezar julio dándole un giro diferente a su blog, Libélula. Ahora, para beneficio de todos sus lectores (suertudos nosotros, ¿no?), será una revista en el que, periódicamente, y a lo largo de una semana ella tratará los más diversos temas, desde música hasta cine, con vueltas por la literatura, y demás andanzas. Muy interesante, por decir lo menos. Así que ella resolvió estrenar este nuevo formato dándome el grandísimo honor de ser entrevistado para el primer post de Libélula Revisblog. Más abajo el link para que le lleguen, y de paso, es altamente recomendado que sigan leyendo el resto de sus escritos ahí, pues son buenísimos. Y si les gusta la poesía, también les aliento que compren su primer poemario llamado "Soledad narcótica", que pueden conseguir aquí. Si no les gusta la poesía, cómprenlo igual. Esas cosas hay que apoyarlas.


Aquí el link para la entrevista.
Si les gusta, compartan :)
Y muchísimas gracias a Sarah por la oportunidad, debo ser sincero y confesar que hasta me sonrojé cuando vi el post.

domingo, 3 de julio de 2011

Crónica del celoso

Para cuando terminábamos el bachillerato, todo era llanto y promesas. El clásico sentimiento de inevitabilidad que precede un acontecimiento del que sabe nada será igual después. Mensajes de "nos queremos y nunca nos olvidaremos" en pizarras y murales, falsas ilusiones de juntas frecuentes e intercambios tanto de teléfonos como correos electrónicos matizaban los últimos días de la secundaria. Misma razón por la que extrañamente no fue ninguna sorpresa que escasos seis meses después, no supiera de ninguno de mis compañeros de colegio cuando todos comenzamos la universidad y cada uno tomó lo que consideró su camino.

Ese día, abril si mal no recuerdo, iba caminando por la biblioteca. Eran días de exámenes finales, así que todas las mesas y posibles rincones donde uno pudiera sentarse estaban repletos. Como siempre, los letreros de "¡Silencio!" pegados en cada columna no servían para nada, menos todavía el pobre encargado de seguridad que mandaba a la gente a bajar el volumen de la voz cada cierto tiempo. El lugar parecía un mercado, y con cada paso que daba más crecía mi deseo de salir de ahí. Como ya estaba cerca de la segunda salida al haberle dado casi la vuelta entera al sitio, decidí seguir. Total no perdía nada con seguir vitrineando a los presentes un rato. No llevaba tanta urgencia.

En eso, me topé con esta amiga, a quien no veía desde los exámenes finales del colegio. La veo a cinco mesas de distancia, con quien supongo era su novio, de quien las malas lenguas (léase: amigos en común) decían que era un "poco" celoso. Para ese momento no sabía pues no lo conocía. No niego que me dio gusto verla tras tiempos en los que sólo escuchaba hablar de ella cuando alguien preguntaba, y precisamente por eso fui sonriente a saludarla; era de las personas de quien uno guarda un buen recuerdo de sus años de secundaria. Al verme acercar, el novio se puso a la defensiva. Puso una cara que yo no calificaría precisamente de amigable. Me escaneó de cabeza a los pies en tres segundos. "Ey, hola", la saludo con un tono amigable, pero diplomático, para evitar malentendidos.

Ella sonríe ampliamente de vuelta, y de inmediato se levanta para darme un abrazo. "Kariiiim...cuánto tiempo...". Como si el borde de la mesa hubiera estado electrificado, el novio se tira rápidamente para atrás, levantando los brazos. "¿Cariño? ¿Y quién es este que le dices cariño?". Ella pone cara de incrédula, como quien no cree lo que acaba de escuchar. Tampoco yo lo creo. "No, mi amor" dice "no es cariño. Es Karim, es su nombre". "Tú no dijiste Karim, dijiste ca-ri-ño. CARIÑO. Yo lo oí". "Que no, mi vida...así es como se llama". "Yo escucho muy bien y sé que fue cariño que dijiste. Karim...bah...¿y eso es un nombre?" Ya yo tenía mi mano casi extendida para saludarlo, pero la misma terminó en mi bolsillo, si no la quería ver terminar a manera de puño en el mismo medio de la nariz de semejante ignorante. A esa hora del día no quería escuchar bromas pesadas sobre mi nombre (aunque eso no tenía la más mínima pinta de broma), por lo que me despido más diplomático aún: "Fue un placer...queden bien", y antes de terminar la última palabra ya había dado media vuelta y me alejaba de ellos. Casi pasaba el umbral de salida, cuando los podía oír todavía discutiendo en la distancia. "Que ése es su nombre..." "¿Tú crees que soy estúpido...Ningún hombre tiene un nombre así". En realidad no "creía" que fuera estúpido: por el contrario, yo no tenía la menor duda. Hay momentos en los que es mejor dar la vuelta y no discutir con gente así. Si ganan es porque ya tienen la experiencia.

viernes, 1 de julio de 2011

Modestia musical


                                                                             Crédito de imagen: Fuente Externa.

En la calle, afuera, el mundo seguía su curso rutinariamente acelerado. Todo un maratón carnavalesco y desorganizado de gente caminando sin mirar para los lados, cargando hacia adelante, mientras el ruido urbano cobraba con cada segundo que pasaba más pesado protagonismo. Carros, motocicletas, zapatos con suelas de plomo que sonaban como balazos al chocar con el suelo, buhoneros y pseudomúsicas que desde la distancia luchaban por hacerse sentir a cualquier precio.

En la habitación, adentro, ella sólo le prestaba atención a las melodías que hacía nacer del violín. Su mundo era completamente distinto al que le rodeaba, y cada nota que daba endurecía aún más la textura de la burbuja que la separaba del ruido de afuera; tan concentrada estaba. La música salía con la inocencia del novato y la técnica del virtuoso, bailabando juguetona por cada rincón del espacio como si quisiera reconocerlo, sin detenerse en ninguno. Por rendijas de puertas, por las hojas abiertas de las ventanas, la música encontró su camino afuera. Inundó el escándalo de los vendedores, limpió el polvo de las aceras, y las bocinas de los carros le fueron respetuosas. Por su lado, la ejecutante era ajena a todo esto, movía su cabeza hacia los lados si el ritmo se lo requería y mantenía los ojos cerrados para no perder la concentración. Sentía que empezaba a sudar. Afuera, hasta el aire se hizo menos contaminado. Las personas volvían sobre sus pasos; las expresiones cambiaban.

Al terminar la última nota, ella respiraba jadeante, las manos le temblaban y hasta pudo oír el seco sonido de una burbuja que explota, seguido por el timbre sordo del silencio. Su cuerpo se tambaleaba y tímidamente abrió los ojos, sólo para ver montones de personas congregadas a su alrededor, asomándose desde el lado afuera de la ventana, y en la puerta, con el manubrio aún en la mano. Se ruborizó. "Eso es lo más increíble que hemos oído", dijo el señor que sostenía la puerta, con la mirada de quien dice la verdad más absoluta. El grupo detrás suyo asintió con aprobación. Ella se limitó a sonreír, sus mejillas se pusieron rojas. "...Noo..Todavía no toco como debiera. Me falta..." respondió ella. "Mentira.." terció uno desde la ventana. Esa tarde todos volvieron a sus casas sintiéndose diferentes. Entrando a la suya, ella tenía una historia que contar para su madre en la cena.