domingo, 30 de septiembre de 2012

¡Hazlo de nuevo!

1:30 de la tarde. Me dirijo a un colmadito dos calles más atrás de donde vivo, y ya me voy arrepentiendo de haber venido. Camino por las aceras de concreto con los ojos cerrados, casi adivinando los obstáculos (siempren cambiantes) que la calle ofrece, y la razón por la que los llevo cerrados es porque el sol brilla demasiado fuerte en este día. El resplandor es prácticamente insoportable. En eso, y luego de saltar con pesadez una bolsa plástica que la brisa arrastraba en mi dirección, me le voy acercando al frente de una casa. Pintada en color limoncillo, jardín a un lado, amplia marquesina enrejada con gruesos barrotes, y al fondo, en la pared, una ventana en madera, entreabierta. Los matorrales del jardín no me permiten ver el número de la residencia, al lado de la puerta. Escucho detrás de la ventana la voz de un niño, en espíritu claramente de juego. Parece que deja algo caer. "¡Tac!", suena el objeto al chocar con el suelo. "tactactactac...", sigue sonando al rebotar y rodar. Aún con los ojos cerrados, sonrío, y sigo caminando. Niños...

"¡Tac!...tactactactactac....", escucho de nuevo. Parece que le cogió el gusto a tirar el objeto varias veces. Ya voy llegando a un extremo de la marquesina. Al terminar esta casa, hay un callejón a la derecha que debo tomar, en el que al final, a su izquierda, está el colmado al que voy. Ya casi.

"¡Tac!...tactactactactac...", y sigue. De Verdad que se lo está encontrando divertido. No lo es tanto sin embargo para la voz femenina que hace retumbar la sala con su tono de voz agudo y estridente. "¡Mira, coño!", grita, "¡Tira esa vaina de nuevo y tú vas a ver lo que te va a pasar!" Por la peculiar redacción literaria de la frase y la forma en que la dice, seguro que es su mamá. Ya voy a mitad de la marquesina. Por unos segundos, dentro de la casa no se escucha más nada.

"¡Tac!" Volteo la cabeza en franca sorpresa. Ohhh...Desafiante el niño. "...tactactactac...." "¡PAZZZ!", sonó la subsiguiente cachetada, con gusto, intensa, incluso antes de que el objeto terminara de rodar y chocar con alguna pared.  "¡Guaaaaaaaaa.....!", llora el crío en una admirable muestra de contener la respiración en un solo alarido.

Acelero el paso para doblar por el callejón. No quiero reírme en el mismo frente de la casa. Esos no son mis dramas, pero full que no puedo evitarlo. Me ayuda a hacer el resto del camino más llevadero.

Me pregunto si el niño seguirá igual de rebelde para cuando cruce de regreso. Fuera bueno...

domingo, 23 de septiembre de 2012

Urban Sketchers Symposium Santo Domingo 2012: Parte 01 - Los Dibujos




A mediados de este julio pasado, la ciudad de Santo Domingo durante tres días fue la sede del 3er Simposio Internacional de Urban Sketchers. Bajo la iniciativa de Gabriel Campanario desde el principio, en el 2011 fue celebrado en Lisboa, y ahora, dados los certeros y diligentes esfuerzos de la coordinadora del grupo de US aquí, Orling Domínguez, le tocó el honor a esta media isla albergar a decenas de dibujantes urbanos de diversas y lejanas partes del mundo, que armados de lápices, acuarelas y sus siempre listos cuadernos, compartieron de jueves a sábado en la Zona Colonial para asistir a talleres y charlas y, fiel al credo que los motiva, mostrar a Santo Domingo un dibujo a la vez.

La razón por la que este servidor tuvo el privilegio de asistir, fue porque fui receptor de una de las 10 becas que el Simposio otorgaba para participantes nacionales. Un honor para mi el haber estado en un grupo de becados que incluía a sketchers quienes admiro y sigo muchísimo; gente de la talla de Pragmy Marichal, Kenia Brea, Mónica Lapaz y otros que pude conocer esos días. En el blog oficial del Simposio, se publicó la siguiente nota en mayo a propósito de la elección de los becados; no dejen de pasar para ver los trabajos de todos: http://sdq2012.urbansketchers.org/2012/05/congratulations-to-symposium.html

El programa del Simposio, dictado todo en inglés (al ser la gran mayoría extranjeros) iba de la siguiente manera: la duración del mismo era de jueves a sábado; el primer día, charla de bienvenida, y el primer taller o workshop (se podía elegir entre varios). Después del almuerzo, había otra conferencia de una hora, y un nuevo taller en la tarde. Y así hasta el último día, donde la rutina se variaba para que después del almuerzo, todos los participantes se esparcieran alrededor de la zona para lo que se conoce como un SketchCrawl, donde cada cual puede dibujar lo que le parece.

Los workshops que elegí fueron los siguientes:
- Jueves: "Improvising with lines and colors: the urban sketcher as a storyteller", por Inma Serrano y Orling Domínguez (matutino); "Capturing the event", por Thomas Thorspecken (vespertino).
- Viernes: "Challenge through limitations", de Nina Johansson (matutino);'"Panoramas in four steps", por Simonetta Capecchi, y Claudio Patané (vespertino).
- Viernes: "Quick on the draw", por Lynne Chapman (matutino). Y SketchCrawl "pa'l pueblo"en la tarde.

Me parece que los títulos de los talleres se explican por sí mismos. Sólo tengo palabras positivas para la experiencia. Me divertí todo un mundo, compartí y conocí personas increíbles y aprendí cosas que ni siquiera en sueños me hubiesen cruzado por la mente. Quisiera en esta ocasión compartir algunos de los dibujos que se desprendieron de mi cuaderno durante ese fin de semana:

Estos son del primero de los workshops, "Improvising with lines and colors". Me causaba muchísima gracia la escena del papá tratando de tomarle una foto a su hija con las palomas en el Parque Colón, y la pobre niña asustada a morir cuando éstas elevaban vuelo. El del lado, es un señor a la entrada de su tienda, casi mediodía. El negocio andaba como flojo, y él no tenía cara de mejores amigos. Con pocas ventas y mucho calor, yo estuviese de la misma forma.

Un momento de la conferencia vespertina del jueves, "La ciudad vista a través de sus dibujantes". Una iniciativa social que tienen en Caracas de llevar y denunciar las problemáticas de comunidades a través de dibujos que hacen las personas. Y también, por qué no, de dar a conocer los puntos positivos de las mismas. Creativo.

Tratando de dibujar como Thomas Thorspecken, el instructor del workshop "Capturing the event". Todos aquellos que lo conocen, saben su estilo y lo que predica: cero líneas rectas, perspectivas ojo de pescado, ejes radiales, arcos, y esa onda. Yo que soy fanático a veces de mis cosas ortogonales y mis líneas, literalmente me rompió la cabeza durante la primera media hora, aunque debo reconocer que después de ahí se convirtió en una experiencia bastante liberadora. Y divertida, que es importante también.

En el extremo superior, sketch durante el llamado "Drink and Draw" del jueves. Al final del día, todos se juntaban en Quintana Bar, frente al Alcázar de Colón, para, como su nombre lo indica, beber y seguir dibujando. Estos tipos eran realmente entusiastas. El dibujo de abajo es de la charla mañanera del viernes. Thom Thorspecken habla mientras el fundador de Urban Sketchers, Gabi Campanario, escucha a la izquierda, en la sala de conferencias del Centro Cultural de España.

Workshop "Panoramas in four steps". La instructora Simonetta Capecchi me recuerda muchísimo a una de mis profesoras en la facultad de Arquitectura, con ese mismo espíritu y entusiasmo por explicar y comunicar las cosas (los que la conocen sabrán que hablo de la rubia adorable de ojos verdes). Y Claudio Patané es realmente una bestia con un cuaderno en la mano (en el buen sentido). Sus panorámicas y dibujos son de esos que te hacen tirar tu propia libreta a la basura e irte a llorar a la casa, pidiendo por tu mamá. En una palabra, impresionante. Este, el mío, tomó una eternidad para terminarse; todo el mundo en el taller había terminado sus vistas para cuando dieron las seis de la tarde y yo todavía andaba en líneas guías, aunque al menos con todo en su sitio. Unos días después, ya en casa, y sin llorar, he aquí el resultado.

Sketchers reuniéndose después del almuerzo para la charla vespertina del viernes. Todos están de buen humor después de comer y bajo aire acondicionado.

La simpática y talentosa británica Lynne Chapman fue la instructora del workshop del viernes "Quick on the draw". En cierto momento, para un ejercicio, ella pidió que incluyéramos textos en los dibujos, como una manera de integrar al sketch los sonidos del ambiente alrededor nuestro. Mientras estaba en un banco sentado sin saber qué hacer, cruzó el tren turístico de la Coca-Cola con el guía en voz alta al micrófono dando las explicaciones, y eso de inmediato se volvió el tema del dibujo. Más adelante en la tarde, durante el SketchCrawl, me encontraba en el Café El Conde plasmando las mesas y las personas, cuando de repente el mismo tren con su sonido característico y su micrófono de radio AM volvió a pasarme por al lado. Fue increíble y oportuno, y los mismos textos pasaron a formar parte del segundo dibujo, dándole unidad a dos cosas que en principio se daban tan diferentes. Bastante interesante, para mí. Nunca había hecho eso de esa manera.

Más del SketchCrawl. El calor y el sol que caían sobre la Zona no me animaban mucho a pararme de mi lugar en el Café. Así que en un intento de dibujar otra cosa, hice lo que tenía sobre mi mesa. Casi una hora después, cuando el clima fue más propicio, crucé frente a la casa que se ve representada en la parte inferior. Captó mi atención, y aquí está.

Por el momento, éstos son algunas de las cosas que quedaron plasmadas en mi grupo de hojas en blanco. Para una próxima ocasión, subiré ciertas fotos del evento. Espero disfruten.

martes, 11 de septiembre de 2012

De Aniversario


Crédito de imagen: Fuente Externa.

Si esa persona no me lo recuerda, no me hubiese acordado de que hoy estábamos de aniversario. Aunque no es justificable, es fácil perderle la pista un día como éste, en el que todo el mundo está volcado en las redes sociales hablando de las Torres Gemelas, Allende y añejos insultos a Pinochet. Uno medio se desenfoca entre el bombardeo visual de caricaturas en internet, memes, fotos de aviones chocando contra edificios de acero, documentales, canciones de rock clásico y nueva trova, nacionalismo, y un largo demás. Pero sacando de lado todo el obligado y necesario recordatorio que la fecha amerita, enserio que estamos de aniversario hoy. (Sonrisa).

Hace dos años que un 11 de septiembre estábamos en el mismo acto, separados por pocas sillas de distancia, en una lejana ciudad ajena a la nuestra. En un edificio bien cercano al mar. Ibamos a exactamente lo mismo, y escuchábamos el mismo discurso aburrido que todos los presentes estaban locos y ansiosos por que terminara. A notar por las fotos, la cara de la otra persona estaba feliz y radiante, su sonrisa estaba tatuada en su cara; la mía tenía un aburrimiento que no me dejaba disimularlo. Coincidimos bien cerca en muchos momentos claves del (extremadamente) caluroso día, pero nunca nos dirigimos la palabra o la vista. Sabía quién era, pues le había visto en los pasillos de la facultad, de piernas cruzadas y generalmente se ubicaba por el mismo sitio, ahí en la ciudad donde tomábamos las clases. "¡Los de Santiago! Agrúpense ahí para una foto". No salí en la imagen pues me eché para un lado segundos antes de que dispararan. Al día de hoy no estoy claro en si fue estúpido de mi parte o no. Yo sólo quería que la mañana pasara para irme a mi casa. Pero esa persona estaba ahí, y a pesar de que nuestras reacciones ante el evento eran ampliamente diferentes, para nosotros ese día fue importante. Mucho ha pasado después de ahí, y el actualmente hablarle y tenerle en mis horas de vida ha sido de lo más especial, aunque ninguno de nosotros tenía forma de saberlo ese 11 de septiembre.

Así es que, efectivamente, feliz aniversario. Este tiempo ha convertido a esa persona en alguien de real talento y luz. Yo no puedo decir lo mismo de mi pues se oyera arrogante y poco modesto; igual si de verdad sucedió así conmigo, otro es quien tiene que decírmelo. Para el próximo año, si seguimos aquí, espero adelantarme y desear yo primero, pero lo que sí puedo decir es que, así mismo como mucho pasó de esa fecha hasta hoy, lo mejor y más increíble comienza justo desde ahora. Felicidades U.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Música Canina

Aún tal vez con razones para estarlo, no me sentía triste esa mañana cuando me levanté. Era temprano, y el mundo se veía gris a través de los cristales de la ventana; sin embargo, era más el espeso nublado de lluvia que amenazaba a la ciudad esa semana (y lo sucio del cristal), que un mero filtro anímico de pesadumbre personal. Si llovía o no, eso no me afectaría en lo más mínimo (total...). Pero no me podía sacar esa canción de la cabeza; estaba ahí creo incluso hasta antes de despertarme. Hay días en los que cuando Pink Floyd hace su entrada en el subconsciente de las personas, es un poco difícil sacárselo. Experiencia. Por eso tatareaba a cada minuto el estribillo de su "Wish you were here", ése que dice "We're just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year". Ni una razón especial tenía para eso; simplemente para mi es el punto en que la canción toma melódicamente más fuerza, y por consiguiente es más catchy. Y mientras Gilmour en la guitarra hacía gemir sus notas sublimes en mi cabeza, la vida seguía de lo más normal posible. Café, baño, y todas esas demás cosas que la gente hace en rutinaria cadena por la mañana. Seguía cantando la misma línea, cuando le crucé por el lado a mi Blackberry, tirado en la cama (sí...saqué uno...para los que me conocen cómo me refería hacia ellos antes, me cayó el salivazo en la cara). Cual disco rayado en mi cabeza, escribí como status de perfil la gastada estrofa mientras la hacía sonar de nuevo en mi interior. Esta vez un poco más lenta, para que su velocidad se ajustara al tiempo real en que estaba escribiendo por el diminuto teclado del teléfono. Sólo la llegué hasta el "fish bowl". Habiendo terminado, solté el aparato en el mismo sitio que lo encontré, y ahora cantaba el final de la canción en voz alta y con desafine mañanero: "Wish you were heeeere..."

Como a los cinco minutos escucho el característico sonido de cuando alguien te escribe por el celular. "Ey, ¿estás melancólico?", pregunta en un texto mi amiga.  No entiendo la interrogante. ¿Por qué debiera de estarlo? Estoy bien. O eso creo. "Esa canción es muy melancólica. Por algo escribiste esa línea". No puedo evitar una espontánea sonrisa. Siempre es agradable encontrarse con gente que reconoce las líneas de canciones con rapidez, especialmente cuando son puestas en un medio como éste, y sacadas de contexto. Da un sentido de complicidad geek que inicia interminables momentos de interesante conversación. Charlas sobre el efecto que la música tiene en las personas. Y viceversa, también cabría decir.

Todos aquellos con decepciones y malos ratos amorosos saben lo incómodo que es sentirse amargado al reconocer su situación en las letras de una canción. Dice alguien que conozco que cuando uno está en esas, piensa que hasta las líricas del Himno Nacional se refieren en cierta forma a lo que se está atravesando en el momento. Y no se la pongo en duda, ni un poquito. Yo mismo he pasado por ahí (aunque ahora me cause cierta risa de recordarlo). Pero lo bello de la música, y lo gracioso de ella en cierto sentido, es que en eso, es como los buenos perros. Te acompañan y van contigo, y realmente no les importa cómo te sientas pues de cualquier forma estarán ahí para ti. Te ladran su música, imaginas que te mueven la cola, y es como si todo estuviera absolutamente bien. Circunstancias personales actuales bien pudieron hacerme sentir miserable y gastado esa mañana, pero no lo estaba. Al menos no conscientemente. Y una canción que refleja una situación especialmente miserable también (pobre Syd), me tenía extrañamente contento, repitiendo el mismo pedazo de letra. Alguien que esperaba lo contrario, o escuchar historias tristes quedó sorprendida. Gratamente, al menos. Que siempre es mejor que mal sorprendida.

Terminado el acicalaje, tomo el bulto, los audífonos y salgo a la calle. Imaginariamente le puse la cadena a mi perro, y ahora mientras la gente y el concreto siguen su curso, nosotros caminamos juntos. A ritmo. En una palabra: genial.

sábado, 11 de agosto de 2012

Video de la semana: "The Killers - Runaways"

No fue hasta hace par de semanas que me enteré que la banda The Killers tenía un nuevo album en camino. Y estará a la venta mucho más rápido de lo que pensaba (hasta donde me había enterado, los miembros estaban aún "en descanso"): el 18 de septiembre, "Battle Born" hará su aparición en las tiendas, primer disco de este grupo desde "Day and Age" en el 2008. Aquí entre nos, tengo muchos buenos recuerdos de este último material. Fue el primero que escuché de ellos, y algunas de sus canciones me acompañaron en momentos claves de esa época, incluyendo un viaje bieeen largo (fue tan largo que admito escuché el album dos veces corridas...entendieron, me gustó). Hay gente que piensa, y con razón, que los primeros discos de The Killers son los mejores, pero tal vez están obviando el punto de lo que estos tipos han querido hacer: no repetirse, y tratar cosas nuevas. Quizás en esos experimentos algunos resultados quedaron mejores que otros, pero no por eso se debe dejar de reconocérseles el mérito. Hoy les traigo el primer sencillo del nuevo album, llamado "Runaways". Para esta ocasión, la banda se fue en un estilo mucho más retro de lo habitual (y créanme que en ellos eso es ya mucho decir), y para todos aquellos que nacimos y nos recordamos un poco de los ochenta, esto les regalará una dosis de buena y lejana nostalgia:



Y de postre, en estos tiempos en los que hasta a los bautizos de muñecas se les hace trailers promocionales, aquí está el que hicieron para este disco:



Buen provecho.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Jugar al "Dominicano"

Por estar un poco desconectado de noticias locales debido a circunstancias personales, me sorprendió una nota con la que me topé en el periódico esta mañana sobre el hecho de que piensan cambiarle el nombre a la premiación artística más importante de la República Dominicana (y según la anuncian, del Caribe también): los Premios Casandra. Su nombre viene en honor de la sobresaliente artista local Casandra "La Soberana" Damirón. Al parecer, por lo que estuve leyendo, hay un lío entre los hijos de La Soberana con las entidades que manejan la premiación, y los primeros sienten que ya el evento no honra la memoria de su madre en la manera en que originalmente se planteó (cuestiones económicas incluidas), y pidieron que le retiren el nombre y llamen a la premiación de otra manera. Lo que leía hoy, es una entrevista que le hace el Diario Libre al hijo de Casandra, Checheo Rivera. Acá el link por si les interesa leerla:

http://www.diariolibre.com/revista/2012/08/07/i346925_checheo-rivera-que-olviden-del-nombre.html

Realmente la razón por la que escribo esto no es por el mero hecho en sí de la situación de los Premios Casandra (con quienes tengo mis profundas diferencias, más acentuadas en los últimos tiempos), sino porque, durante la entrevista, el señor Rivera da en el blanco absoluto de un hecho del que los dominicanos deben todos declararse culpables (me incluyo), y no puede ejemplificarlo de mejor forma en su conversación. Lo reproduzco, con el objetivo de que esto nos llame a una reflexión honesta como sociedad. O a los que le dé la gana de hacerlo; tampoco es obligado; igual el dominicano no tiene la mayor fama de ente reflexivo, si a eso vamos. En medio de la explicación de las razones de por qué quieren que se retire el nombre de su madre, haciendo la historia del proceso, él dice así:

" (...) El 26 de julio le mandamos una carta al presidente de Acroarte diciéndole, oye hace un mes que terminamos de reunirnos, estuvimos de acuerdo y no hemos dado ningún paso. Lo que pasa es que ellos están jugando al dominicano. ¿Tú sabes lo que es jugar al dominicano? Jugando al que se cansa de reclamar su derecho, y dice, "cónchole déjame dejar eso así ya, me jarté de eso". Pero parece que nosotros no somos dominicanos. Yo di su tiempo a ellos. Les di un mes después de la última reunión (...)"

Todos los dominicanos no podemos decir lo suficiente qué tan cierto es esto. Si tuviésemos pecados capitales como sociedad, la indiferencia estuviera en los primeros lugares. Todo lo dejamos como está, pues como rezamos, "ya nada va a cambiar". Ya lo decía Juan Luis Guerra en el estribillo de una canción: "...a nadie le importa, no". La manera en que acabe el problema de los Premios Casandra, para mí es lo de menos. Pero al "dejemos eso así", debe buscársele la vuelta. De alguna manera.
 
Y para aclarar, con el asunto del nombre, mientras no le pongan "Premios Omega", o adefesios parecidos, de mi parte estará bien.

*Nota: En el mismo Diario Libre hay otra nota biográfica sobre Casandra Damirón y su esposo Luis Rivera. Me atrevo a asegurar que más de la mitad de los que ven los premios con su nombre no tienen la menor idea de quién era ella. Es por esto que les paso el link de la nota, para que se culturicen un poco también y aprendan sobre esta figura ejemplar del arte dominicano:

http://www.diariolibre.com/jose-del-castillo/2012/05/12/i335750_casandra-luis-rivera.html

domingo, 29 de julio de 2012

Diario de los sueños #9: El volver a los jardines que caminaste antes

Crédito de imagen: Fuente Externa.

"¿...Con qué quieres que sueñe hoy?", le preguntaba Karim a la Lupita por el otro lado del teléfono. Sentía él la tentación esta vez, al igual que casi todos los días, de ser el primero de los dos en desearle al otro que soñara con mundos y paisajes fantásticos, albergando las ganas de siempre encontrarse ambos en ellos en el transcurso de la noche. Pero en esta ocasión, quiso que ella le deseara de primero. Por varios segundos, esperó. En la línea no se escuchaba más que los chasquidos característicos de las llamadas de larga distancia, mientras movía inconscientemente su cabeza con el teléfono en el oído tratando en vano de conseguir una mejor señal. Cuando por fin habló, la voz de la Lupita se escuchaba musical, con ese tono lento que le daba el adormecimiento que tenía, volviéndose una sinfónica mezcla de ternura y sensualidad a los oídos de Karim, y que para su beneficio, tanto le agradaba. Conteniendo la respiración, pues casi no la escuchaba bien, él prestó atención. Con detalle saboreó cada descripción que ella daba sobre lo que debía soñar esa noche. Minutos más tarde, se despidieron para disponerse a dormir, y tras poner sus cabezas en sus respectivas almohadas, aún a kilómetros de distancia, se dejaron llevar.

Cuando abrió los ojos, haciendo esfuerzo para enfocar el paisaje que tenía alrededor, Karim se vio a los pies de una escalera de concreto, un poco rota en los bordes. Miró a su derecha para descubrir a menos de un metro una pared de madera pintada en amarillo, que seguía hacia atrás de él en un pasillo techado con zinc, y una mecedora frente a una puerta doble. Cuando vio la soga azul que amarraba la pata izquierda de dicho mueble, Karim sonrió. No necesitaba ubicarse más para saber dónde estaba. Tenía muchos años sin estar en ese sitio, y aunque actualmente ya no existía (hay otra estructura en su lugar), sabía muy bien que en su interior ese lugar siempre estaba en pie, de la misma forma que lo recuerda de la última vez que lo visitó. Se limpió el trasero del pantalón con ambas manos mientras se ponía de pie. Frente a él, quedaba un solo escalón más, y el camino de piedra flanqueado por arbustos de diversos tamaños que se internaba hacia el jardín. De un lado podía ver el alambre de púas del límite de la propiedad, y más allá de él, la falda de la montaña que empezaba a subir queriendo llegar a las nubes. Y sí, todavía tenía el monte las marcas del derrumbe que siempre le afecta. La mancha marrón casi en la cima que interrumpía el panorama verde no daba pie a equivocación; estaba incluso más grande. Cuando Karim puso el primer pie en el camino de piedra, pudo ver la figura de la Lupita salir lentamente de entre los arbustos, con el largo pelo suelto moviéndosele con la brisa, algunas hebras jugueteándole en la cara. Ella le sonreía con esos hoyuelos que se le marcaban en la cara al hacerlo, extendiéndole la mano, y él no pudo resistirse. La tomó, se apretaron los dedos entrecruzados por un segundo y sin mirar atrás se perdieron en la maleza.

"Quiero que sueñes que estamos en ese jardín que tan mágico te encontrabas cuando eras un niño". La voz de la Lupita le sonaba en su cabeza mientras hacía con ella exactamente el mismo recorrido. "Camínalo de nuevo conmigo. Que bajamos por el camino de piedra hasta que se vuelva de tierra, que me muestres el estanque donde se podían ver los peces de colores, que miremos hacia arriba para ver los rayos de luz que se cuelan por entre los árboles, y que quitemos las hojas caídas sobre el banco de hierro del fondo para sentarnos en él. Corramos entre el verde, y trata de alcanzarme; pero si me atrapas, no me dejes ir." Karim podía ver cómo las bocas se movían en señal de conversación, pero el sonido de ésta era opacado por el recuerdo de la voz de la Lupita en off junto con el filtro telefónico describiendo el sueño. Incluso recordaba los mismos chasquidos molestos de la línea. "Nos tiramos en el piso, y tratamos de ver el cielo a través de las hojas, tenemos las caras pegadas, cada uno al revés en dirección contraria. Me volteo para besarte una mejilla". Se oye un silencio a través del auricular. Karim acostado en el piso entrecierra los ojos para ver de forma pixelada la luz entre las copas de los árboles. El olor del pelo de la Lupita le llega con mayor fuerza ahora. En esas se encuentra cuando puede oír su propia voz hablando por el teléfono: "Wow, ése es el sueño más increíble. De estar en él no quisiera levantarme por mucho rato". Ignorando el cosquilleo de las hormigas que le andan por los brazos, Karim sonríe. Es justo donde él está en el momento. Cumplieron su promesa de encontrarse ahí. Ahora tratarán lo mejor que puedan de hacer que dure. "Hey u..." la oye a ella decir desde el piso, pero sólo puede ver sus labios moverse de nuevo mientras la voz del auricular suena de nuevo, "¡me duermo!"

(...)
Al despertarme siento que me duele un poco la cabeza, y eso me hace mover con pesadez. Juraría que estoy loco, pero puedo ver que el techo de mi habitación y las pequeñas marcas de filtraciones que están sobre mí han tomado un color como verdoso. No sé si realmente me desperté o si hay una parte mía que sigue tirando en un jardín perdido fuera de la ciudad, viendo hacia arriba, con alguien increíble al lado. Pero ya es tarde y debo levantarme. Una gigantesca taza de café aclarará mis dudas en los siguientes minutos. O eso de verdad espero.