martes, 11 de septiembre de 2012

De Aniversario


Crédito de imagen: Fuente Externa.

Si esa persona no me lo recuerda, no me hubiese acordado de que hoy estábamos de aniversario. Aunque no es justificable, es fácil perderle la pista un día como éste, en el que todo el mundo está volcado en las redes sociales hablando de las Torres Gemelas, Allende y añejos insultos a Pinochet. Uno medio se desenfoca entre el bombardeo visual de caricaturas en internet, memes, fotos de aviones chocando contra edificios de acero, documentales, canciones de rock clásico y nueva trova, nacionalismo, y un largo demás. Pero sacando de lado todo el obligado y necesario recordatorio que la fecha amerita, enserio que estamos de aniversario hoy. (Sonrisa).

Hace dos años que un 11 de septiembre estábamos en el mismo acto, separados por pocas sillas de distancia, en una lejana ciudad ajena a la nuestra. En un edificio bien cercano al mar. Ibamos a exactamente lo mismo, y escuchábamos el mismo discurso aburrido que todos los presentes estaban locos y ansiosos por que terminara. A notar por las fotos, la cara de la otra persona estaba feliz y radiante, su sonrisa estaba tatuada en su cara; la mía tenía un aburrimiento que no me dejaba disimularlo. Coincidimos bien cerca en muchos momentos claves del (extremadamente) caluroso día, pero nunca nos dirigimos la palabra o la vista. Sabía quién era, pues le había visto en los pasillos de la facultad, de piernas cruzadas y generalmente se ubicaba por el mismo sitio, ahí en la ciudad donde tomábamos las clases. "¡Los de Santiago! Agrúpense ahí para una foto". No salí en la imagen pues me eché para un lado segundos antes de que dispararan. Al día de hoy no estoy claro en si fue estúpido de mi parte o no. Yo sólo quería que la mañana pasara para irme a mi casa. Pero esa persona estaba ahí, y a pesar de que nuestras reacciones ante el evento eran ampliamente diferentes, para nosotros ese día fue importante. Mucho ha pasado después de ahí, y el actualmente hablarle y tenerle en mis horas de vida ha sido de lo más especial, aunque ninguno de nosotros tenía forma de saberlo ese 11 de septiembre.

Así es que, efectivamente, feliz aniversario. Este tiempo ha convertido a esa persona en alguien de real talento y luz. Yo no puedo decir lo mismo de mi pues se oyera arrogante y poco modesto; igual si de verdad sucedió así conmigo, otro es quien tiene que decírmelo. Para el próximo año, si seguimos aquí, espero adelantarme y desear yo primero, pero lo que sí puedo decir es que, así mismo como mucho pasó de esa fecha hasta hoy, lo mejor y más increíble comienza justo desde ahora. Felicidades U.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Música Canina

Aún tal vez con razones para estarlo, no me sentía triste esa mañana cuando me levanté. Era temprano, y el mundo se veía gris a través de los cristales de la ventana; sin embargo, era más el espeso nublado de lluvia que amenazaba a la ciudad esa semana (y lo sucio del cristal), que un mero filtro anímico de pesadumbre personal. Si llovía o no, eso no me afectaría en lo más mínimo (total...). Pero no me podía sacar esa canción de la cabeza; estaba ahí creo incluso hasta antes de despertarme. Hay días en los que cuando Pink Floyd hace su entrada en el subconsciente de las personas, es un poco difícil sacárselo. Experiencia. Por eso tatareaba a cada minuto el estribillo de su "Wish you were here", ése que dice "We're just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year". Ni una razón especial tenía para eso; simplemente para mi es el punto en que la canción toma melódicamente más fuerza, y por consiguiente es más catchy. Y mientras Gilmour en la guitarra hacía gemir sus notas sublimes en mi cabeza, la vida seguía de lo más normal posible. Café, baño, y todas esas demás cosas que la gente hace en rutinaria cadena por la mañana. Seguía cantando la misma línea, cuando le crucé por el lado a mi Blackberry, tirado en la cama (sí...saqué uno...para los que me conocen cómo me refería hacia ellos antes, me cayó el salivazo en la cara). Cual disco rayado en mi cabeza, escribí como status de perfil la gastada estrofa mientras la hacía sonar de nuevo en mi interior. Esta vez un poco más lenta, para que su velocidad se ajustara al tiempo real en que estaba escribiendo por el diminuto teclado del teléfono. Sólo la llegué hasta el "fish bowl". Habiendo terminado, solté el aparato en el mismo sitio que lo encontré, y ahora cantaba el final de la canción en voz alta y con desafine mañanero: "Wish you were heeeere..."

Como a los cinco minutos escucho el característico sonido de cuando alguien te escribe por el celular. "Ey, ¿estás melancólico?", pregunta en un texto mi amiga.  No entiendo la interrogante. ¿Por qué debiera de estarlo? Estoy bien. O eso creo. "Esa canción es muy melancólica. Por algo escribiste esa línea". No puedo evitar una espontánea sonrisa. Siempre es agradable encontrarse con gente que reconoce las líneas de canciones con rapidez, especialmente cuando son puestas en un medio como éste, y sacadas de contexto. Da un sentido de complicidad geek que inicia interminables momentos de interesante conversación. Charlas sobre el efecto que la música tiene en las personas. Y viceversa, también cabría decir.

Todos aquellos con decepciones y malos ratos amorosos saben lo incómodo que es sentirse amargado al reconocer su situación en las letras de una canción. Dice alguien que conozco que cuando uno está en esas, piensa que hasta las líricas del Himno Nacional se refieren en cierta forma a lo que se está atravesando en el momento. Y no se la pongo en duda, ni un poquito. Yo mismo he pasado por ahí (aunque ahora me cause cierta risa de recordarlo). Pero lo bello de la música, y lo gracioso de ella en cierto sentido, es que en eso, es como los buenos perros. Te acompañan y van contigo, y realmente no les importa cómo te sientas pues de cualquier forma estarán ahí para ti. Te ladran su música, imaginas que te mueven la cola, y es como si todo estuviera absolutamente bien. Circunstancias personales actuales bien pudieron hacerme sentir miserable y gastado esa mañana, pero no lo estaba. Al menos no conscientemente. Y una canción que refleja una situación especialmente miserable también (pobre Syd), me tenía extrañamente contento, repitiendo el mismo pedazo de letra. Alguien que esperaba lo contrario, o escuchar historias tristes quedó sorprendida. Gratamente, al menos. Que siempre es mejor que mal sorprendida.

Terminado el acicalaje, tomo el bulto, los audífonos y salgo a la calle. Imaginariamente le puse la cadena a mi perro, y ahora mientras la gente y el concreto siguen su curso, nosotros caminamos juntos. A ritmo. En una palabra: genial.

sábado, 11 de agosto de 2012

Video de la semana: "The Killers - Runaways"

No fue hasta hace par de semanas que me enteré que la banda The Killers tenía un nuevo album en camino. Y estará a la venta mucho más rápido de lo que pensaba (hasta donde me había enterado, los miembros estaban aún "en descanso"): el 18 de septiembre, "Battle Born" hará su aparición en las tiendas, primer disco de este grupo desde "Day and Age" en el 2008. Aquí entre nos, tengo muchos buenos recuerdos de este último material. Fue el primero que escuché de ellos, y algunas de sus canciones me acompañaron en momentos claves de esa época, incluyendo un viaje bieeen largo (fue tan largo que admito escuché el album dos veces corridas...entendieron, me gustó). Hay gente que piensa, y con razón, que los primeros discos de The Killers son los mejores, pero tal vez están obviando el punto de lo que estos tipos han querido hacer: no repetirse, y tratar cosas nuevas. Quizás en esos experimentos algunos resultados quedaron mejores que otros, pero no por eso se debe dejar de reconocérseles el mérito. Hoy les traigo el primer sencillo del nuevo album, llamado "Runaways". Para esta ocasión, la banda se fue en un estilo mucho más retro de lo habitual (y créanme que en ellos eso es ya mucho decir), y para todos aquellos que nacimos y nos recordamos un poco de los ochenta, esto les regalará una dosis de buena y lejana nostalgia:



Y de postre, en estos tiempos en los que hasta a los bautizos de muñecas se les hace trailers promocionales, aquí está el que hicieron para este disco:



Buen provecho.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Jugar al "Dominicano"

Por estar un poco desconectado de noticias locales debido a circunstancias personales, me sorprendió una nota con la que me topé en el periódico esta mañana sobre el hecho de que piensan cambiarle el nombre a la premiación artística más importante de la República Dominicana (y según la anuncian, del Caribe también): los Premios Casandra. Su nombre viene en honor de la sobresaliente artista local Casandra "La Soberana" Damirón. Al parecer, por lo que estuve leyendo, hay un lío entre los hijos de La Soberana con las entidades que manejan la premiación, y los primeros sienten que ya el evento no honra la memoria de su madre en la manera en que originalmente se planteó (cuestiones económicas incluidas), y pidieron que le retiren el nombre y llamen a la premiación de otra manera. Lo que leía hoy, es una entrevista que le hace el Diario Libre al hijo de Casandra, Checheo Rivera. Acá el link por si les interesa leerla:

http://www.diariolibre.com/revista/2012/08/07/i346925_checheo-rivera-que-olviden-del-nombre.html

Realmente la razón por la que escribo esto no es por el mero hecho en sí de la situación de los Premios Casandra (con quienes tengo mis profundas diferencias, más acentuadas en los últimos tiempos), sino porque, durante la entrevista, el señor Rivera da en el blanco absoluto de un hecho del que los dominicanos deben todos declararse culpables (me incluyo), y no puede ejemplificarlo de mejor forma en su conversación. Lo reproduzco, con el objetivo de que esto nos llame a una reflexión honesta como sociedad. O a los que le dé la gana de hacerlo; tampoco es obligado; igual el dominicano no tiene la mayor fama de ente reflexivo, si a eso vamos. En medio de la explicación de las razones de por qué quieren que se retire el nombre de su madre, haciendo la historia del proceso, él dice así:

" (...) El 26 de julio le mandamos una carta al presidente de Acroarte diciéndole, oye hace un mes que terminamos de reunirnos, estuvimos de acuerdo y no hemos dado ningún paso. Lo que pasa es que ellos están jugando al dominicano. ¿Tú sabes lo que es jugar al dominicano? Jugando al que se cansa de reclamar su derecho, y dice, "cónchole déjame dejar eso así ya, me jarté de eso". Pero parece que nosotros no somos dominicanos. Yo di su tiempo a ellos. Les di un mes después de la última reunión (...)"

Todos los dominicanos no podemos decir lo suficiente qué tan cierto es esto. Si tuviésemos pecados capitales como sociedad, la indiferencia estuviera en los primeros lugares. Todo lo dejamos como está, pues como rezamos, "ya nada va a cambiar". Ya lo decía Juan Luis Guerra en el estribillo de una canción: "...a nadie le importa, no". La manera en que acabe el problema de los Premios Casandra, para mí es lo de menos. Pero al "dejemos eso así", debe buscársele la vuelta. De alguna manera.
 
Y para aclarar, con el asunto del nombre, mientras no le pongan "Premios Omega", o adefesios parecidos, de mi parte estará bien.

*Nota: En el mismo Diario Libre hay otra nota biográfica sobre Casandra Damirón y su esposo Luis Rivera. Me atrevo a asegurar que más de la mitad de los que ven los premios con su nombre no tienen la menor idea de quién era ella. Es por esto que les paso el link de la nota, para que se culturicen un poco también y aprendan sobre esta figura ejemplar del arte dominicano:

http://www.diariolibre.com/jose-del-castillo/2012/05/12/i335750_casandra-luis-rivera.html

domingo, 29 de julio de 2012

Diario de los sueños #9: El volver a los jardines que caminaste antes

Crédito de imagen: Fuente Externa.

"¿...Con qué quieres que sueñe hoy?", le preguntaba Karim a la Lupita por el otro lado del teléfono. Sentía él la tentación esta vez, al igual que casi todos los días, de ser el primero de los dos en desearle al otro que soñara con mundos y paisajes fantásticos, albergando las ganas de siempre encontrarse ambos en ellos en el transcurso de la noche. Pero en esta ocasión, quiso que ella le deseara de primero. Por varios segundos, esperó. En la línea no se escuchaba más que los chasquidos característicos de las llamadas de larga distancia, mientras movía inconscientemente su cabeza con el teléfono en el oído tratando en vano de conseguir una mejor señal. Cuando por fin habló, la voz de la Lupita se escuchaba musical, con ese tono lento que le daba el adormecimiento que tenía, volviéndose una sinfónica mezcla de ternura y sensualidad a los oídos de Karim, y que para su beneficio, tanto le agradaba. Conteniendo la respiración, pues casi no la escuchaba bien, él prestó atención. Con detalle saboreó cada descripción que ella daba sobre lo que debía soñar esa noche. Minutos más tarde, se despidieron para disponerse a dormir, y tras poner sus cabezas en sus respectivas almohadas, aún a kilómetros de distancia, se dejaron llevar.

Cuando abrió los ojos, haciendo esfuerzo para enfocar el paisaje que tenía alrededor, Karim se vio a los pies de una escalera de concreto, un poco rota en los bordes. Miró a su derecha para descubrir a menos de un metro una pared de madera pintada en amarillo, que seguía hacia atrás de él en un pasillo techado con zinc, y una mecedora frente a una puerta doble. Cuando vio la soga azul que amarraba la pata izquierda de dicho mueble, Karim sonrió. No necesitaba ubicarse más para saber dónde estaba. Tenía muchos años sin estar en ese sitio, y aunque actualmente ya no existía (hay otra estructura en su lugar), sabía muy bien que en su interior ese lugar siempre estaba en pie, de la misma forma que lo recuerda de la última vez que lo visitó. Se limpió el trasero del pantalón con ambas manos mientras se ponía de pie. Frente a él, quedaba un solo escalón más, y el camino de piedra flanqueado por arbustos de diversos tamaños que se internaba hacia el jardín. De un lado podía ver el alambre de púas del límite de la propiedad, y más allá de él, la falda de la montaña que empezaba a subir queriendo llegar a las nubes. Y sí, todavía tenía el monte las marcas del derrumbe que siempre le afecta. La mancha marrón casi en la cima que interrumpía el panorama verde no daba pie a equivocación; estaba incluso más grande. Cuando Karim puso el primer pie en el camino de piedra, pudo ver la figura de la Lupita salir lentamente de entre los arbustos, con el largo pelo suelto moviéndosele con la brisa, algunas hebras jugueteándole en la cara. Ella le sonreía con esos hoyuelos que se le marcaban en la cara al hacerlo, extendiéndole la mano, y él no pudo resistirse. La tomó, se apretaron los dedos entrecruzados por un segundo y sin mirar atrás se perdieron en la maleza.

"Quiero que sueñes que estamos en ese jardín que tan mágico te encontrabas cuando eras un niño". La voz de la Lupita le sonaba en su cabeza mientras hacía con ella exactamente el mismo recorrido. "Camínalo de nuevo conmigo. Que bajamos por el camino de piedra hasta que se vuelva de tierra, que me muestres el estanque donde se podían ver los peces de colores, que miremos hacia arriba para ver los rayos de luz que se cuelan por entre los árboles, y que quitemos las hojas caídas sobre el banco de hierro del fondo para sentarnos en él. Corramos entre el verde, y trata de alcanzarme; pero si me atrapas, no me dejes ir." Karim podía ver cómo las bocas se movían en señal de conversación, pero el sonido de ésta era opacado por el recuerdo de la voz de la Lupita en off junto con el filtro telefónico describiendo el sueño. Incluso recordaba los mismos chasquidos molestos de la línea. "Nos tiramos en el piso, y tratamos de ver el cielo a través de las hojas, tenemos las caras pegadas, cada uno al revés en dirección contraria. Me volteo para besarte una mejilla". Se oye un silencio a través del auricular. Karim acostado en el piso entrecierra los ojos para ver de forma pixelada la luz entre las copas de los árboles. El olor del pelo de la Lupita le llega con mayor fuerza ahora. En esas se encuentra cuando puede oír su propia voz hablando por el teléfono: "Wow, ése es el sueño más increíble. De estar en él no quisiera levantarme por mucho rato". Ignorando el cosquilleo de las hormigas que le andan por los brazos, Karim sonríe. Es justo donde él está en el momento. Cumplieron su promesa de encontrarse ahí. Ahora tratarán lo mejor que puedan de hacer que dure. "Hey u..." la oye a ella decir desde el piso, pero sólo puede ver sus labios moverse de nuevo mientras la voz del auricular suena de nuevo, "¡me duermo!"

(...)
Al despertarme siento que me duele un poco la cabeza, y eso me hace mover con pesadez. Juraría que estoy loco, pero puedo ver que el techo de mi habitación y las pequeñas marcas de filtraciones que están sobre mí han tomado un color como verdoso. No sé si realmente me desperté o si hay una parte mía que sigue tirando en un jardín perdido fuera de la ciudad, viendo hacia arriba, con alguien increíble al lado. Pero ya es tarde y debo levantarme. Una gigantesca taza de café aclarará mis dudas en los siguientes minutos. O eso de verdad espero.

sábado, 28 de julio de 2012

Video de la semana: "The Rolling Stones - Gimme Shelter / Satisfaction"



Desde siempre, soy más fan de los Beatles que de los Rolling Stones, pero en estos últimos tiempos he comenzado a escuchar mucho material de estos últimos. En principio más por cultura general, aunque debo reconocer que después de cogerles el hilo, los Stones son verdaderamente buenísimos. Pocos grupos pueden darse el lujo de seguir en el ruedo durante 50 años y seguir con la misma vitalidad que su edad les permite. Por supuesto nadie dice que ellos hoy en día son relevantes en el panorama musical actual, pero cuando uno está en onda de rock and roll bueno y puro, ellos no se equivocan en eso. Como no podía decidirme sobre cuál video poner, cedí a la tentación de colgar los dos que más me gustan de los que he visto en estos días. El primero es de la canción "Gimme Shelter", del album "Let it bleed" de 1969. Están en un programa de televisión, donde obviamente la música es pre-grabada y se ven a los instrumentistas haciendo mímicas (y donde no quieren enfocar mucho a Keith Richards por lo borracho que estaba), pero Mick Jagger va cantando realmente en vivo, y está en fuego con eso. Dicen algunos entendidos que "Gimme Shelter" es la mejor grabación de la historia del rock, y aunque eso es ampliamente discutible (tiene muchísima competencia si es así), es increíble el hecho de cómo captura en su duración un espíritu y una época: Vietnam, contracultura, resaca frente al ideal de "paz y amor", la reputación peligrosa de la banda, y unas letras con tinte, por no decir otra cosa, apocalíptico. Para 1969 y con los Beatles ya en ruta de salida, el rock and roll no se ponía mejor de ahí. *Nota: Pausen en el minuto 03:22 para que vean qué t-shirt tan épico lleva el baterista Charlie Watts. Quiero uno de esos.



En el segundo video, damos un salto a épocas más recientes. Era el 2007, y los Stones celebraban un concierto íntimo en Nueva York (íntimo considerando la parafernalia que siempre arrastran en sus espectáculos, y el tamaño de los sitios donde se celebran), para el documental "Shine a Light", filmado por nada menos que Martin Scorsese. Si no lo han visto, no pierdan el tiempo y háganlo de una vez. El tiempo les ha caído encima y en sus caras se les ve que los excesos de su carrera les van pasando factura. Pero nada de eso importa cuando conectan las guitarras, marcan ritmo y dejan que la música hable por sí sola. Quedé impresionado por esta presentación. No hay mucho a estas alturas que uno pueda agregarle a "Satisfaction". Es un clásico, y todo el mundo lo conoce. Pero esta versión a mi juicio es increíble. Si en "Gimme Shelter" las letras son las apocalípticas, en este video es como si para ellos el mundo se les fuera a terminar al día siguiente de este concierto. Lo dan todo. No me sorprendería si me entero que hubo que ponerles tanques de oxígeno por seis horas a todos luego que se bajaron del escenario (el mismo Richards se ve tirado al final como pensando "...por favor que ésta la última de hoy ya"). En esta actuación estos tipos ponen a pasar verguenza a bandas con más de la mitad de los años de edad que ellos, y eso es ya de por sí mucho decir.

Disfruten entonces. Tomando prestado el título de un famoso concierto documental que grabaron hace unos años, "Ladies and Gentlemen: The Rolling Stones".

martes, 17 de julio de 2012

El doble filo de los consejos

Crédito de imagen: Fuente Externa.

 En una de esos tantas clases de Diseño mientras cursaba la carrera de Arquitectura en la universidad, un día me vi completamente seco de ideas faltando sólo una semana para la entrega final del proyecto. Aunque esos "bloqueos creativos" me pasaban con frecuencia, en esta ocasión ya me estaba preocupando. Y mucho. Dentro de ocho días era la presentación, y todavía no terminaba de definir elementos importantes de la fachada y morfología del edificio. Me estaba cagando del miedo. Tenía todas las herramientas ahí, pero no daba con una solución que me hiciera sentir satisfecho. Casi rendido, en un acto de desesperación recurrí al último recurso que sentía me quedaba.

Saqué el teléfono y pulsé el número de un arquitecto amigo, ya graduado hace mucho tiempo, que además era profesor, y a quien además respetaba bastante. Sentía era la única persona en quien podía confiar en esos momentos para una solución rápida. "Man, tienes que meterme la mano en esto. No sé qué hacer". "Descuida", respondió con voz tranquilizadora, "verás que eso se resuelve esta misma noche".

Efectivamente, veinte minutos pasadas las ocho de la noche, hizo su aparición el arquitecto estrella. Llegó dramáticamente, como si la sala de mi casa fuera un escenario teatral. Caminaba despacio hacia donde la luz de la lápara del techo pudiese iluminarlo mejor, y miraba hacia los lados con la cabeza ligeramente levantada, como si todo le llamara la atención, pero de una manera vagamente desinteresada. Llegó hasta la mesa del comedor, donde tenía yo las hojas de los dibujos del proyecto y una maqueta de estudio a medio terminar. "¿Este es?" preguntó.

Para alguien de su experiencia y talento, no era necesario explicarle mucho. Cinco minutos de mi parte para decirle lo básico que trataba de hacer fue suficiente para despertar en él sus instintos de cirujano de proyectos. Sin levantar la vista de la maqueta, extendió la mano con rapidez. "¡Cuchilla!" pidió "¡Y pegamento!" A su lado, como el enfermero asistente, yo lo miraba sorprendido de la manera en que trabajaba directamente sobre el modelo, cortando elementos de un lugar para darles una forma distinta con la cuchilla y pegarlos en otro, creando espacios y formas completamente nuevas, que de ninguna manera se me hubiesen a mí ocurrido. "Y mira qué genial si tú haces esto aquí....Y ruedas esto para lograr algo allá..." Y más sorprendido estaba yo por lo mucho que me estaba gustando lo que él iba haciendo. Cuando terminó, 20 minutos después, este servidor tenía una sonrisa en los labios. Mi proyecto estaba resuelto. Y se veía bastante bien. "Haz eso" dijo él "y verás qué bien te va a ir". Y con la misma pomposidad teatral con la que llegó, se retiró y se fue. Casi veía yo un telón imaginario que se cerraba ante mis ojos cuando atravesó la puerta de salida. Hasta ganas de aplaudir me dieron.

Cuando llegó el día de la entrega, entré al curso orgulloso, sosteniendo mi recién terminada maqueta en una mano. Estaba feliz, había hecho todos los cambios que me habían sugerido y pensaba que de verdad tenía un buen trabajo. Vi las miradas de mis demás compañeros mientras me dirigía a colocar mi proyecto en una mesa, y algunos se acercaban curiosos. "Woww...qué bien está eso...Rompiste....Genial...Qué envidia...". Les respondía inclinando la cabeza en (falsa) señal de modestia. "Gracias...tan amables....para nada...". En medio de las felicitaciones, el profesor hizo su aparición en el aula. Mi turno de presentación fue de los últimos, y veía proyectos caer y despedazarse ante las críticas de peso del maestro. Yo por dentro sólo sonreía. "Mi edificio cambiará todo eso", pensaba, "deja que él lo vea". Y me cruzaba de brazos.

En mi turno, todas las miradas se concentraron en la mesa en la que tenía mi maqueta y los dibujos alrededor. El profesor se acercó, y antes de yo siquiera poder decir nada, espetó, con rapidez: "¿Y qué fue lo que hiciste aquí? Estaba muchísimo mejor como lo tenías antes". Sólo me sale un confuso "¿...ehh?" "Siii" continuó, "estas modificaciones que le hiciste ahora rompen con toda la estética de ese edificio. No van con nada de lo que hay ahí". No puedo creerlo. Junto conmigo, el resto de la clase tampoco. "Si le seguías trabajando la línea que llevabas, te sacabas una A. Por esto que hiciste ahora y que no le veo ningún sentido, te pondré una B". Y acto seguido, escribió la calificación en su registro de calificaciones. "Próximo...", siguió mientras levantaba la cabeza y caminaba a otra mesa.

What.The.Hell. Como si me hiciera falta aprenderlo, pero ese día me reconfirmó que las opiniones y consejos pueden ser sumamente subjetivos, más aún en un campo como éste. A final de cuentas, nunca supe quién fue el que en realidad estaba en lo correcto, si el profesor o el arquitecto amigo y junto con él (y conmigo) el resto de la clase que coincidía en que de verdad los nuevos arreglos habían quedado magistrales. Tal vez meterse en discusión con eso hubiese sido una pérdida de tiempo (es cuento viejo de que los profesores tienen la razón en todo, especialmente los de Arquitectura). Pero no me molesta tampoco. Lo solté ese mismo día. Y aún hoy sigo confiando más en el amigo. No sé por qué, supongo todavía admiro su teatralidad y su ágil sentido del espacio. En muchos casos, esas cualidades son hábiles captadoras de confianza (inserto risa). Debo tomar nota. Necesito aprender más de eso.